Consideraciones generales:

Cuando hablamos de cáncer o neoplasia nos referimos a una enfermedad que se origina por la proliferación desordenada de un grupo de células que se multiplican en forma autónoma sin regulación ni freno suficiente por los mecanismos fisiológicos, genéticos, bioquímicos o inmunológicos que normalmente nos defienden.

Este crecimiento celular desorganizado puede hacer que esas células tumorales se diferencien de aquellas que le dieron origen (anaplasia) y, además, pueden desarrollar la capacidad de diseminarse y crecer en otras partes del cuerpo (metástasis).

Causas:

Se han logrado avances importantes en la comprensión del por qué se origina el cáncer. Se sabe que la herencia, la edad, el sexo, la raza, aspectos geográficos y factores ambientales o adquiridos juegan papel resaltante. El más importante de estos últimos es el hábito de fumar.

Está completamente demostrado que el tabaco es el principal cancerígeno.

Otros factores son la radiación, la exposición a sustancias químicas industriales, al asbesto, así como las dietas ricas en grasas. También los virus están relacionados con el cáncer. Por ejemplo, se asocia cierto tipo de VPH con el cáncer de cuello uterino, el virus de la hepatitis B y el hepatocarcinoma, el virus de Epstein Barr y el linfoma de Burkitt, entre otros. Posiblemente una tercera parte de la población, si logra alcanzar su expectativa de vida, va a desarrollar algún tipo de cáncer.

Por fortuna, la mayoría de esos cánceres son susceptibles de ser prevenidos o diagnosticados y tratados a tiempo, y más del 50% podría curarse.

Medidas tan simples como dejar de fumar, realizarse una citología vaginal al año, una alimentación más sana o una consulta médica oportuna son de gran importancia preventiva.

En Venezuela este tipo de neoplasias linfáticas son más frecuentes en las edades comprendidas entre 20 y 40 años. Los linfomas se originan por la proliferación tumoral de las células de los ganglios linfáticos.

Clasificación:

Hay varias formas de clasificar los linfomas, de acuerdo con sus características inmunológicas, por su estadio clínico (extensión corporal), por sus características histopatológicas y malignidad.

Las dos principales formas de linfoma son linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodgkin. Por su comportamiento clínico y pronóstico se puede afirmar que son dos enfermedades diferentes. Se calcula que se producen por una pérdida en la regulación inmunológica.

El linfoma de Hodgkin es un cáncer caracterizado por el agrandamiento progresivo de los ganglios linfáticos, el bazo y el hígado, y por anemia progresiva.

El linfoma No Hodgkin son tumores de los ganglios linfáticos periféricos, el timo o los órganos abdominales, como los intestinos, aunque pueden presentarse en otros sitios.

Síntomas:

A diferencia del linfoma de Hodgkin que produce fiebre, pérdida de peso y sudoración nocturna, los linfomas no Hodgkin no suelen presentar esos síntomas. Estos se originan especialmente de las células B, tienden a ser menos localizados y a extenderse a sitios extraganglionares, como hígado, bazo, hueso, piel. Tienen probabilidades de curación que la enfermedad de Hodgkin. En pocas ocasiones el linfoma afecta al hueso, lo debilita, por lo que si ocurre en la columna vertebral, puede alterar raíces nerviosas o la médula espinal. En muchos casos el hallazgo clínico predominante es la presencia de ganglios linfáticos palpables, de consistencia aumentada y no dolorosa.

Diagnóstico:

El diagnóstico positivo se hace por biopsia ganglionar. Radiografía pulmonar, tomografía computarizada, biopsia de médula ósea, entre otras.

Tratamiento:

En la etapa más temprana (estadio I) de la enfermedad de Hodgkin el tratamiento radioterápico puede ser exitoso en 91% de los casos. En linfoma no Hodgkin en estadio I, la radio-quimioterapia logra resultados óptimos en 60 a 80% de los casos.

Dr. Avilio Méndez Flores