Para algunas personas, los lunares son elementos que decoran la piel, sobre todo si están estratégicamente ubicados en el cuerpo, para otras, constituyen motivo de gran preocupación debido a la posibilidad que evolucionen y se transformen en tumoraciones cancerosas. Desde luego, casi todos los seres humanos tenemos lunares: unos nacen con ellos, otros los van adquiriendo a lo largo de la vida.

El hecho es que para muchas personas, esas manchas en la piel, que pueden presentarse en todo el cuerpo, se vuelve algo obsesionante… no saben qué significan, ni si deben eliminarlas o no. Pero el gran peligro de los lunares es que algunos pueden tener origen canceroso. Afortunadamente, existen varios métodos muy simples mediante los que podemos detectar cuáles de esos lunares tienen posibilidades de convertirse en tumoraciones malignas, y cuáles no.

Ante todo se debe mencionar que los lunares aparecen en la piel debido a un crecimiento celular. Las células que elaboran el pigmento que da color a la piel (la melanina, los melanocitos y sus productos) comienzan a alargarse y a crear la típica mancha que todos conocemos como lunar.

Estos lunares pueden ser de distinta forma y tamaño, y sus tonalidades varían desde un marrón claro hasta el negro intenso. Lo importante es saber cuándo un lunar puede indicarnos una situación de malignidad y qué cambios (entre los que puedan producirse en ellos) son normales o no.

Lunares inofensivos:

Los lunares comunes (que surgen primeramente de una manera plana en la piel, y que después continúan creciendo hasta que desaparecen, internándose en la profundidad de la dermis) no tienen por qué preocupar. Tampoco debe prestársele mucha atención a esos lunares que hemos tenido en la piel y que parecen permanecer inalterables, acompañándonos durante toda la vida. Igualmente, no preocuparse si el lunar va formando un abultamiento progresivo, el cual se debe a que las células tienden a expandirse hacia la superficie de la piel.

Lunares peligrosos:

Sin embargo, hay ciertos cambios en los lunares que se deben considerar como anormales y ser vigilados muy de cerca, puesto que pueden indicarnos la presencia de formación de un melanoma maligno, un tipo de cáncer de piel que a pesar de ser grave en sus estados más avanzados, se puede curar totalmente siempre que sea detectado a tiempo.

Lunares displásticos:

Los lunares que más debemos observar y los que más preocupan a los dermatólogos, son los llamados lunares displásticos. Este tipo de lunares (a diferencia de los otros lunares comunes) presenta áreas planas y abultadas en su superficie, bordes muy bien delineados o bordes irregulares, o ambos, a veces hasta con variedad de colores.

Muchos son grandes (algunos tienen dos centímetros de diámetro o más) y se encuentran en lugares que normalmente no están expuestos al sol, como son los senos de las mujeres, el área alrededor de los genitales y los glúteos. Si se observa algunos de estos lunares en esas regiones estratégicas del cuerpo ( o en otras), pero con características similares, se debe acudir al médico para someterse a un reconocimiento general.

Lunares vellosos:

Algunos de los lunares pueden presentar vellosidades. Si este fuera el caso, es sumamente importante que la persona no intente eliminarlos, sino que acuda al dermatólogo para que sea él quien lo cauterice (mediante un procedimiento totalmente indoloro). Si un lunar específico le desagrada, puede tratar de ocultarlo con una capa de maquillaje. Desde luego, si el rechazo hacia el mismo es grande, con extirpárselo resuelve la situación. Eso sí, jamás intente eliminarlos con una navaja, ni trate de deshacerse de ellos por medio de método que no haya sido convenientemente indicado por el especialista.

Bebés con lunares:

Muchísimos niños nacen con los llamados nevos congénitos, que son lunares de cualquier tamaño, generalmente localizados en la parte posterior del cuerpo, son planos y de un color violáceo que con los meses van desapareciendo casi totalmente.

Efecto de los rayos UV:

Ciertos lunares inofensivos pueden ofrecer un peligro potencial si exponemos nuestra piel a los rayos ultravioletas del sol (sobre todo después de las primeras horas de la mañana) o a lámparas especiales de luz solar artificial.

Un dato importante:

Casi todas las personas que deben estar expuestas al sol constantemente, y cuya piel es más bien trigueña, por lo general nunca sufren los efectos dañinos de los rayos solares sobre los lunares, aunque por supuesto la piel se reseca en ellos y aparecen entonces resquebrajaduras, arrugas y otras señales de envejecimiento prematuro. El peor peligro que ofrecen los rayos ultravioletas en verdad para aquellos individuos que toman el sol ocasionalmente, y sobre todo los que tienen una piel muy blanca y tienden a enrojecerse rápidamente al estar expuestos a los mismos.

Sugerencias para evitar riesgos:

Evite exponerse a lámparas de luz solar artificial. Pueden ser muy dañinas para la salud en general.

No se exponga nunca al sol sin la protección adecuada (cremas bloqueadoras, con un índice de protección alto, no menos de 15 SPF., mucho menos entre las 10 a.m. y las 2 p.m.

Extírpese los lunares que el especialista considere peligrosos; por lo general podrá hacerse el propio consultorio del dermatólogo. El procedimiento es muy sencillo y no causa dolor alguno.

Nevos congénitos:

Muchísimos niños nacen con este tipo de lunares, que pueden ser de variados tamaños. Antes de decidir efectivamente si deben ser o no eliminados, es importante consultar con un especialista.

Para el examen de un lunar muchos dermatólogos se siguen por las letras ABCD, donde:

A- Aspecto: uniforme (sin irregularidades).
B- Bordes: regulares, sin entrantes ni salientes.
C- Color: de un solo color sin matices contrastantes.
D- Diámetro: no más de 6 milímetros de diámetro.

Señales que podrían ser preocupantes:

• Alteración en el borde del lunar.
• Aumento desproporcionado y rápido en tamaño (el lunar aumenta su nivel con respecto a la piel).
• Sensación nueva en la zona alrededor del lunar (escozor, cosquilleo o inclusive dolor).
• Apariencia de estar enfermizos (supurando o sangrando).
• Si se observa algunos de estos síntomas en uno de esos lunares se debe acudir al dermatólogo. Por lo general, éste los remueve (una operación muy sencilla), enviando después al laboratorio para que se le analice y determine si son benignos o de origen canceroso.

Dr. Avilio Méndez Flores