Posts tagged Cerebro

Enfermedad de Alzheimer

1

Nombres alternativos:

Demencia senil de tipo Alzheimer (DSTA); Mal de Alzheimer

Definición:

La demencia es una pérdida de la función cerebral que se presenta con ciertas enfermedades. El mal de Alzheimer es una forma de demencia que gradualmente empeora con el tiempo y afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento.

Causas:

Esta alteración neurodegenerativa primaria suele presentarse a partir de los 60 años de edad, aunque también puede manifestarse en gente un poco más joven.

La gran mayoría de los que la padecen tienen o han tenido algún familiar con dicha enfermedad.

La causa no se conoce por completo, pero se cree que abarca tanto factores genéticos como ambientales. A medida que uno envejece el riesgo de desarrollar Alzheimer aumenta, sin embargo, desarrollar esta enfermedad no es parte del envejecimiento normal, el tener antecedentes familiares cercanos como padres o hermanos aumenta el riesgo, también se reporta la combinación de genes que determinan la aparición de proteínas anormales que aparecen en depósitos cerebrales de los enfermos.

Otros factores de riesgo no están comprobados: dietas ricas en grasas, presión arterial alta por mucho tiempo, antecedentes de traumatismo craneal y pertenecer al sexo femenino, entre oros.

La edad y los antecedentes familiares son factores de riesgo para el mal de Alzheimer.

A medida que uno envejece, el riesgo de desarrollar el mal de Alzheimer aumenta. Sin embargo, desarrollar esta enfermedad no es parte del envejecimiento normal.
Tener un pariente consanguíneo cercano, como un hermano, hermana o padre que desarrolló la enfermedad aumenta el riesgo.
Tener cierta combinación de genes para proteínas que parecen ser anormales en el mal de Alzheimer incrementa el riesgo.

Otros factores de riesgo que no están bien comprobados abarcan:

  • Presión arterial alta por mucho tiempo
  • Antecedentes de traumatismo craneal
  • Pertenecer al género femenino

Clasificación:

Existen dos tipos de mal de Alzheimer: de aparición temprana y de aparición tardía.

En el mal de Alzheimer de aparición temprana, los síntomas aparecen primero antes de los 60 años y es mucho menos común que el de aparición tardía; sin embargo, tiende a progresar rápidamente. La enfermedad de aparición temprana puede ser hereditaria y ya se han identificado varios genes. El mal de Alzheimer de aparición tardía, la forma más común de la enfermedad, se desarrolla en personas de 60 años en adelante. Esta forma de la enfermedad puede ser hereditaria en algunas familias, pero el papel de los genes es menos claro.

Fisiopatología:

Una persona con este padecimiento experimenta cambios microscópicos en el tejido de ciertas partes de su cerebro, fundamentalmente a nivel de la corteza, y una pérdida progresiva de una sustancia química vital para el funcionamiento cerebral, llamada acetilcolina. Esta sustancia permite que las células nerviosas (neuronas) se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades mentales vinculadas con el aprendizaje, la memoria y el pensamiento.

Anatomopatología:

La única forma de saber con certeza que alguien sufrió el mal de Alzheimer es examinar una muestra de tejido cerebral después de la muerte.

Los siguientes cambios son más comunes en el tejido cerebral de personas con Alzheimer:

• “Nudos neurofibrilares” (fragmentos enrollados de proteína dentro de las neuronas que las obstruyen).
• “Placas neuríticas” (aglomeraciones anormales de células nerviosas muertas y que están muriendo, otras células cerebrales y proteína).
• “Placas seniles” (áreas donde se han acumulado productos de neuronas muertas alrededor de proteínas).

Cuando las células nerviosas (neuronas) se destruyen, hay una disminución en los químicos que ayudan a dichas células a enviar mensajes entre sí (llamados neurotransmisores). Como resultado, se desconectan áreas del cerebro que normalmente trabajan juntas. Ya no se cree que la acumulación de aluminio, plomo, mercurio y otras sustancias en el cerebro sea una causa del mal de Alzheimer.

