Esta enfermedad la produce un gusano parásito, que responde al nombre científico de oncocerca volvulus, y que es transportado por las moscas comunes que habitan cerca de los ríos de cauce rápido.

Con la picada del insecto, las larvas entran, a través de la herida, al cuerpo humano. Desfiguran la piel y comienzan su migración hacia las extremidades. Pueden alcanzar los ojos y ocasionar una lesión en la córnea, e incluso, la ceguera total. De allí el nombre común que se le da de “ceguera de los ríos”.

Los primeros síntomas de la oncocercosis son fiebre e inflamación de los ganglios linfáticos. Posteriormente edemas y dermatitis grave.

Un estado más avanzado de la enfermedad muestra a los pacientes con lo que se conoce como “piel de lagarto” o “piel de leopardo”. La ceguera puede ser parcial o total, dependiendo de la lesión en la córnea. En los hombres se produce una tumefacción del escroto.

Las poblaciones al sur de Venezuela son las de mayor riesgo, y una de las más afectadas es la Yanomami por sus costumbres migratorias y el paso por ríos y zonas boscosas que los expone al contagio.

Por varios años la oncocercosis se atacó mediante la colocación de larvicidas en los ríos, hasta que a principio de la década de los ochenta se comenzó a ensayar con el medicamento Mestizan, que dio buenos resultados.

Si la persona es picada por una mosca en alguna de las zonas donde se ha detectado oncocercosis se debe acudir a las autoridades de Sanidad para determinar si se trata del insecto transmisor.

La Organización Panamericana de la Salud espera que esta enfermedad pueda ser erradicada en Latinoamérica.

Dr. Avilio Méndez Flores