Somos lo que comemos!

Los alimentos preparados de manera natural contienen las sustancias nutritivas necesarias y se ha reconocido el valor que éstas tienen para mantener la salud e, incluso, para prevenir la aparición de signos clínicos de algunas enfermedades. Sin embargo, resulta difícil para la población adquirir una cultura apropiada de alimentación. En los últimos años el gran incremento del sedentarismo y la tendencia a consumir alimentos altamente procesados, ricos en grasas y azúcares; además del mal vínculo establecido entre lo que significa comer saludable y su relación con el buen sabor o la degustación placentera, ha generado evidentes consecuencias en el incremento de las tasas de obesidad y todos los problemas que se derivan de la misma.

Se suele disfrutar de un domingo de parrilla en la que prevalece el consumo de comidas altas en grasas saturadas (que aumentan el riesgo de arteriosclerosis) y la abundante ingestión de alcohol.
Igualmente, una reunión infantil es sinónimo del disfrute de tequeños, perro calientes, helados, refrescos, por citar algunos ejemplos.

Las particularidades de las dietas, según los patrones culturales, hacen evidentes sus efectos en los índices de sobrepeso y obesidad del país en observación. La prevalencia de obesidad en Venezuela, según datos de estudios realizados en el año 2003, era alrededor del 32% de la población. En Venezuela, los hábitos de alimentación tienen una tendencia similar a la población norteamericana, con una alta ingesta de comidas rápidas muy altas en grasas saturadas contenidas en alimentos como el queso, mayonesa, helados; grasas trans en las frituras, dulces, donnuts y carbohidratos de alto índice glicémico como los del pan, papas fritas y refrescos.

El sobrepeso y la obesidad se definen como un aumento de la cantidad de grasa corporal que frecuentemente se acompaña de un incremento de peso.

La grasa corporal normalmente representa el 25% del peso en el hombre y 30% del peso en la mujer; y está ubicada principalmente en dos sitios: 1- debajo de la piel (grasa subcutánea) y 2- en el abdomen y el tórax, rodeando las vísceras lo cual se conoce como grasa visceral o abdómino-torácica.

Ahora bien, la medida de la grasa abdominal es muy importante porque se ha comprobado la estrecha relación que existe entre los factores de riesgo cardiovascular y la obesidad abdominal, es decir, cuando la cintura es mayor de 90 cm. en hombres y más de 80 cm. en mujeres.

Esto no es problema de estética pues esa prominencia en el abdomen no viene sola, es decir, está acompañada generalmente con la presencia de otras condiciones que incrementan el riesgo cardiometabólico. Este término se refiere a la mayor o menor posibilidad que tiene una persona de desarrollar enfermedad cardiovascular y/o diabetes mellitus. Las condiciones asociadas a la obesidad abdominal que aumentan el riesgo cardiometabólico son los triglicéridos altos; la disminución del colesterol HDL –llamado bueno porque es el transportador que lleva al colesterol de las arterias hacia el hígado donde se elimina-; la presión arterial elevada y la glucemia elevada.

Dr. Avilio Méndez Flores