Pueden deberse a múltiples causas. Si se acompaña de vómitos las primeras 24 horas y fiebre, y las deposiciones son sólo líquidas, estamos en presencia de una gastroenteritis cuya causa es viral, y es la más frecuente en el lactante, con una duración limitada, que no va más allá de 1 semana; pero que en el transcurso puede presentarse deshidratación importante, por lo que se puede tornar peligrosa. Las debidas a indigestiones agudas no suelen sobrepasar las 24 horas, pueden acompañarse de vómitos y no suele haber fiebre.

Los parásitos pueden producir diarrea porque sean muy agresivos como la amiba histolítica. En las infecciones intestinales bacterianas, las deposiciones suelen ser purulentas, acompañadas de fiebre intensa y toque al estado general.

Aparte de lo ya mencionado, el signo más temible es la deshidratación o pérdida excesiva de líquidos del propio organismo, lo cual pone en grave peligro al paciente. Como dijimos anteriormente la deshidratación aguda puede llevar a una situación grave de todos los órganos del cuerpo, en especial del riñón; el cual puede entrar en insuficiencia severa, o si la deshidratación se mantiene puede ocasionar infección de las vías urinarias, siendo esto, a su vez, la causa de que el proceso diarreico continúe.

Como la gran mayoría de las diarreas en el lactante son debidas a virus que no son susceptibles de tratamiento específico y además, su duración suele ser no más allá de 4 días, la mayor atención debe concentrarse en la prevención y control de la deshidratación; para lo cual el suministro de líquidos debe mantenerse y tratar de no interrumpir la alimentación habitual, en particular la alimentación materna; por otra parte, se debe comenzar a dar el suero oral o cualquier producto comercial que corresponda. Se procede a ofrecerlo a temperatura natural y al gusto del niño o por pequeñas tomas según la tolerancia, teniendo en cuenta un detalle muy importante, si el niño con diarrea no lo acepta es porque aun no está deshidratado o después de haberlo dado logró hidratarse. Obligarlo es inducirlo nuevamente al vómito, entonces se continuará con agua y otras bebidas, evitando las gaseosas o energéticas.

Con los antidiarreicos se ha demostrado que no son útiles como se creía. Los antiespasmódicos en el lactante comporta riesgos de intoxicación y los antibióticos se usarán cuando se compruebe que la causa o complicación es bacteriana.

Dr. Avilio Méndez Flores