Síntomas:

Los síntomas de demencia abarcan dificultad en muchas áreas de la función mental, incluyendo:

  • El lenguaje,
  • La memoria.
  • La percepción.
  • El comportamiento emocional y la personalidad.
  • Las habilidades cognitivas (como el cálculo, el pensamiento abstracto o la capacidad de discernimiento).

Los síntomas dependerán de la etapa en que se encuentre el paciente.
Entre ellos se pueden mencionar:

  • Extraviar artículos.
  • Perderse en rutas conocidas.
  • Cambios de personalidad y pérdida de habilidades sociales.
  • Perder interés en cosas que previamente disfrutaba, estado anímico indiferente.
  • Dificultad para realizar tareas que exigen pensar un poco, pero que solían ser fáciles, tales como llevar el saldo de la chequera, participar en juegos de mesa y aprender nueva información o rutinas.
  • Olvidos transitorios.

Al inicio hay deterioro cognitivo leve, tiene ligeros problemas con el pensamiento y la memoria que no interfieren con las actividades cotidianas del enfermo y que con frecuencia son conscientes del problema que les aqueja pero le restan importancia. La demencia aparece primero, generalmente, como olvidos transitorios y frecuentes (puede olvidar hechos o conversaciones recientes), tienen dificultad para realizar más de una tarea a la vez, hay dificultad para resolver problemas y puede tardar más tiempo para resolver actividades mentales más difíciles, extravían artículos, se desorientan aún en áreas conocidas.

A medida que la enfermedad empeora, los síntomas son más llamativos e interfieren con las capacidades y la interrelación con el medio, como:

  • Olvidar detalles acerca de eventos corrientes.
  • Olvidad eventos acerca de su propia vida, perder la noción de quién es.
  • Cambio en los patrones de sueño, despertarse con frecuencia en la noche.
  • Mayor dificultad para leer o escribir.
  • Deficiente capacidad de discernimiento y pérdida de la capacidad para reconocer el peligro.
  • Uso de palabras erróneas, no pronunciar las palabras correctamente, hablar con frases confusas.
  • Retraerse del contacto social.
  • Tener alucinaciones, discusiones, comportamiento violento y dar golpes.
  • Tener delirios, depresión, agitación.
  • Dificultad para realizar tareas básicas como preparar las comidas, escoger la ropa apropiada o conducir.

En etapas finales estos enfermos se hacen dependientes al perder el validismo (capacidad de valer por sí mismo) para llevar a cabo actividades básicas de la vida diaria, como comer, bañarse y vestirse. Otros síntomas que pueden ocurrir tardíamente es la incontinencia urinaria y fecal. Hay casos de aparición temprana en los cuales los síntomas aparecen antes de los 60 años y es mucho menos común que la aparición tardía, sin embargo, estos tienden a progresar rápidamente. La enfermedad de aparición temprana puede ser hereditaria y ya se han identificado varios genes. La aparición tardía es la forma más común de la enfermedad, se desarrolla en personas de 60 años en adelante. Esta forma de la enfermedad puede ser hereditaria en algunas familias, pero el papel de los genes es menos claro. La demencia aparece primero generalmente como olvido.

El deterioro cognitivo leve (DCL) es la fase entre el olvido normal debido al envejecimiento y el desarrollo del mal de Alzheimer. Las personas con deterioro cognitivo leve tienen ligeros problemas con el pensamiento y la memoria que no interfieren con las actividades cotidianas y, con frecuencia, son conscientes del olvido. No todas las personas con deterioro cognitivo leve desarrollan mal de Alzheimer.

