Definición:

Se llaman aguas termales a las aguas minerales que salen del suelo con más de 5°C que la temperatura superficial.

Estas aguas proceden de capas subterráneas de la Tierra que se encuentran a mayor temperatura, las cuales son ricas en diferentes componentes minerales y permiten su utilización en la terapéutica como baños, inhalaciones, irrigaciones, y calefacción. Por lo general se encuentran a lo largo de líneas de fallas ya que a lo largo del plano de falla pueden introducirse las aguas subterráneas que se calientan al llegar a cierta profundidad y suben después en forma de vapor (que puede condensarse al llegar a la superficie, formando un géiser) o de agua caliente.

Reseña histórica:

Según cuentan antiguas leyendas, las propiedades medicinales de las aguas termales fueron descubiertas por animales como los osos, ciervos y jabalíes, además de aves como cisnes, grullas y garzas, que solían visitar los manantiales termales para curar sus patas o las alas heridas. Es así como los humanos aprendieron a apreciar los “dones” de este regalo de la naturaleza, pues en épocas remotas no había medicamentos apropiados para atender las diferentes enfermedades.

Aunque se estima que el hombre primitivo de la edad de piedra, ya conocía de las propiedades beneficiosas a la salud de las aguas minerales, se considera que los primeros balnearios de aguas mineromedicinales que se conocen datan de hace 2000 a.C. Se han encontrado evidencias de esa época de la existencia en la ciudad india de Mojenjo-Daro y en la ciudad de Epidauros, en la Antigua Grecia. También han aparecido instalaciones en la isla griega de Creta (entre 1700 y 1400 a.C.) y en la ciudad egipcia de Tel el-Amarna (1360 a.C.).

Entre los griegos, la mayoría de los centros médicos disponían de manantiales que facilitaban las técnicas hidroterapéuticas Entre ellos se destacaron los de Peloponeso, Cos, Pérgamo, Cnido, Rodas, etc. La medicina de la época logró alcanzar un gran desarrollo, estaban inspiradas en Asclepio, el dios griego de la medicina. Por aquella época ya se le confería propiedades terapéuticas al agua mineromedicinal, pero en forma similar a como lo llevaban a cabo los pueblos primitivos.

Las termas originales sólo disponían de agua fría y se aplicaba en tinas para baño. A finales del siglo V a.C. se empiezan a construir complejas instalaciones independientes. En Grecia y en Roma los baños se convertían en complejos rituales y se acompañaban de ejercicios y masajes.

Las termas romanas más antiguas que se conservan hasta hoy son las de Stabiano en la ciudad de Pompeya. Fueron construidas en el siglo II a.C.. El agua que abastecía las termas, en ocasiones se traía desde fuentes lejanas. Además, por aquella época se crearon en Roma muchas termas públicas, las cuales tenían una función social y política. Durante la dominación romana, se expandieron por Europa sus hábitos y normas, incluyendo las termas, con lo cual se difundió la práctica de las curas balnearias.

La iglesia cristiana, por su parte, daba más prioridad a la limpieza espiritual que a la limpieza corporal y consideraba las termas romanas como un lugar de perversión. Durante toda la etapa medieval se hizo poco uso de las aguas mineromedicinales, incluso escaseaba el abasto de agua y las cañerías y fue habitual el poco aseo personal. En Escandinavia, donde el cristianismo tardó en imponerse, cada casa contaba con una instalación denominada sauna, donde se aplicaban primero baños de agua templada y luego de agua helada.

Con la invasión de los árabes al sur de Europa, se reintegraron los baños públicos y las curas termales. Todas las ciudades importantes dispusieron al menos de un baño público. Entre estos se destaca El Baño Real de la Alambra en Granada.

Después de la reconquista de España por los reyes católicos y la expulsión de los musulmanes del territorio ibérico, se volvió a restringir las prácticas de las curas balnearias, relacionándose esas costumbres con actos herejes, moriscos y judeoconversos

En Constantinopla, durante el imperio bizantino, se mantuvieron las costumbres romanas, las cuales perduraron y se reforzaron durante el dominio turco.

