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El hígado

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El hígado mantiene las reservas de hierro necesarias para el organismo, además las vitaminas y otros minerales.

La bilis que produce ayuda a digerir los alimentos.
Se encarga de neutralizar todo producto químico y tóxico como todo tipo de licores, drogas y medicinas mal empleadas.

Almacena carbohidratos y grasas para transformarlos en energía cuando se necesite.
Advertencia: uno o dos tragos de licor al día (cerveza, vino, whisky, etc.) pueden lesionarlo para toda la vida. Todos los medicamentos son productos químicos y si se combinan inconsultamente pueden convertirse en un peligroso veneno que lo puede dañar seriamente cuya consecuencia es la cirrosis.

Los productos en aerosol también representan peligro tanto para los pulmones y la piel en principio como al absorberse y llegar al hígado a través de la sangre. Cuando se usen será en sitios abiertos o habitaciones ventiladas.

El virus de hepatitis puede dañarlo a corto y largo plazo ya que permanece circulando en la sangre, la saliva y el semen.

Las comidas grasosas deben ser moderadas por su alto contenido en colesterol que de por sí el propio hígado lo produce en la cantidad necesaria para el organismo.

El daño hepático inicial es silencioso, hasta que más de la mitad de ese órgano esté dañado, entonces avanzará más rápidamente hacia su total insuficiencia.

Dr. Avilio Méndez Flores

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La hepatitis A

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Esta enfermedad se transmite por medio de las comidas o de las aguas contaminadas o el contacto con personas infectadas en el momento. El virus de la hepatitis A se aloja en las heces de una persona infectada durante el período de incubación de 15 a 45 días antes de que se presenten los síntomas y durante la primera semana de la enfermedad. La sangre y las secreciones corporales también pueden ser infectantes.

El virus de la hepatitis A no permanece en el cuerpo después de que la infección se ha resuelto y no hay estado de portador (una persona o animal que disemina la enfermedad a otros pero que no resulta enfermo).

Los síntomas asociados con la hepatitis A son similares a los de la gripe, pero la piel y los ojos se tornan amarillos (ictericia), debido a que el hígado, por la inflamación, no es capaz de filtrar la bilirrubina de la sangre.

Otras infecciones comunes por el virus de la hepatitis son la hepatitis B y de la hepatitis C, pero la hepatitis A es la menos grave y la más leve de estas enfermedades. De hecho, la hepatitis A, a diferencia de las otras dos, no se vuelve crónica.

Síntomas:

Ictericia. Fatiga, Pérdida del apetito. Náusea y vómito. Fiebre baja. Heces de color arcilla o pálidas. Orinas oscuras

En el examen físico del abdomen, el médico puede descubrir un agrandamiento y sensibilidad del hígado.

En sangre se encontrarán disminuidos los linfocitos y elevadas las transaminasas y la bilirrubina. En orina aparecerá aumentada también esta última o sus derivados.

No existe un tratamiento específico para la hepatitis A, pero se recomienda al paciente estar en reposo durante la fase aguda de la enfermedad, cuando los síntomas son más severos. Además, las personas con hepatitis aguda deben evitar el consumo de alcohol y cualquier sustancia que sea tóxica para el hígado, incluyendo el acetaminofén

Las comidas grasosas pueden causar vómitos debido a que las secreciones del hígado que se necesitan para digerir las grasas están disminuidas y lo mejor es evitarlas durante la fase aguda.

Más del 85% de las personas con hepatitis A se recuperan en un período de tres meses y más del 99% se recuperan dentro de un período de 6 meses.

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Generalmente no hay complicaciones.

La persona debe buscar asistencia médica si los síntomas indican que puede tener hepatitis A.

La transmisión del virus se puede prevenir evitando agua y alimentos que puedan no estar limpios, y mediante un lavado cuidadoso de las manos después de usar el sanitario, así como con una limpieza minuciosa si hay algún contacto con la sangre, las heces o cualquier líquido corporal de una persona afectada.

Las personas que permanecen en guarderías o en instituciones en las que están en contacto cercano con otras personas pueden ser más susceptibles a la rápida transmisión de la hepatitis A. Sin embargo, un lavado minucioso de las manos y buenos hábitos de higiene antes y después de cada cambio de pañal, antes de servir los alimentos y después de usar el sanitario pueden ayudar a prevenir epidemias institucionales.

La inmunoglobulina se debe administrar a todos los que están en contacto cercano con personas con hepatitis A.

Existen vacunas disponibles para protegerse contra la infección de la hepatitis A. La vacuna HAV comienza a proteger 4 semanas después de recibir la dosis inicial y se requiere un refuerzo de 6 a 12 meses para lograr una protección duradera.

Las personas que se deben vacunar son, entre otras, las siguientes:

Aquellas que viajen a áreas o países con niveles altos de hepatitis A. También los drogadictos y aquellas que padezcan la infección crónica de hepatitis B ó C

Dr. Avilio Méndez Flores

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