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Hepatitis A

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Consideraciones generales:

Hepatitis significa inflamación del hígado. Inflamación es la hinchazón dolorosa y de color rojo que ocurre cuando los tejidos del cuerpo se infectan o lesionan. La inflamación puede causar que los órganos no funcionen adecuadamente.

Función del hígado:
El hígado es un órgano que desempeña muchas funciones importantes.
Elimina sustancias químicas dañinas de la sangre.
Combate las infecciones.
Ayuda en la digestión de los alimentos.
Almacena nutrientes y vitaminas.
Almacena energía.
Usted no puede vivir sin hígado.

Definición:

La hepatitis A es una enfermedad viral del hígado.

Historia:

La hepatitis A, también conocida como Ictericia epidémica (Hipócrates) o Ictericia catarral, ya se describía en el siglo XVII generalmente asociada a campañas militares. En la década de los 40 fue diferenciada de la hepatitis B a través de pruebas serológicas para esta última; y en la década de los 70 se aisló el virus de la hepatitis A (VHA), además de desarrollarse otras técnicas de diferenciación de otras hepatitis no B.

Frecuencia:

La hepatitis A se presenta esporádicamente y en epidemias en el mundo entero, y tiende a reaparecer periódicamente. A nivel mundial, las infecciones por VHA ascienden aproximadamente a 1,4 millones de casos al año.

Es una enfermedad distribuida en todo el mundo, que afecta anualmente a alrededor 10 millones de personas. Dicha enfermedad alcanzó sus máximos picos de incidencia en los años 1961 y 1971, para casi desaparecer en la década de los 80. Sin embargo, desde entonces la tasa de incidencia de hepatitis A ha ido en aumento, unos 200.000 casos anuales, de forma que por ejemplo en países tan desarrollados como Estados Unidos, la hepatitis A supone el 25% de los casos de hepatitis y produce alrededor de 100 muertes anuales.

Agente causal:

El virus de la hepatitis A es una partícula sin envoltura de 27-32 nm de diámetro y pertenece a la familia de los picornavirus. Una de sus características es su estricto tropismo por el hígado donde realiza su replicación. La infección celular por picornavirus provoca la lisis de la célula infectada .Sin embargo en el caso del VHA no es necesaria la lisis celular para la liberación de las partículas infecciosas. Por este motivo se cree que la salida del VHA se produce de forma inespecífica a través de la membrana celular.

El virus de la hepatitis A es una de las causas más frecuentes de infección de transmisión alimentaria. Los virus persisten en el medio y pueden resistir los procesos de producción de alimentos usados habitualmente para inactivar y/o controlar las bacterias patógenas.

La enfermedad puede tener consecuencias económicas y sociales graves en las comunidades. Los pacientes pueden tardar semanas o meses en recuperarse y reanudar sus actividades laborales, escolares o cotidianas. La repercusión en los establecimientos de comidas contaminados por el virus y en la productividad local en general puede ser grave.

Epidemiología:

Se pueden distinguir zonas geográficas de nivel elevado, intermedio o bajo de infección por VHA:

• Zonas con altos niveles de infección:
En los países en desarrollo con condiciones de saneamiento y prácticas de higiene deficientes, la mayoría de los niños (90%) han sufrido la infección antes de los 10 años. Los infectados durante la infancia no padecen síntomas visibles. Las epidemias son poco frecuentes porque los niños más mayores y los adultos suelen estar inmunizados. En estas zonas las tasas de morbilidad sintomática son bajas y los brotes epidémicos son raros.

• Zonas con niveles intermedios de infección:
En los países en desarrollo, los países con economías en transición y las regiones con niveles desiguales de saneamiento, los niños suelen eludir la infección durante la primera infancia. Paradójicamente, esas mejoras de la situación económica y del saneamiento pueden traducirse en una mayor vulnerabilidad en los grupos de más edad y en tasas de morbilidad superiores, pues la infección afecta a adolescentes y adultos, y pueden producirse grandes brotes epidémicos.

• Zonas con bajos niveles de infección:
En los países desarrollados con buen nivel de saneamiento e higiene las tasas de infección son bajas. Puede haber morbilidad entre los adolescentes y adultos de los grupos con mayor riesgo, como los consumidores de drogas inyectables, los hombres homosexuales y las personas que viajan a zonas de alta endemicidad, así como en algunas poblaciones aisladas, por ejemplo comunidades religiosas cerradas.

Riesgos:

Cualquier persona puede contraer la hepatitis A. Pero algunas personas son más propensas que otras, entre las que se incluyen
Cualquier persona que no haya sido vacunada o no se haya infectado antes puede contraer la hepatitis A.
En las zonas donde el virus está extendido (alta endemicidad), la mayoría de las infecciones se producen durante la primera infancia.
Las personas que viajan a países en vías de desarrollo.
Las personas que viven con alguien que tiene hepatitis A.
Las personas que usan drogas ilegales, entre las que se incluyen drogas no inyectables.
Entre los elementos de riesgo cabe citar los siguientes:
• Saneamiento deficiente
• Falta de agua salubre
• Drogas inyectables
• Convivencia con una persona infectada
• Relaciones sexuales con una persona con infección aguda por VHA.

Contagio:

Esta enfermedad se transmite por medio de las comidas o de las aguas contaminadas o el contacto con personas infectadas en el momento.

Se puede contraer la hepatitis A mediante el contacto con las heces de una persona infectada.
• Comer alimentos preparados por alguien con hepatitis A que no se lavó las manos después de usar el baño
• Beber agua contaminada o ingiere alimentos lavados con agua contaminada.
• Meter en la boca los dedos o un objeto que estuvo en contacto con las heces infectadas de una persona con hepatitis A.
• Tener contacto personal cercano con una persona infectada, ya sea mediante relaciones sexuales o al cuidar de alguien que contrajo hepatitis A.

