La suciedad es una consecuencia del juego, mecanismo de aprendizaje por excelencia en los niños. Por ello, es mejor relegar los cánones estéticos ante la necesidad de los infantes por conocer su entorno.

Es común que los niños pequeños se diviertan con la tierra de las plantas o jueguen con la comida y luego se limpien en la ropa. El hecho puede impacientar a los padres, sin duda, pero bien vale la pena reflexionar en por qué ocurren así las cosas, antes de regañar a sus hijos.

En edades tempranas el ser humano busca conocer su entorno antes que las normas de etiqueta social, así que la mugre es acompañante de andanzas y juegos, consecuencia del aprendizaje.

Limpiar a los niños en sus juegos sólo por cumplir con estrictas normas de limpieza y conducta puede entorpecer su desarrollo. Lo mejor es dar cierto margen de libertad para que puedan investigar y descubrir a sus anchas. Por ello, es mejor vestir a los pequeños con ropa holgada y resistente cuando visiten un parque por ejemplo, ya que tal inquietud los llevará recorrer el sitio con todos sus sentidos.

Más vale un momento de suciedad que un niño triste.

Sin embargo, esta solución no siempre es viable en fiestas y reuniones sociales en las que se deben cumplir algunas normas. Lo más recomendable, será, entonces, llevar una muda de repuesto.

En resumen, aunque la limpieza es un valor que las madres defienden a ultranza en la crianza de los niños, se sabe que dejarlos ensuciarse de vez en cuando puede ser beneficioso para su salud. Los juegos en el piso y al aire libre fortalecen su sistema inmunológico de manera natural.

Dr. Avilio Méndez Flores

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