Hay personas que, debido a un exceso de peso que han mostrado por años, cuando inexplicablemente comienzan a perder los kilos de exceso acumulados en su cuerpo, se sienten complacidos, sin importarles qué factores pueden estar ocasionando esa reducción, ya que no están observando ningún tipo de dieta.

En muchas situaciones, la perdida de peso puede deberse a una etapa temporal de sus vidas (provocada por diferentes factores); pero en otras, puede ser provocada por una enfermedad que se halla en desarrollo y que puede llegar a afectar seriamente la salud de la persona, si la misma no se atiende debidamente y a tiempo.

Si usted es como la mayoría de las personas que se preocupan por no aumentar de peso, seguramente estará de acuerdo en que es una verdadera bendición que los días pasen sin sentir hambre, ya que de esta manera no se ve movido por la compulsión de ingerir alimentos a toda hora para satisfacer un apetito que tal parece que no puede ser controlado. Ahora bien, cuando la falta de apetito de un día se prolonga por una semana o más, y de repente usted se da cuenta de que ha comenzado a perder peso, no hay duda de que llegará a preocuparse y empezará a dudar acerca de lo que puede estar ocurriendo en su organismo. Porque esa pérdida de peso inesperada, involuntaria, en la que la persona adelgaza sin proponérselo, debe ser siempre motivo de preocupación y una inmediata visita al médico.

Todos los seres humanos atravesamos determinadas etapas en nuestras vidas en las que la aguja de la balanza baja rápidamente, porque estamos perdiendo peso, por ejemplo, durante situaciones de crisis emocionales, o cuando sufrimos alguna enfermedad, o si experimentamos demasiada tensión en el trabajo. Son situaciones que nos llevan a ingerir menos alimentos, porque el estrés que estamos experimentando nos neutraliza el apetito habitual.

Si sufrimos un fracaso sentimental (o, por el contrario, si iniciamos un nuevo romance), por lo general perdemos los deseos de comer; lo mismo ocurre si perdemos a un familiar o a un amigo querido. Son situaciones que nos sacan de nuestra rutina, y que hacen que la comida deje de ser una de nuestras prioridades.

Pero también se nos va el apetito si pescamos un resfriado y los síntomas son intensos. Sin embargo, la mayoría de las personas no entiende por qué un trauma emocional resulta devastador para el apetito ni qué podemos hacer para recuperarlo si atravesamos situaciones de este tipo.

Y en muchos casos, la pérdida de peso se prolonga, la persona se va volviendo cada vez más delgada, y su salud llega a verse afectada. Porque es importante que estemos conscientes que tanto la obesidad (debido a los excesos al comer) como la delgadez pronunciada (por falta de alimentos) son extremos de una misma condición, igualmente nociva para la salud.

En la actualidad, de acuerdo con los nuevos conceptos de la Nutrición se considera que; una persona está demasiado delgada (como para que comience a preocuparse por su salud) cuando se halla a un 10% por debajo del peso ideal; es decir, lo que debe pesar normalmente de acuerdo con su edad, estatura y su condición física.

Por ejemplo, un médico posiblemente investigue por qué una persona de 25 años, de constitución física de mediana a grande, y que mide 1,65 m. de estatura, tiene un peso que fluctúa alrededor de los 55 kilos.
También resulta motivo de preocupación para el profesional de salud el hecho de que una persona de 1,65 m. de estatura, con una constitución mediana, de repente (sin estar a dieta) baje de su peso habitual de 60 kilos a 52 kilos.

Por supuesto, esta reducción de 8 kilos en el peso habitual no quiere decir que la persona en cuestión esté demasiado delgada ni que se halle enferma pero si es un indicio de que ha habido un cambio en el equilibrio de energía del organismo y que, por lo tanto, es necesario investigar las causas que lo han provocado. Es evidente que si una persona adelgaza de repente, ello se debe, por lo general, a que sus hábitos alimenticios han variado en alguna forma, y que no está comiendo como lo hacía antes debido a factores emocionales, o por alguna enfermedad; es decir, no está alimentándose lo suficiente para la energía que consume. Porque es preciso estar conscientes de que aunque muchas veces hallamos escuchado la manida frase de que “hay personas que por mucho que coman no engordan”, la realidad es que todos los alimentos que ingerimos nos engordan, y los excesos inmediatamente se evidencian en nuestro cuerpo en forma de kilos, por muy acelerado que sea nuestro metabolismo y por mucha actividad física que realicemos.

Dr. Avilio Méndez Flores