-El grito o el llanto es el lenguaje del bebé.

-No conviene dejar que el niño llore reclamando el alimento; él tomará el retraso como un abandono y sentirá gran angustia. Otras causas de llanto puede ser: malestar orgánico, incomodidad o necesidad de afecto.

-La severidad o los mimos excesivos impedirán su normal desarrollo afectivo.

-Desde el principio el niño debe acostumbrarse a estar solo, a ejercitar sus propias facultades, su inteligencia y su imaginación, en el descubrimiento del mundo que le rodea.

-La educación higiénica y de los hábitos fisiológicos del niño no debe afectar nunca las buenas relaciones entre madre e hijo.

-El niño aprende mejor por imitación, que por obligación.

-La moral de los padres será la de los hijos.

-Si ha de llegar un nuevo hermanito, prepárese con anticipación, haciendo que el niño se sienta dispuesto a proteger y a cuidar del recién nacido; jamás crear sentimiento de rivalidad entre ambos.

-Un matrimonio mal avenido destrozará el equilibrio psíquico de los hijos y su saludable desarrollo.

-A cualquier edad el cariño de la madre es tan importante como el alimento.

-La madre debe aprender a dominarse. Todo educador debe ser capaz de gobernarse a sí mismo antes de gobernar a los demás.

-Las debilidades de los padres provocan las de los hijos. Nunca deben contagiar su miedo al niño; por el contrario, es conveniente que le dejen correr algunos riesgos razonables que le perjudicarán mucho menos que las constantes advertencias de “te vas a caer”, “te llevará el hombre del saco”.

-Si se engaña al niño, el educador pierde su autoridad y el niño la confianza en sí mismo. La mentira de los padres suscita la de los hijos.

-No condicionar el cariño a “si el niño se porta bien”. El chantaje afectivo es tan vergonzoso como el chantaje vulgar. Además, el niño aprenderá muy pronto a utilizarlo con sus padres.

-Los padres no deben nunca discutir ante sus hijos y menos todavía tomarlos como “aliados” frente al otro cónyuge.

Dr. Avilio Méndez Flores

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