Son tumores benignos de origen vascular, es decir, son vasos sanguíneos (arterias, venas, capilares) que crecen más de lo normal, pero que ni invaden otros tejidos ni degeneran hacia tumores malignos. Por dentro son, por lo general, como ovillos de venas desordenadas.

Por el contrario, las malformaciones vasculares o angiomas planos son capilares sanguíneos dilatados y congestionados (no son tumores).

Los hemangiomas suelen desarrollarse en el periodo neonatal. Inicialmente dura unos 5 a 7 meses y en ella se produce un crecimiento de la lesión.

Luego viene una fase estacionaria que dura entre los 7 y los 14 meses de vida y en ella la lesión detiene su crecimiento. Y por último, la fase involutiva que suele comenzar a partir del primer año de vida y puede extenderse hasta los 6 ó 7 años. En ella la lesión tiende a desaparecer en casi todos los casos.
Menos del 10% constituyen un problema estético.

Habitualmente el pediatra lo habrá detectado en las revisiones rutinarias del niño y les habrá informado de la benignidad de la mayoría de ellos. El crecimiento rápido del angioma no debe alarmar, pues forma parte de su evolución natural.

En cualquier caso, conviene recordar que, en la mayoría de los casos, el mejor tratamiento es no hacer nada, a pesar de haber oído opiniones divergentes sobre el tema, y que el resultado final es mejor en los no tratados que en los tratados.

Sólo requieren tratamiento aquellos que por su tamaño o localización comprometen estructuras como ojos, nariz, conductos auditivos, faringe o laringe; los que tienen un ritmo de crecimiento alarmante; las grandes lesiones asociadas a trastornos de la coagulación; o las lesiones que están expuestas a traumatismos, infecciones o hemorragias.

Dr. Avilio Méndez Flores