Una de las principales características distintivas de los mamíferos es su dependencia (en las primeras etapas de la vida) de la leche de su propia especie. Dependencia tal, que en caso de que una cría no pueda ser amamantada, o bien ella es adoptada por otro miembro del grupo, es posible que muera. Es decir, existe una fuerte selección natural para que los mamíferos que sobreviven y tienen la capacidad de reproducirse comprendan instintivamente que la leche y la vida se encuentran íntimamente relacionadas.

Mientras que otros alimentos se originan en la capacidad de adaptación de las especies a su hábitat, la leche acompaña a los animales más evolucionados de la escala zoológica para asegurarles la mejor nutrición posible en las primeras etapas de la vida.

Desde un punto de vista nutricional, la leche es un alimento que promueve el óptimo crecimiento temprano de las especies, preservándolas de las posibles inclemencias del hábitat. Es decir, que la leche es de por sí suficiente para asegurar todos los nutrientes necesarios para sostener la elevada velocidad de crecimiento que caracteriza a las primeras etapas de la vida.

No existe un momento en el que se crezca a mayor velocidad que durante la etapa intrauterina. En este período de rápida replicación celular es necesario brindar una alimentación adecuada no solo en cantidad, sino también en calidad. Es decir, que cada una de las trillones de células que se están formando en esta etapa cuente con todo el calcio, magnesio, selenio, yodo, lisina, piridoxina, etc., etc., que son necesarios para construir las organelas celulares, las células, los tejidos y finalmente los órganos. En la primera etapa del crecimiento, la placenta asegura esta provisión de nutrientes, junto con el oxígeno y la eliminación de sustancias de desecho.

Pero, a partir del nacimiento, y por un período variable en cada especie, la velocidad de crecimiento (y en consecuencia las necesidades de nutrientes) continúan elevadas durante la vida postnatal y mientras que pulmones y riñones asumen algunas de las funciones de la placenta la función nutricional pasa a ser una responsabilidad de la lactancia. Por esta razón, la leche es una fuente tan rica de nutrientes y de muchas otras sustancias que acompañan el crecimiento y desarrollo tempranos.

Una vez iniciado el destete, las especies obtienen su alimento del hábitat y las hembras se preparan para transformar esos nutrientes en un alimento perfecto que continuará la tarea placentaria en un ciclo sin fin.

La leche, un alimento de alta calidad nutricional; este conjunto nutricional preparado por la naturaleza contiene no solo proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales de muy alta biodisponibilidad sino que muchas otras sustancias de las que hoy comenzamos a contar con evidencias de sus efectos sobre la salud.

El ácido butírico así como los esfingolípidos en la reducción del cáncer de colon, polipéptidos y proteínas de la leche en disminuir el riesgo de hipertensión, el ácido linoléico conjugado en la función inmunitaria y el riesgo de ciertas formas de cáncer, el ácido esteárico en el control de los lípidos sanguíneos, la fermentación con prebióticos en la absorción de lactosa, de otros nutrientes, la mejoría de la inmunidad y la disminución de ciertas enfermedades infecciosas.

Comienza a emerger un cúmulo de evidencias acerca del papel del calcio en el control del peso corporal, la prevención de la resistencia periférica a la insulina, la hipertensión arterial y de la toxemia gravídica. Es interesante resaltar que el efecto del calcio aportado por los lácteos alcanza a duplicar al farmacológico. Más allá de su mejor biodisponibilidad, es la presencia de otros compuestos biológicamente activos los que explicarían esta mejor eficacia.

Dr. Avilio Méndez Flores