Al hacer un cambio de hábitos en lo que comemos seguramente no se nos ha ocurrido consultar a un nutricionista, ni hemos pensado en cómo suplir las proteínas y vitaminas que aporta la carne, sólo pensamos en que estar gordos no es sano y cambiamos nuestra alimentación; si por ésta razón nos convertimos en vegetarianos, podemos estar escondiendo detrás de ese repentino apego por los vegetales, un trastorno alimentario llamado ortorexia (una manía de comer sólo alimentos “sanos”), y puede convertirse también en una forma de anorexia.

Algunas personas empiezan a preocuparse por su salud sólo por moda, y entonces se preocupan de una manera obsesiva porque la carne contiene toxinas, hormonas, colesterol, y por los daños que esto provocará. Empiezan generalmente por no comer carne de cerdo, luego la de res y finalmente la de pollo, hasta casi convertirse en vegetarianos o sólo consumir leche y huevos.

Esto puede convertirse en un problema grave, ya que no se trata de vegetarianos por convicción o porque sus creencias religiosas así se lo exigen, y se arriesgan a sufrir una deficiencia proteínica y de vitaminas muy fuerte.

En esos casos es común encontrar deficiencia de vitaminas del complejo B que puede ocasionar problemas de anemia, caída de cabello, debilidad y al hacer ejercicio no se fortalezcan músculos.

Las personas con una baja autoestima y una mala comunicación con la familia, son más propensas a sufrir éste tipo de trastornos.

La idea de que comer carne no es saludable, que el cerdo mata y el pollo es tóxico, fomenta decisiones que no tienen ningún fundamento y que nos llevan a comer sólo cereales, verduras, frutas y estar convencidos de que con legumbres o leguminosas puede substituirse todo lo demás y eso no es verdad.

La alimentación variada, moderada y en los horarios convenientes, es la mejor conducta.

Dr. Avilio Méndez Flores

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