Sinónimo: Bromhidrosis.

Hay dos clases diferentes de secreción de las glándulas sudoríparas: Las Glándulas Ecrinas que se encuentran en todo el cuerpo, predominando en frente, palmas de las manos y plantas de los pies. Produce secreción con características fluida. Y las Glándulas Apocrinas que se desarrollan en la pubertad y están localizadas en axilas y zonas púbicas.

El sudor de las glándulas apocrinas es menos fluido que el de las glándulas ecrinas. Si bien este sudor es inodoro, cuando se mezcla con las bacterias en la superficie de la piel puede causar un fuerte olor corporal. Esto es debido a la descomposición del sudor por medio de bacterias, las cuales lo degradan.

Además de la secreción excesiva, un indeseable e intenso olor puede estar presente y convertirse en una carga muy fuerte para las personas afectadas, lo cual hace que empeore la situación.

Dentro del contexto de hiperhidrosis, esta forma de enfermedad representa un subgrupo, que con respecto a la misma es de mayor padecimiento. El término Bromhidrosis significa transpiración olorosa (de bromos: hedor e hidros: líquido).

La bromhidrosis apocrina nunca ocurre antes de la pubertad porque las glándulas responsables no son activas. También es menos probable en las personas ancianas. El sudor apocrino es estéril e inodoro cuando aparece por primera vez en la superficie de la piel. Sin embargo, antes de una hora la bacteria degrada el color hasta el punto en que el clásico olor acre es detectable. Los ácidos grasos y el amoniaco son los principales productos odoríferos de esta descomposición bacteriana. Por lo tanto puede detectarse una gama de olores: olor a humedad, rancio, fecal, agrio y dulce, reflejando por supuesto las diferencias en la composición química de la transpiración axilar de cada persona. El pelo y la ropa también proporcionan lugares de retención del sudor oloroso lo cual contribuye mucho al problema de producción de olor.

Las glándulas apocrinas no tienen una importancia fisiológica conocida en la vida moderna, ya que su papel de “glándulas productoras de aromas” se perdió hace mucho tiempo en nuestro pasado evolutivo, desgraciadamente hay varios trastornos dermatológicos característicos en las que estas glándulas están implicadas. El control del olor penetrante del sudor apocrino es considerado como un problema importante por la mayor parte de la sociedad moderna. Tan sólo los norteamericanos gastan más de 800 millones de dólares anuales en la compra de desodorantes y antitranspirantes axilares.

La cera de los oídos y el sudor producidos por la glándula apocrina son los únicos productos naturales del cuerpo que cuando son descompuestos por bacteria producen el olor apocrino clásico. Nada puede ser sustituido por el sudor apocrino y producir el mismo olor: ni sebo, pelo, sudor ordinario (ecrino), escamas de keratina ni ninguna combinación de éstos. En realidad, este olor puede ser tan penetrante y prominente que a pesar de que su origen esté en la axila solamente se le ha dado la designación común de “olor corporal”.
La bromhidrosis ocurre en todas las razas aunque hay variaciones en su frecuencia. Las glándulas apocrinas de personas de ascendencia africana son las mayores y las más activas. Los asiáticos tienen las glándulas más pequeñas y menos activas. Más allá de esto, las variaciones en la frecuencia de la bromhidrosis no se han explicado. Hay diferencias individuales en la composición del sudor apocrino pero todavía no se han realizado estudios para determinar los factores causales. Los hábitos de higiene (o la falta de los mismos) probablemente explique por qué el problema es más frecuente en los hombres.

Sin embargo, nada tiene que ver la edad, el sexo, la raza o la higiene que la persona tenga, ya que no es algo constitucional, sino que se debe a la acción de la flora bacteriana de la piel, que en los afectados de Bromhidrosis es mucho mayor de lo normal.

Es bastante común y puede comenzar en el inicio de la pubertad, cuando los niños de ocho años en adelante comienzan a tener olor axilar, aunque puede darse también en cualquier momento de la vida. También influye la alimentación, ya que en personas orientales o que ingieren comida con gran cantidad de condimentos se puede alterar el sudor.

Para controlar el olor es necesario mantener minuciosamente limpia la zona afectada; de este modo se eliminan los microorganismos responsables del olor. El baño diario con un jabón líquido que contenga clorhexidina u otro antiséptico y la aplicación de un preparado de clorhidróxido de aluminio (presente en la mayoría de los desodorantes comerciales) son eficaces contra el olor; puede ser útil el afeitado del pelo de las axilas. Algunas personas pueden necesitar cremas antibacterianas o lociones con antibióticos (como clindamicina o eritromicina) para eliminar el olor.

Dr. Avilio Méndez Flores