La bronquiolitis también recibe otros nombres como bronquitis espástica, bronquitis disneizante o bronquitis asmatiforme.

Definición:

La bronquiolitis es la inflamación y constricción aguda de las vías aéreas más pequeñas, asociada a una infección viral, particularmente por virus sincicial respiratorio y, en menor proporción, rinovirus, metaneumovirus humano, virus de la influenza y parainfluenza. Afecta niños menores de dos años, mayormente a aquellos entre tres y seis meses.

Algunos niños, después de un primer episodio de bronquiolitis, siguen teniendo frecuentes resfriados con sibilancias, también llamados bronquitis obstructivas. Esta afección se debe a cierta hipersensibilidad de sus bronquios.

Los bebés y niños con hipersensibilidad bronquial pueden tener de nuevo tos, pitidos en el pecho y la respiración sibilante cuando hay cambios de clima. Sobre todo si respiran ambientes contaminados o son infectados por un nuevo virus. Por supuesto, no hay que olvidar que estos niños recaen en la enfermedad con más facilidad si en su hogar hay personas fumadoras.

Epidemiología:

En algunos países tiene mayor prevalencia en el invierno, en zonas tropicales como Venezuela, existen casos de Bronquiolitis durante todo el año.

El virus se transmite por contacto directo con las secreciones nasales, bien sea por gotas en el aire (tos) o contaminación de superficies, especialmente las manos.

Factores de riesgo:

Prematuridad, bajo peso al nacer, asistencia a guarderías, presencia de hermanos en edad preescolar, bajas condiciones socio-económicas, fumadores en el hogar (especialmente la madre), ausencia de lactancia materna, enfermedad pulmonar crónica, ciertas cardiopatías congénitas, enfermedades neuromusculares, inmunodeficiencia y edad menor de seis meses.

Síntomas:

Una bronquiolitis empieza como un resfriado común, moco nasal clarito, algo de tos y quizá un poco de fiebre.

Pero en uno o dos días, la tos empeora y le dificulta dormir. En ocasiones, le provoca vómitos, el bebé se queja, su respiración es jadeante y se puede escuchar algún “pito” dentro de su pecho.

Todo esto se debe a que los bronquios se han inflamado, por tanto están más estrechos y el aire “silba” al pasar por ellos. Suele notarse más cuando el bebé expulsa el aire, en la respiración.

El bebé tiene que hacer más esfuerzo del normal para respirar y mueve el abdomen al hacerlo o se le hunden los músculos intercostales.

Además, sus bronquios segregan más moco y el bebé intenta expulsarlo mediante la tos. En esta fase puede haber más o menos fiebre, pero lo principal es la tos y la dificultad del bebé para respirar.

Aunque la mortalidad suele ser menor del 2%; se ha asociado con persistencia de broncoespasmos comportándose similar al asma bronquial.

Tratamiento:

Lo más importante es asegurarnos de que el bebé puede respirar:

Limpiarle bien la nariz para que no esté obstruida por mucosidad. Incorporarle. No forzarle a comer (lo hará mejor con cuchara, poco a poco. Darle agua a menudo, ya que le ayudará a ablandar las secreciones. Un humidificador también le ayudará.

Entre las medicinas más habituales se encuentran las siguientes:

Antibióticos: Al ser una enfermedad causada por virus, no son necesarios. A veces se dan, si se sospecha que haya una infección bacteriana sobreañadida (en ese caso, el bebé seguramente tenga más de 39 de fiebre, y /o durante más de 2-3 días).

Antivíricos: No se ha comprobado que sean útiles. Además, son muy caros. Se reservan para niños con dificultades añadidas, como ser prematuros o padecer una inmunodeficiencia.

Broncodilatadores: Se pueden emplear por medio de aerosoles o nebulizadores y pueden ser de gran ayuda.

Antiinflamatorios (Corticoides): También pueden ser de gran ayuda. Unas veces se administran en aerosol, otras en gotas o incluso en inyectables.

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Mucolíticos: Aunque se utilizan a menudo, su efecto no es superior al simple hecho de aumentar el aporte de líquidos o poner un humidificador.

Antitusivos: No son recomendables. El bebé necesita toser para mantener limpias las vías respiratorias.
En general, el manejo de esta enfermedad se centra en la oxigenación y control del estado de hidratación del bebé.

Complicaciones:

Los bebés pequeños suelen necesitar estar vigilados en el ámbito de un hospital. Ellos tienen menos fuerza, se cansan de toser y puede resultar difícil alimentarlos.

Los síntomas de que el bebé necesita atención especializada son los siguientes:

Tiene los labios azulados. Esto indica que le llega poco oxígeno. Al respirar se le hunde la piel entre las costillas, por encima del esternón o por debajo del borde de las costillas. Esto se llama “tiraje” e indica que tiene que hacer un esfuerzo “extra” para respirar. Respira muy deprisa, pero muy flojito. Vomita todo lo que toma. Está muy decaído. Tiene fiebre alta.

Predisposición:

En casi todas las temporadas de lluvia hay pequeñas epidemias de bronquiolitis por el Virus Respiratorio Sincitial, que pueden afectar a los bebés entre 3 y 9 meses.

Los bebés amamantados también pueden padecer bronquiolitis, aunque quizá de forma algo más leve.

Padecer un primer episodio de bronquiolitis puede predisponer al bebé a tener bronquitis de repetición.

A partir de los 2-3 años, los bronquios de los niños son ya de mayor calibre y suelen mejorar este tipo de bronquitis salvo en el caso de que se asocie asma o algún tipo de alergia.

Si un bebé tiene más de 3 episodios de bronquitis obstructivas en un periodo corto de tiempo, la mayoría de los pediatras recomiendan medicamentos preventivos tales como:
Ketotifeno (es un jarabe).Corticoides inhalados.

Prevención:

Es importante el lavado de manos con agua y jabón o gel de alcohol isopropílico al manipular a los bebés, ofrecer lactancia materna al menos durante el primer año de vida y evitar el cigarrillo. En bebés con factores de riesgo se debe considerar el uso de anticuerpos monoclonales contra el virus sincicial. Una buena manera de proteger al bebé es evitar el tabaco dentro de casa.

Dr. Avilio Méndez Flores

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