La mordedura por una serpiente venenosa se denomina técnicamente emponzoñamiento ofídico (se utiliza el término “ponzoña” para referir el veneno producido por animales). Se estima que se producen más de 1.000 casos de emponzoñamiento anuales en Venezuela, responsables de aproximadamente 100 muertes cada año.

Una primera clasificación de estos animales es de culebras ponzoñosas o no ponzoñosas. También podemos referirnos a ellas de acuerdo con su dentadura. Así, las aglifas tienen dientes muy pequeños sin colmillos.

Dentro de este grupo encontramos por ejemplo las boas o anacondas (“tragavenados”), a las que es preferible evitar por su condición de constrictoras (no muerden pero trituran).

La solenoglifas, que sí tienen colmillos, son las más importantes desde el punto de vista médico, porque provocan la gran mayoría de los emponzoñamientos ofídicos en Venezuela. Tienen un perfecto equipo de colmillos ubicados en la parte anterior del maxilar anterior, que se erectan y, convertidos en “dos inyectadotas”, permiten la inoculación del veneno. Las serpientes de este grupo tienen un pequeño orificio entre los ojos y las fosas nasales, que sirve para captar estímulos calóricos. De allí la denominación popular de “cuatro narices”. Todas las culebras con estas características son venenosas.

Tenemos en el territorio nacional tres géneros: Bothrops, Crotalus y Lachesis. Es importante conocer algunas características biológicas que nos permitan diferenciar una serpiente venenosa de una que no lo es. Debemos hacer la salvedad de que esta diferenciación no es válida para las corales o para otras especies fuera de Venezuela.

Además de las “cuatro narices”, las serpientes venenosas tienen cabeza triangular por el bulto o eminencias laterales que producen internamente las glándulas de ponzoña y la cabeza cubierta de pequeñas escamas. Poseen pupilas verticales, cuello, bien diferenciado, cuerpo de forma prismática, cola bien demarcada y evidente (algunas con “maracas”, como la cascabel). Sus escamas parecen un “techo a dos aguas” y muestran una coloración generalmente mate. Al ser excitadas se “arman” con sus dos colmillos robustos en el maxilar superior.

Las culebras no ponzoñosas, por su parte, suelen tener pupilas redondas, la cabeza alargada, ovoide, cubierta de placas anchas. El cuerpo de estas culebras es cilíndrico, de colores brillantes, con cola larga y adelgazada, y escamas generalmente lisas. Tienden a huir con gran agilidad al ser molestadas y, por su puesto, carecen de colmillos inoculadores.

La gran mayoría de los emponzoñamientos ofídicos en Venezuela se producen por especies del género Bothrops, especialmente la Bothrops atrox que es la más distribuida en todo el país. Estos animales prefieren las zonas boscosas y húmedas, cercanas a ríos o caños. Suelen reposar durante el día y se activan en horas de la tarde y de la noche, cuando penetran a los sembradíos en busca de ratas y otros pequeños roedores, por lo cual son importantes en el control biológicos de estas plagas. Reciben nombres populares diferentes de acuerdo con la región en la que se les aviste, por ejemplo: mapanare, macagua, macaurel, cuatronarices, tigra, guayacán.

El género Crotalus tiene un solo representante en Venezuela, la Crotalus terrificus conocida ampliamente como cascabel. Se le reconoce fácilmente por la maraca (crepitaculum), que se observa al final de la cola y que suena con el movimiento rápido, cuando la serpiente está excitada. Se distribuye en forma amplia por todo el país, pero prefiere las zonas más secas, llanos, valles y depresiones. Las cascabeles ocupan el segundo lugar después de Botrhops atrox como responsables de emponzoñamientos en Venezuela.

El otro género presente en el país es el género Lachesis, que tiene una sola especie, la Lachesis muta (cuaima, cuaima concha de piña). Es la serpiente venenosa de mayor tamaño en el continente americano, pues puede alcanzar más de cuatro metros de longitud. Vive en las selvas amazónicas del sur de Venezuela, en áreas de densa vegetación. Se encuentra Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro, así como en la parte sur de Sucre, Anzoátegui y Monagas.

En términos generales, las ponzoñas de las serpientes tienen como función principal facilitar su alimentación, al permitir que estos animales inmovilicen y maten a sus presas. Además, facilitan posteriormente su proceso digestivo.

Hay diferentes mecanismos de acción para estas ponzoñas de acuerdo con el género del cual procedan.

El veneno bothrópico tiene una acción especialmente procoagulante y destructor de proteínas. Su principal manifestación clínica es el dolor, inmediatamente después de la mordedura, con sangrado abundante por los dos orificios dejados por los colmillos de la serpiente. Seguidamente aparece el proceso inflamatorio severo local y se extiende a toda la región. Si no se trata adecuadamente puede sobrevenir necrosis, infección y hasta gangrena.

La ponzoña crotálica es neurotóxica y hemolítica, y su actividad coagulante y necrosante es muy pequeña. Los síntomas que produce son dolor y parálisis muscular, incapacidad de mantener la cabeza erguida, se caen los párpados y aparece dificultad respiratoria. En otros casos, provoca insuficiencia renal aguda. Más del 90% de las mordeduras se producen por debajo de las rodillas, es decir, pudieron evitarse con el uso de botas altas de cuero o de goma dura. Por lo tanto, debe educarse al campesino, y a los excursionistas en el uso de botas para estas actividades.

Buena parte de las muertes e incapacidades se deben a otros factores. Por ejemplo, con mucha frecuencia el tiempo transcurrido entre el momento del accidente hasta el ingreso a un puesto asistencial es de varias horas debido a la escasa educación sanitaria del campesino, a la automedicación, a la charlatanería. Es muy frecuente la presencia en el medio rural de un curandero, que mediante yerbas y ensalmes pretende la curación del enfermo, haciéndole perder un tiempo precioso para su vida y su integridad física. También es negativa la creencia de que puede combatirse el emponzoñamiento como en las películas: con torniquetes, incisiones y “chupando” la herida. Esto está contraindicado. El tratamiento médico a base de suero anrtiofídico, inmunización antitetánica y antibióticos es suficiente para la curación en la gran mayoría de los casos.

Dr. Avilio Méndez Flores