Son un signo de alarma importante y, tal vez, deban considerarse como una de las mayores emergencias en las que nos podamos encontrar.

Ellos nos avisan que algo ocurre en el aparato digestivo (estómago e intestino), desde una infección hasta una intoxicación por cualquier sustancia (venenos o alimentos en mal estado).

Cuando un niño vomita, pierde líquidos y sales hasta tres veces más que con las diarreas, esto explica el gran decaimiento que presentan al vomitar; y si los vómitos son frecuentes se puede llegar rápidamente a la deshidratación grave, la cual si no es tratada con urgencia puede llevar a la muerte.

En realidad es poco lo que se puede hacer sin la ayuda del pediatra. Puede ofrecer al niño agua filtrada y hervida, en pocas cantidades a la vez (sorbo a sorbo) sin forzarlo.

En caso de que los vómitos se hubiesen presentado en otras ocasiones, es probable que se tenga en la casa sobres para preparar soluciones de hidratación que, una vez disueltas en agua, pueden darse a tolerancia o por pequeñas tomas sin obligarlo.
De persistir, no se debe tardar en acudir a su pediatra o algún centro de salud.

Recuerde también que es riesgoso suministrar al niño remedios para vómitos si no han sido prescritos por un médico.

Dr. Avilio Méndez Flores