El alcohol predispone a la piel, y al organismo en general, a una acumulación de toxinas y produce en ella una gran cantidad de impurezas. Los rostros de las personas que han sucumbido al alcohol y que se han hecho adictas suelen ser demacrados y evidentemente envejecidos.

Cuando una persona se hace alcohólica y desarrolla daño hepático, su piel se hace opaca y de un color pálido y amarillento.

El envejecimiento que se presenta en las personas que consumen alcohol se acelera cuando esa ingesta se acompaña de trasnochos, exposición al humo del tabaco y, lógicamente, a las llamadas drogas duras.

El alcohol, al igual que el tabaco, genera envejecimiento prematuro de la piel, porque disminuye la actividad del sistema circulatorio, requerida para la adecuada irrigación y nutrición de los tejidos.

Especialistas en el cuidado de la piel recomiendan limitar el consumo de las bebidas alcohólicas y preferir una copita diaria de vino tinto, que contiene resveratrol, un potente antioxidante.

Adicionalmente se sabe que el consumo de alcohol afecta la fortaleza de los huesos pues produce una descalcificación y predispone entonces a los bebedores a sufrir una osteoporosis prematura con sus consecuentes riesgos de sufrir fracturas con pocas posibilidades de recuperación.

Específicamente, la ingesta crónica de alcohol deprime la actividad osteoblástica y se asocia con alteraciones del metabolismo del calcio, fósforo y magnesio, además de alterar la síntesis de la vitamina D.

Dr. Avilio Méndez Flores