La falta de información pública respecto a las graves consecuencias derivadas del consumo del tabaco supuso una importante ventaja para la industria tabaquera, ya que, al no existir en la sociedad ningún elemento crítico que alertara a la opinión pública sobre la magnitud del problema, pudo expandir su mercado durante varias décadas. Pero la ignorancia de un tema que afecta a miles de personas no puede durar eternamente.

Ya no es posible negar sus efectos nocivos para la salud humana, tras las evidencias aportadas por treinta años de investigación independiente en todo el mundo, que identifican el consumo del tabaco como la principal causa aislada de enfermedad y muerte prematura.

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco es el responsable directo del 90% de la mortalidad por cáncer de pulmón, tráquea y bronquios; del 75% de los fallecimientos debidos a bronquitis, enfisema y asma, y del 30% de los infartos de miocardio que se registran en los países desarrollados.

Prácticamente la totalidad del consumo actual se realiza mediante la inhalación de la combustión de los productos del tabaco. En el extremo del cigarrillo que se está quemando se alcanzan temperaturas próximas a los 1.000ºC, lo que transforma numerosos componentes originales y genera complejas reacciones químicas, que dificultan la identificación completa de todas las sustancias que existen o se generan en el acto de fumar.

Hasta ahora se han reconocido cerca de 5.000 elementos químicos, tanto en la fase gaseosa como en la sólida o de partículas del humo del tabaco. La composición de la corriente principal que aspira el fumador difiere notablemente de la secundaria que se escapa del cigarrillo al ambiente.

El tabaquismo en una de las peores epidemias de la humanidad, que sin embargo, sigue promoviéndose legalmente a pesar de las consecuencias letales para los asiduos al hábito mortal.

Dr. Avilio Méndez Flores

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