Las Cruzadas dieron también un florecimiento a las curas termales. Las aguas mineromedicinales fueron utilizadas para la cura de los heridos y combatir las enfermedades contraídas en Oriente.

El Renacimiento, que surge a partir del siglo XV, no trajo avances significativos en el campo de la balneoterapia, a pesar de los adelantos significativos que significó para la Medicina en general. Sin embargo, los nuevos descubrimientos geográficos pusieron de manifiesto el uso de las aguas termales por parte de los pobladores del Nuevo Mundo.

En los siglos VIII y XIX se produce una recuperación de la cultura clásica y se generaliza la costumbre del uso del agua termal y de los baños en general como una de las medidas higiénicas. Sin embargo, debido al hacinamiento de las personas en las grandes ciudades europeas, en el siglo XIX se produjo un brote de cólera, se puso de manifiesto la necesidad de construir baños privado y públicos como medida de higiene.

Actualmente la Hidrología Médica como rama de la Terapéutica, se ha nutrido de los avances de la ciencia y se apoya en otras disciplinas, tales como las Ciencias Naturales, la Química, la Física, la Fisiología, la Farmacia, etc. Hoy se conoce la composición química de las aguas, sus orígenes, sus funciones en el organismo, etc. Sin embargo, a pesar de que las curas termales han perdido en empirismo de antaño, las curas hidrotermales no ocupan hoy el lugar privilegiado que ocupaban en otras épocas, lo cual es debido al desarrollo de la Medicina en su conjunto, especialmente de la Cirugía y la terapéutica medicamentosa.

Recién en 1986 las aguas termales se declararon como una herramienta alternativa para gozar de buena salud física y mental. Así surgió una nueva disciplina, la hidrología médica –parte de las ciencias naturales que trata de las aguas-, aceptada como medicina complementaria por la Organización Mundial de la Salud.

Características físicas de las aguas termales:

Existen dos tipos de aguas termales de acuerdo a su origen geológico, las magmáticas y las telúricas. El tipo de terreno del que aparecen es una de las principales diferencias entre ambas las aguas magmáticas nacen de filones metálicos o eruptivos, mientras que las telúricas pueden aparecer en cualquier lugar.

La temperatura de las aguas magmáticas es más elevada que la de la telúrica. La primera tiene por lo general temperaturas mayores a los 50º C, mientras que las de origen telúrico pocas veces lo hacen. Por otro lado, gracias a que las aguas telúricas son filtradas, estas poseen menor cantidad de mineralización que las magmáticas. Los elementos más comúnmente encontrados en las aguas magmáticas son arsénico, boro, bromo, cobre, fósforo y nitrógeno. Las aguas telúricas tienen por lo general bicarbonatos, cloruros, sales de calcio y otros.

Una característica importante de las aguas termales es que se encuentran ionizadas. Existen dos tipos de iones, los positivos y los negativos. Contrario a su nombre, los positivos no le traen beneficios al cuerpo humano, y por el contrario, son irritantes. En cambio, los iones negativos tienen la capacidad de relajar el cuerpo. Las aguas termales se encuentran cargadas con iones negativos.

Clasificación de las aguas de acuerdo a su temperatura:

• Aguas Hipertermales Más de 45º C
• Aguas Meso termales o calientes De 35 º a 45º C
• Aguas Hipotermales o poco frías De 21 º a 35 º C
• Aguas frías Menos de 20 º C

Composición mineral:

• Aguas ferruginosas: presentan fundamentalmente hierro en su composición. Especialmente eficaz para paliar estados carenciales y dolencias hepáticas.
• Aguas cloruradas: presentan cloro. Estimulan las secreciones digestivas, entre otras.
• Aguas sulfuradas y sulfurosas: con azufre. Muy utilizadas en el campo de la hidrología médica, las primeras son ácidas y lodosas.
• Aguas sulfatadas: aparte de azufre pueden incluir sodio, calcio, magnesio o cloro en su composición. Muy utilizadas.
• Aguas bicarbonatadas: con bicarbonato. Frías y alcalinas. Se utilizan en estados de acidez gástrica. Pueden ser sódicas, cálcicas, mixtas, cloruradas o sulfatadas.