Los síntomas del deterioro cognitivo leve abarcan:

  • Olvidar hechos o conversaciones recientes
  • Dificultad para realizar más de una tarea a la vez
  • Dificultad para resolver problemas
  • Tardar más tiempo para llevar a cabo actividades mentales más difíciles

Los síntomas tempranos del mal de Alzheimer abarcan:

  • Problemas del lenguaje, como tener dificultad para encontrar el nombre de objetos familiares
  • Extraviar artículos
  • Perderse en rutas familiares
  • Cambios de personalidad y pérdida de habilidades sociales
  • Perder interés en cosas que previamente disfrutaba, estado anímico indiferente
  • Dificultad para realizar tareas que exigen pensar un poco, pero que solían ser fáciles, tales como llevar el saldo de la chequera, participar en juegos (como bridge) y aprender nueva información o rutinas

A medida que el mal de Alzheimer empeora, los síntomas son más obvios e interfieren con la capacidad para cuidar de sí mismo. Los síntomas pueden abarcar:

  • Olvidar detalles acerca de eventos corrientes
  • Olvidar eventos en la historia de su propia vida, perder la noción de quién es
  • Cambio en los patrones de sueño, despertarse con frecuencia por la noche
  • Mayor dificultad para leer o escribir
  • Deficiente capacidad de discernimiento y pérdida de la capacidad para reconocer el peligro
  • Uso de palabras erróneas, no pronunciar las palabras correctamente, hablar con frases confusas
  • Retraerse del contacto social
  • Tener alucinaciones, discusiones, comportamiento violento y dar golpes
  • Tener delirios, depresión, agitación
  • Dificultad para realizar tareas básicas, como preparar las comidas, escoger la ropa apropiada o conducir
  • Las personas con mal de Alzheimer severo ya no pueden:
  • Entender el lenguaje
  • Reconocer a los miembros de la familia
  • Llevar a cabo actividades básicas de la vida diaria, como comer, vestirse y bañarse
  • Otros síntomas que pueden ocurrir con el mal de Alzheimer:
  • Incontinencia urinaria o fecal.
  • Problemas para deglutir

Diagnóstico:

El deterioro de la memoria, al igual que otros problemas con el lenguaje, la capacidad de toma de decisiones, la capacidad de discernimiento y la personalidad son rasgos necesarios para el diagnóstico. El mal de Alzheimer se puede diagnosticar con frecuencia a través de una historia clínica y un examen físico por parte de un médico o enfermera experimentados. Un médico elaborará una historia clínica, hará un examen físico (incluyendo un examen neurológico) y llevará a cabo un examen del estado mental.

Se pueden ordenar exámenes para ayudar a determinar si otros problemas médicos pueden estar causando la demencia o empeorándola. Estas afecciones abarcan:

• Enfermedad de la tiroides
• Deficiencia vitamínica
• Tumor cerebral
• Accidente cerebro vascular
• Intoxicación por medicamentos
• Infección crónica
• Anemia
• Depresión severa
• La tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética (RM) del cerebro se puede hacer para buscar otras causas de demencia, como tumor cerebral o accidente cerebro vascular.

En las etapas tempranas de la demencia, la imagen cerebral en las gammagrafías puede ser normal. En etapas posteriores, una resonancia magnética puede mostrar una disminución en el tamaño de diferentes áreas del cerebro.
Aunque estos exámenes no confirman el diagnóstico de Alzheimer, sí excluyen otras causas de demencia (como accidentes cerebrovasculares y tumor).

Tratamiento:

Infortunadamente, no existe cura para la enfermedad de Alzheimer. Los objetivos del tratamiento son:

  • Disminuir el progreso de la enfermedad (aunque esto es difícil de hacer)
  • Manejar los problemas de comportamiento, confusión, problemas del sueño y agitación
  • Mantener el adecuado ambiente del hogar (las modificaciones radicales tienen a aumentar la confusión en el paciente).
  • Apoyar a los miembros de la familia y otros cuidadores
  • Los tratamientos más prometedores abarcan cambios en el estilo de vida, medicamentos y suplementos antioxidantes como la vitamina E.

