Definición:

El síndrome de dificultad respiratoria neonatal o síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido, antes llamado enfermedad de las membranas hialinas, es un síndrome en los bebés prematuros causado por la insuficiencia en la producción de surfactante.

Frecuencia:

Se presenta aproximadamente en el 5 a 10 % de los niños nacidos antes del término del embarazo, siendo más frecuente a mayor prematuridad.

Riesgos:

Diabetes gestacional, prematuridad, asfixia prenatal, multigesta.

Patogenia:

La enfermedad es producida por falta o déficit de surfactante, que es una sustancia producida en forma natural por los pulmones maduros, y cuya función es evitar el colapso del pulmón, permitiendo que se insufle con mayor facilidad.

Los pulmones secretan un material llamado surfactante, que ayuda a evitar el colapso de los alveolos cuando se quedan sin aire al final de la espiración (como lo hace una bolsa de plástico al apretarla).
El surfactante es un complejo sistema de lípidos, proteínas y glicoproteínas que se producen en las células pulmonares especializadas llamadas Neumocitos tipo II.

La capa de surfactante reduce la tensión superficial del líquido que recubre el espacio aéreo.
La tensión superficial es responsable de aproximadamente 2 / 3 de las fuerzas de retroceso elástico.
De la misma manera que una burbuja se contrae para dar la menor superficie posible para un volumen dado al aire, la superficie del líquido tiende a ser lo más pequeña posible.

Al reducir la tensión superficial, el surfactante impide que el aire de los espacios colapse durante la espiración.

Síntomas:

Se aprecia un recién nacido prematuro con respiración dificultosa a los pocos minutos de nacer, con taquipnea (frecuencia respiratoria alta), retracción de musculatura torácica, taquicardia, cianosis (coloración azulada de piel y mucosas), aleteo nasal y quejido al respirar.

A medida que la enfermedad progresa, el bebé puede desarrollar insuficiencia respiratoria, ya sea Tipo I o II, acidosis e hipoglucemia.

Diagnóstico:


Exámenes de gases en sangre arterial y radiografías de tórax ayudan a la confirmación del diagnóstico.

Tratamiento:

Los niños que desarrollan este trastorno requieren cuidados especiales y monitorización en una UCI neonatal. A los recién nacidos que presenten síntomas moderados se les administra oxígeno a presión positiva continua en la vía aérea, mientras que aquellos con sintomatología más severa requerirán conexión a un ventilador artificial, el que ayuda la respiración del niño durante el período de mayor gravedad. Junto con esto, se les administra surfactante artificial a través de un tubo endotraqueal, el que disminuye el colapso pulmonar característico de estos pacientes.

Se debe tener mucho cuidado ya que los sistemas fisiológicos no están bien desarrollados, especialmente la vasculatura cerebral, lo que resulta en una alta sensibilidad a pequeños cambios en el pH, PaO2 y PaCO2.

Pronóstico:

Pese a que el pronóstico de estos niños ha mejorado luego de la introducción del cuidado intensivo neonatal y de terapias específicas, el síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido sigue siendo una de las principales causas de mortalidad neonatal. En el largo plazo, los sobrevivientes pueden desarrollar complicaciones como consecuencia de la toxicidad del oxígeno y de las altas presiones de ventilación mecánica y, en general, tienen mayor frecuencia de enfermedades respiratorias durante los primeros años de vida.

Prevención:

Debido a que esta enfermedad se presenta principalmente en niños prematuros, la mejor y más efectiva medida es la prevención del parto antes de término. Para ello, el control adecuado del embarazo se hace fundamental.
En aquellas madres en que ya no es posible frenar un parto prematuro, la administración de corticoides, al menos 24 horas antes del parto, ha demostrado ser una terapia efectiva en la prevención de este trastorno, puesto que ayuda a la maduración del pulmón fetal.

Dr. Avilio Méndez Flores