Clasificación de las aguas de acuerdo a sus residuos secos:

• Minerales De 1 a 1.5 gr/L
• Medio minerales De 0.2 a 1.0 gr/L
• Oligo minerales Menos de 0.2 gr/L

Efectos de las aguas termales en el cuerpo humano:

El agua mineraliza y caliente de las “termas” tiene diferentes efectos en el cuerpo humano. Algunos autores las dividen en tres, biológica, física y química, aunque en realidad todas actúan al mismo tiempo.

El baño en aguas termales aumenta la temperatura del cuerpo, matando gérmenes, entre ellos virus, además aumenta la presión hidrostática del cuerpo, por lo que aumenta la circulación sanguínea y la oxigenación. Este aumento en la temperatura ayuda a disolver y eliminar las toxinas del cuerpo.

Al aumentar la oxigenación, el baño en aguas termales hace que mejore la alimentación de los tejidos del cuerpo en general, motivo por el cual aumenta el metabolismo, estimulando al mismo tiempo las secreciones del tracto digestivo y del hígado, ayudando así a la digestión.

El baño repetido (especialmente en periodos de 3 a 4 semanas) puede ayudar a normalizar las funciones de las glándulas endocrinas, así como el funcionamiento en general del sistema nervioso autonómico del cuerpo. También existe un mejoramiento y estímulo del sistema inmune, relajación mental, producción de endorfinas y regulación de las funciones glandulares. Muchos de estos efectos se deben al consumo del cuerpo de minerales como dióxido de carbono, azufre, calcio y magnesio.


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Hay enfermedades de la piel que pueden tener una marcada mejoría por baños en aguas termales (en especial si estas contienen azufre). Las enfermedades que más se benefician son la psoriasis, las dermatitis y las enfermedades por hongos. En algunas ocasiones también ayudan en la cura de heridas y de otras lesiones de la piel. En ocasiones esta acción se le atribuye a las “sulfobacterias” (organismo aislado por la “Sociedad Internacional de Medicina Hidrológica”), para explicar los efectos de los “elementos intangibles” de las aguas termales.

Se ha descrito que este grupo de microorganismos ayudan al cuerpo humano mejorando el sistema de defensa de la piel frente a todo tipo de agresiones. De la misma forma, ayudan a disminuir el proceso de envejecimiento de este órgano.

Beneficios de las aguas termales:

El agua mineral y caliente de las “termas” tiene diferentes efectos en el cuerpo humano. Algunos autores las dividen los beneficios de las aguas termales en tres, biológica, física y química, aunque en realidad todas actúan al mismo tiempo.

Cuando una persona se expone a un baño termal, recibe la acción directa de la temperatura de las aguas termales en forma de shock, y los minerales comienzan a ser absorbidos en pequeñas concentraciones por la piel. Una vez en el organismo, los minerales son depositados en el tejido celular subcutáneo, y desde ahí ejercen su acción activando el metabolismo orgánico a través del eje hipotálamo-suprarrenal.

Entre las propiedades curativas de las aguas termales, se destacan las siguientes:

• Mejoran la alimentación de los tejidos del cuerpo en general, motivo por el cual aumenta el metabolismo.
• Estimulan las defensas del organismo.
• Depuran la sangre, eliminándose las toxinas y productos de desechos por la sudoración y diuresis que provocan.
• Estimulan las secreciones del tracto digestivo y del hígado, ayudando así a la digestión.
• Reactivan el metabolismo retardado en muchos reumáticos.
• Tienen poder desestabilizante sumamente útil, considerando la participación alérgica en el orden de las afecciones reumáticas.
• Reeducan el sistema termorregulador, de enorme importancia en el reumático que ha perdido su capacidad de reaccionar y adaptarse a los cambios del medio ambiente.
• Su poder analgésico y calmante de dolores de estas aguas es bien conocido.
• Relajan los músculos y por su acción revulsiva y resolutiva, actúan sobre los edemas, tumefacciones y procesos crónicos fibrosos.
• Sedan el sistema nervioso, siendo un sedante y relajante, ideal para el stress y el ritmo de vida actual.
• Reconstituyen y tonifican.
• Las aguas termales ejercen acción miorelajante, sobre las contracturas y rigideces neuro-músculo-osteo-articular, de importancia en los tratamientos de rehabilitación y reeducación músculo esquelética. Su efecto sobre todo tipo de reumatismos (inflamatorios, degenerativos, no articulares, metabólicos) en algunos casos llega a ser notable.
• Enfermedades crónicas de la piel
• Enfermedades respiratorias leves

Para todos estos casos, es preciso especificar que la terapia de los baños termales tenga mayor efectividad, deberá realizarse especialmente en periodos de 3 a 4 semanas, siendo importante la consulta previa a un especialista en caso de embarazo, edad avanzada o enfermedad.

De manera puntual y específica el calor húmedo ofrece grandes beneficios para las enfermedades con componente inflamatorio, porque disminuye el dolor y relaja la tensión concentrada en los músculos y las articulaciones. Es por ello que las aguas termales pasan a ser un complemento o terapia paralela de rehabilitación al tratamiento indicado por el reumatólogo. Sin embargo, y pese a que muchos aseguran lo contrario, no se ha podido demostrar científicamente que los minerales que forman parte de las aguas termales tengan alguna incidencia directa en la mejoría de los pacientes con reumatismo. Es por ello que los beneficios que el calor húmedo aporta a los pacientes reumáticos también se pueden obtener con baños en tinas con agua caliente.

De cualquier manera, las personas que tengan estos padecimientos no deben automedicarse, pues solo el médico reumatólogo puede prescribir un tratamiento adecuado para controlar la dolencia, y en colaboración con un fisiatra determinar el tipo y la cantidad de tratamientos alternos que mejoren la calidad de vida del paciente. En este sentido, las aguas termales son una ayuda de primer orden a la hora de favorecer la flexibilidad del paciente.

Adicional a la opción natural de acercarse a los balnearios de aguas termales, la ciencia desarrolló otras alternativas terapéuticas que emplean el calor como base, tales como el ultrasonido y los rayos infrarrojo, lo que demuestra que la aplicación de las terapias de calor ayudan al paciente a conservar o rescatar su tono muscular, ya que al relajar la zona y disminuir el dolor, se retoma la movilidad perdida por el avance de la enfermedad. De allí que los médicos puedan indicar ejercicios físicos al paciente y éste los practique sin traumas.

Muchas son las personas que piensan que las aguas termales pueden prevenir la aparición de enfermedades reumáticas, sin embargo, que por ser ésta una dolencia que está implícita en la codificación genética del individuo, es inevitable que se desencadene. Es más, las aguas termales no son en ningún momento una cura milagrosa para las dolencias reumáticas, y si bien pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de la persona, definitivamente, no la curarán, mucho menos si no recibe tratamiento especializado profundo.

Algunas recomendaciones generales para el uso de las aguas termales son:

Siempre es mejor consultar con su médico antes de utilizar la terapia con aguas termales en caso de que se encuentre embarazada o tenga alguna enfermedad.

Evite bañarse solo en aguas termales, los adultos mayores las deben de usar con precaución y no las utilice si se encuentra bajo el efecto del alcohol o alguna droga.

Si toma medicamentos para enfermedades del corazón tenga cuidado.
No se sobrecaliente, manténgase bien hidratado y si padece de enfermedades de la piel que sean contagiosas, utilice piscinas privadas.

Dr. Avilio Méndez Flores

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