Manejo farmacológico:

La mayoría de los fármacos empleados para tratar el mal de Alzheimer apuntan a retardar la tasa a la cual los síntomas empeoran. El beneficio de estos fármacos con frecuencia es pequeño y los pacientes y sus familias no lo perciben suficientemente.

Pronóstico:

La rapidez con la cual empeora esta enfermedad es diferente para cada persona. Si el mal de Alzheimer se desarrolla rápidamente, es más probable que empeorar también de manera rápida.

Los pacientes con mal de Alzheimer con frecuencia mueren antes de lo esperado, aunque un paciente puede vivir entre 3 y 20 años después del diagnóstico.

La última fase de la enfermedad puede durar desde unos meses hasta varios años. Durante ese tiempo, el paciente se torna inmóvil y totalmente inválido.

La muerte por lo regular ocurre por una infección o una insuficiencia de otros sistemas corporales.

Complicaciones:

• Pérdida de la capacidad para desempeñarse o cuidar de sí mismo
• Úlceras de decúbito, contracturas musculares (pérdida de la capacidad para mover articulaciones debido a la pérdida de la función muscular), infección (particularmente infecciones urinarias y neumonía) y otras complicaciones relacionadas con la inmovilidad durante las etapas finales de la enfermedad
• Caídas y fracturas
• Pérdida de la capacidad para interactuar
• Desnutrición y deshidratación
• Insuficiencia en los sistemas corporales
• Comportamiento dañino o violento hacia sí mismo o hacia los otros
• Maltrato por parte de un cuidador demasiado estresado

Si está cuidando a una persona con este trastorno y la afección se deteriora a tal punto que ya no la puede cuidar en casa, hable sobre la situación con el médico, siempre puede sugerirle algunos cambios.

Prevención:

Al no tener claro el origen de la enfermedad no hay, como en otras tantas enfermedades, una prevención clara: se establece que llevar dietas sanas, ejercitar la memoria, la lectura, el control de enfermedades metabólicas asociadas como la diabetes, el hipotiroidismo y la hipertensión arterial retrasan el inicio y progresión de la enfermedad.

Aunque no existe una forma comprobada de prevenir el mal de Alzheimer, existen algunas prácticas que vale la pena incorporar en la rutina diaria, particularmente si usted tiene antecedentes familiares de demencia. Hable con el médico acerca de cualquiera de estas propuestas, especialmente aquellas que implican tomar medicamentos o suplementos.

  • Consumir una dieta baja en grasa.
  • Consumir pescado de agua fría (como atún, salmón y caballa) rico en ácidos grasos omega-3, al menos dos a tres veces a la semana.
  • Reducir la ingesta de ácido linoleico que se encuentra en las margarinas, la mantequilla y los productos lácteos.
  • Incrementar los antioxidantes, como los carotenoides, la vitamina E y la vitamina C, consumiendo muchas frutas y verduras de color oscuro.
  • Mantener una presión arterial normal.
  • Permanecer activo mental y socialmente durante toda la vida.

Pensar en tomar antiinflamatorios no esteroides (AINES), como ibuprofeno. Las drogas estatinas, un tipo de medicamento normalmente usado para el colesterol alto, pueden ayudar a disminuir el riesgo del mal de Alzheimer. Sin embargo, hable con el médico acerca de los pros y contras de la utilización de estos medicamentos para la prevención.
Además, se están haciendo las primeras pruebas de una vacuna contra el mal de Alzheimer.

Dr. Avilio Méndez Flores

[ad code=2 align=center]

El cerebro empieza a reducir el ritmo a los 40 años

1

Cuando disminuimos de ritmo a medida que envejecemos podríamos culpar a las articulaciones adoloridas. Pero esa disminución también tiene que ver con el cerebro: la parte a cargo de la movilidad puede empezar una reducción gradual a los 40 años.

La velocidad con que podemos arrojar una pelota, correr o girar el volante del automóvil depende de la rapidez con que las células envían la orden a los músculos. Y a su vez esta velocidad depende de un buen aislamiento de las conexiones cerebrales.

