La supuración ocular del recién nacido puede verse por la presencia de pus en 1 o dos ojos acompañado o no de inflamación de párpados. Es un problema muy frecuente que puede darse en varias circunstancias. Los ojos del feto están libres de microbios en el ambiente intrauterino, pero al pasar por el canal pelviano materno recoge una gran cantidad de microorganismos que viven en la vagina de su madre, algunas de estos organismos son saprofitos (o sea que viven en ese sitio sin causar daño a la mujer) y otros producen infección vaginal, es así como podemos encontrar estreptococos, estafilococos, colibacilos, gonocococos, monilias, etc. Estos agentes se siembran en la capa externa del ojo que es la conjuntiva y la inflaman.

También puede deberse a obstrucción del conducto naso-lagrimal, el cual va desde la parten interna del párpado inferior hasta la nariz y su función es comunicar el ojo con las fosas nasales, de esta manera las lágrimas secretadas que circulan por la parte externa del ojo se drena hacia la nariz y es por esa razón que cuando lloramos se nos humedecen las fosas nasales; si este conducto está obstruido las lágrimas no pueden derivar hacia la nariz y al detenerse mucho tiempo en el ojo se infecta.

El tratamiento puede ser preventivo por medio de un buen aseo vaginal sobre todo una semana antes del parto. En pleno parto evitar la contaminación fecal del canal pelviano con un efectivo enema rectal al inicio del trabajo de parto. Una vez nacido el niño aplicarle colirio a base de antibióticos para prevenir la infección (tratamiento que debe hacerse en la sala de parto o el servicio de recién nacidos). Si la infección se ha instalado se usará colirio a base de gentamicina-neomicina o polimixina 1 gota cada 4 horas y si no hay mejoría en 3 días llevarlo a consulta médica. Si la supuración ocular durante el tiempo que se aplica el medicamento mejora, pero al suspenderlo de nuevo reaparece el problema debe ser visto por un oftalmólogo pues hay suficiente sospecha que se trate de obstrucción del conducto lagrimal.

Dr. Avilio Méndez Flores