Es cierto que la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, provocada por el consumo de cigarrillos, daña gradualmente el tejido que permite respirar y vivir. Pero no es menos cierto que si la persona deja de fumar, puede detener la progresión de este mal. El daño permanece, pero el avance cesa y permite que la medicación sea más eficaz.

La afección va minando durante décadas, los bronquios se hacen más estrechos, pasa menos aire, se destruyen los alvéolos pulmonares y el tránsito de sangre se vuelve más difícil. Tos, expectoración, falta de aire y ahogo permanente son algunos de sus síntomas.

El tratamiento, puede ser farmacológico o no. El primero requiere el uso de broncodilatadores. El segundo, incluye la rehabilitación pulmonar, oxigenoterapia y la cirugía (transplante de pulmón).

La enfermedad no suele ser bien diagnosticada porque los pacientes no admiten que tienen problemas, y los médicos son tolerantes con los fumadores. Tampoco es tratada, lo que implica cifras elevadas de morbilidad y mortalidad.

Dr. Avilio Méndez Flores

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