Una nueva investigación sugiere que a una edad mediana, incluso las personas saludables empiezan a perder parte de ese aislamiento en un sector del cerebro que controla el movimiento, a la vez que su velocidad disminuye ligeramente.

Eso contribuye a explicar por qué “es difícil ser un atleta mundial después de los 40 años”, concluyó el doctor George Bartzokis, neurólogo en la Universidad de California en Los Ángeles que condujo el estudio.

Y aunque pueda parecer deprimente, no es para desanimarse. La investigación indica un motivo más para mantenerse activo física y mentalmente: un cerebro ejercitado puede detectar más rápido el deterioro en el aislamiento y ordenar su reparación a las células correspondientes.

Para Bartzokis, el cerebro es como la Internet. Los movimientos veloces dependen de la longitud de banda, que en el cerebro es la mielina, una especie de vaina grasosa de las fibras nerviosas.

Una mielina saludable -un sólido aislamiento grueso ajustado firmemente a dichas fibras- permite la rápida conducción de las señales eléctricas con las que el cerebro envía sus órdenes. Las descargas eléctricas de alta frecuencia aceleran los movimientos.
Pero mientras la mielina se va produciendo durante la adolescencia, ¿cuándo se torna tan lenta su producción que no basta para reparar el aislamiento deteriorado?

Eso se propuso comprender el nuevo estudio. Bartzokis reclutó a 72 varones saludables, de 23 a 80 años, para someterlos a una prueba sencilla: ver con qué velocidad podían golpetear con el dedo índice. Todos pueden hacerlo, ya que no depende de la fuerza ni del estado físico.

Los investigadores contaron la cantidad de golpecillos que daban los sujetos en 10 segundos y registraban los dos intentos a mayor velocidad sobre un total de diez. Después se les escaneaba el cerebro para detectar la mielina deteriorada en la región que ordena a un dedo efectuar aquel movimiento.

Significativamente, la velocidad de golpeteo y la salud de la mielina alcanzaban su mayor nivel a los 39 años. A partir de allí ambos factores declinaban gradualmente con el avance de la edad, informaron los investigadores el mes pasado en la revista Neurobiology of Aging.

Eso no significa que el resto del cerebro se vea igualmente afectado. Bartzokis tiene algunas evidencias de que la mielina empieza a deteriorarse una década más tarde en las regiones cerebrales responsables de las funciones cognitivas que en las zonas de control motor.

Fuente:AP

[ad code=2 align=center]

El cerebro se hace más veloz gracias al uso de Internet

0

Internet no sólo está cambiando el modo como las personas viven sino cómo funcionan sus cerebros.

Gary Small, neurocientífico de la University of California, en Los Ángeles, especialista en el funcionamiento del cerebro, descubrió mediante estudios que navegar en Internet y enviar mensajes de texto ha hecho a los cerebros más avezados a la hora de filtrar información y tomar decisiones rápidas. Y declaró que, a su juicio, se trata de un cambio evolutivo que pondrá a los expertos en tecnología al frente del nuevo orden social.

Sin embargo, lanza una advertencia: aunque la tecnología acelera el aprendizaje e impulsa la creatividad, también crea adictos cuyos únicos amigos son virtuales y provoca un drástico aumento en el trastorno por déficit de atención. El científico considera que los líderes de la próxima generación serán quienes combinen habilidades tecnológicas y sociales.

Para el experto, el cerebro es muy sensible a los cambios del entorno como los de la tecnología. Señaló que en un estudio realizado sobre 24 adultos mientras utilizaban Internet descubrió que los experimentados duplicaban la actividad en áreas que controlan decisiones y razonamiento complejo, comparado con los novatos en la web. “El cerebro está muy especializado en su sistema de circuitos y si repites tareas mentales una y otra vez reforzará ciertos circuitos neurales e ignorará otros”, declaró Small.

Fuente: Reuters

[ad code=1 align=right]

Go to Top