Definición:

Se trata de una afección compleja y debilitante, cuyo rasgo principal, como su nombre lo indica, es la aparición de una fatiga intensa que no cesa tras el descanso, y que se acentúa luego de una actividad física o mental de esfuerzo mínimo. A esta enfermedad se le asocia también con la neurastenia, un padecimiento que tiene ya más de un siglo, con el cual el SFC tiene similitudes sintomáticas.

Frecuencia:

Es más común en las mujeres entre los 40 y 60 años de edad, pero cualquiera puede tenerlo.

Causas:

Hasta ahora, no se ha determinado una causa única del síndrome de fatiga crónica. Actualmente, diversos grupos médicos de Estados Unidos (donde la enfermedad arroja cifras alarmantes) se dedican a estudiar las mutaciones genéticas que pueden hacer que una persona se vuelva “vulnerable” a sufrir un SFC, frente a determinados estímulos como: infecciones virales, pesticidas o insecticidas. Hoy en día, es improbable que sea una enfermedad contagiosa. En todo caso, siempre se le ha asociado con factores específicos de orden psíquico y orgánico como: el estrés, la depresión, la ansiedad, las toxinas, enfermedades infecciosas, alergias, enfermedades reumáticas, anemia grave y alteraciones metabólicas y hormonales.

La enfermedad también, tiene que ver con una depresión del sistema inmunológico, al disminuir las defensas naturales del organismo. Por otro lado, los síntomas de la enfermedad, una vez controlados, vuelven a aparecer cuando el organismo se sobreexpone a la actividad por encima de sus capacidades. La relación de la enfermedad con el estrés es casi directa. Bajo una situación de exceso de actividad, sobre todo de trabajo, las defensas bajan y la persona, por ende, tiende a estar más expuesta a adquirir los síntomas que acompañan a la enfermedad.

Síntomas:

Los síntomas del SFC incluyen fatiga durante 6 meses o más y la aparición de otros problemas, tales como dolores musculares, problemas con la memoria, dolores de cabeza, dolor en múltiples articulaciones, dolor de garganta y ganglios linfáticos adoloridos. Dado que otras enfermedades pueden causar síntomas similares, el SFC es difícil de diagnosticar.

Diagnóstico:

Por lo general, el diagnóstico de esta patología es el producto de años de descarte de otras enfermedades de síntomas muy similares, tales como hipotiroidismo, apnea del sueño, narcolepsia, trastornos depresivos graves, mononucleosis crónica, esquizofrenia, cáncer, obesidad y alcoholismo, entre otros padecimientos.

Antes de revisar la lista de síntomas es importante aclarar que el primer paso que debe dar toda persona que sospeche que padece el SFC, es asistir a su doctor de confianza y esperar a que éste le dé un diagnóstico que confirme la existencia del mismo, tomando en cuenta todos los factores de su historia médica particular que puedan estar influyendo en la aparición de la enfermedad.

Lo usual es que el especialista le solicite un examen completo de laboratorio (sangre, orina, heces), un examen físico, y un test psicológico.

Todos estos chequeos de rigor son posteriores a la aparición de las siguientes señales:

• Sensación de cansancio por períodos (promedio) de más de seis meses (aun cuando esté descansando bien y durmiendo lo suficiente).
• Dolor de garganta.
• Nódulos linfáticos adoloridos o sensibles en el cuello o las axilas.
• Dolor inexplicable en los músculos.
• Dolor que se mueve de articulación en articulación, pero que no se presenta con enrojecimiento o hinchazón.
• Dolores de cabeza muy diferentes a los que sufre usualmente.
• Problemas con su memoria o sus niveles de concentración.
• Sensación de cansancio por más de 24 horas, después de hacer ejercicios.
• Problemas para conciliar el sueño.
• Cansancio extremo para levantarse en las mañanas.
• Cambios de peso y apetito.
• Tener algunas décimas de fiebre en las tardes.
• En casos más extremos se presentan síntomas más severos como: dolor abdominal, flatulencia, dolor pectoral, tos crónica, diarrea, mareo, sequedad en los ojos y en la boca, dolor de oído, arritmia cardíaca, dolor en la mandíbula, náuseas, trastornos psicológicos, sensibilidad dérmica, sensación de hormigueo y pérdida de peso.

Tratamiento:

No existe una cura para el SFC, de modo que el objetivo del tratamiento es mejorar los síntomas. El dolor, los trastornos del sueño y otros problemas pueden tratarse con medicinas.

Recomendaciones:

Dependiendo del paciente, el médico recetará un tratamiento determinado. No obstante, existen indicaciones generales para contrarrestar el SFC. Ellas son las siguientes:

• Tratar de lograr un equilibrio entre actividad y reposo, en períodos de tiempo predeterminados.
• En los casos más drásticos, hay que recurrir a cambios importantes en el área laboral, o bien a un cambio de funciones dentro de la oficina. Oportunamente, podría recomendarse un cambio de trabajo.
• En la medida de lo posible se requiere cambiar, también, los hábitos cotidianos: programar actividades recreativas fuera de casa, no fumar, beber abundantes líquidos no alcohólicos y disminuir el consumo de café, entre otros.
• Tratar de identificar las horas del día en las que se sienta mayor energía y programar la mayor cantidad de actividades para esas horas.
• Antes de seguir una rutina moderada de ejercicios físicos, consulte con su médico sobre sus niveles de fuerza. La microgimnasia es una de las opciones válidas en este sentido.
• Lamente abiertamente la energía que ha perdido; permítase reconocer y expresar sentimientos como la tristeza y la frustración.
• Si su memoria y concentración se ven muy afectadas por el SFC, haga su lista de cosas importantes a realizar durante el día. Además, consulte con su médico sobre los productos que le pueden ayudar a incrementar sus habilidades mentales.
• La psicoterapia cognitiva conductual es una alternativa que ha traído resultados muy favorables para combatir la enfermedad. De ella se beneficia no sólo el paciente, sino toda la familia.

Dado que el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia tienden a confundirse, aquí les presentamos un cuadro comparativo de similitudes y diferencias entre ambos padecimientos:

Las personas que padecen fibromialgia o Síndrome de fatiga crónica suelen tener síntomas comunes como:

• Insomnio.
• Dolores de cabeza.
• Incidencia superior en mujeres que en hombres.
• Depresión.
• Cansancio.
• Dificultad para pensar (lentitud mental).
• Dolor en las articulaciones.

Aunque el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia parecen iguales, hay unas diferencias notables, estas son:

Fatiga crónica:

• Edad inicio 29-35 años.
• Empeora con ejercicio.
• Fatiga extenuante.
• Puede causar fiebre.
• Adenopatías forman parte del diagnóstico.
• Cursa con dolor garganta.
• Agotamiento al hablar.
• Fatiga que no se alivia.

Fibromialgia:

• Edad inicio 45-55 años.
• Mejora con ejercicio.
• Fatiga no extenuante
• No hay fiebre.
• Adenopatías no forman parte del diagnóstico
• No cursa con dolor garganta.
• No agotamiento al hablar.
• Fatiga se alivia con el sueño

Se puede padecer fibromialgia y síndrome de fatiga crónica a la vez, sobre todo la fatiga crónica suele ser la primera fase de la fibromialgia causando extrema fatiga, aunque son enfermedades de carácter limitante tanto física como mentalmente hay esperanza de recuperación, no debemos desanimarnos, ser constantes sobre los tratamientos que el médico nos diga y sobre todo mirar al futuro con optimismo ya que el estado de ánimo en estas enfermedades juegan un papel importantísimo.

Dr. Avilio Méndez Flores

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