La enfermedad está estrechamente asociada a la falta de agua potable, un saneamiento deficiente y una mala higiene personal.

Las epidemias asociadas a alimentos o agua contaminados pueden aparecer de forma explosiva, como la epidemia registrada en Shangai en 1988, que afectó a unas 300 000 personas.

No hay contagio de:
• Alguien que estornuda o que esta tosiendo cerca de usted.
• Sentarse junto a una persona con hepatitis A
• Abrazar a una persona infectada

Incubación:

El virus de la hepatitis A se aloja en las heces de una persona infectada durante el período de incubación de 15 a 45 días antes de que se presenten los síntomas y durante la primera semana de la enfermedad. La sangre y las secreciones corporales también pueden ser infectantes.

Síntomas:

Tienen carácter moderado o grave y comprenden:
• fiebre,
• malestar,
• pérdida de apetito,
• diarrea,
• náuseas,
• molestias abdominales,
• coloración oscura de la orina (coluria),
• ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica ocular).

Los infectados no siempre presentan todos esos síntomas.
Los adultos desarrollan signos y síntomas con mayor frecuencia que los niños, y la gravedad de la enfermedad, así como la mortalidad, aumentan con la edad. Los menores de seis años infectados no suelen tener síntomas apreciables, y solo el 10% muestran ictericia. Entre los niños más mayores y los adultos la infección suele causar síntomas más graves, con ictericia en más del 70% de los casos.

Los síntomas asociados con la hepatitis A son similares a los de la gripe, pero la piel y los ojos se tornan amarillos (ictericia), debido a que el hígado, por la inflamación, no es capaz de filtrar la bilirrubina de la sangre.

Los niños menores de 6 años por lo general no presentan síntomas. Los niños de mayor edad y los adultos usualmente presentan síntomas leves parecidos a los de la gripe o influenza.

A diferencia de las hepatitis B y C, la hepatitis A no causa hepatopatía crónica y rara vez es mortal, pero puede causar síntomas debilitantes y hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que se asocia a una alta mortalidad.

El virus de la hepatitis A no permanece en el cuerpo después de que la infección se ha resuelto y no hay estado de portador (una persona o animal que disemina la enfermedad a otros pero que no resulta enfermo).

Diagnóstico:

En el examen físico del abdomen, el médico puede descubrir un agrandamiento y sensibilidad del hígado.

En sangre se encontrarán disminuidos los linfocitos y elevadas las transaminasas y la bilirrubina. En orina aparecerá aumentada también esta última o sus derivados.
Los análisis de sangre indicarán si es hepatitis A o algún otro tipo de hepatitis.

Diagnóstico diferencial:

Otras infecciones comunes por el virus de la hepatitis son la hepatitis B y de la hepatitis C, pero la hepatitis A es la menos grave y la más leve de estas enfermedades. De hecho, la hepatitis A, a diferencia de las otras dos, no se vuelve crónica.

Tratamiento:

No existe un tratamiento específico para la hepatitis A, pero se recomienda al paciente estar en reposo durante la fase aguda de la enfermedad, cuando los síntomas son más severos. Además, las personas con hepatitis aguda deben evitar el consumo de alcohol y cualquier sustancia que sea tóxica para el hígado, incluyendo el acetaminofén

Las comidas grasosas pueden causar vómitos debido a que las secreciones del hígado que se necesitan para digerir las grasas están disminuidas y lo mejor es evitarlas durante la fase aguda.

Más del 85% de las personas con hepatitis A se recuperan en un período de tres meses y más del 99% se recuperan dentro de un período de 6 meses.
La hepatitis A usualmente mejora sin tratamiento alguno en pocas semanas. Descansar mucho y evitar bebidas alcohólicas ya que causan problemas al hígado. El médico le puede recetar medicamentos para aliviar los síntomas o le hará saber qué medicamentos deberá evitar.

Al recuperarse, el cuerpo habrá aprendido a combatir futuras infecciones de hepatitis A. De todas formas, aún así puede contraer otros tipos de hepatitis.

Generalmente no hay complicaciones.

Prevención:

La transmisión del virus se puede prevenir evitando agua y alimentos que puedan no estar limpios, y mediante un lavado cuidadoso de las manos después de usar el sanitario, así como con una limpieza minuciosa si hay algún contacto con la sangre, las heces o cualquier líquido corporal de una persona afectada.

Las personas que permanecen en guarderías o en instituciones en las que están en contacto cercano con otras personas pueden ser más susceptibles a la rápida transmisión de la hepatitis A. Sin embargo, un lavado minucioso de las manos y buenos hábitos de higiene antes y después de cada cambio de pañal, antes de servir los alimentos y después de usar el sanitario pueden ayudar a prevenir epidemias institucionales.

La inmunoglobulina se debe administrar a todos los que están en contacto cercano con personas con hepatitis A.

Las personas que se deben vacunar son, entre otras, las siguientes:

Aquellas que viajen a áreas o países con niveles altos de hepatitis A. También los drogadictos y aquellas que padezcan la infección crónica de hepatitis B ó C

La vacuna contra la hepatitis A se aplica mediante dos inyecciones. La segunda inyección se administra de 6 a 12 meses después de la primera inyección. Se requieren ambas inyecciones para estar totalmente protegido del virus.
Todos los niños deben recibir la vacuna y haber cumplido al menos 12 meses de edad para recibir la primera inyección.
Los adultos corren mayor riesgo de contraer la hepatitis A y las personas con enfermedad crónica del hígado también se deben vacunar.

Si usted tiene planeado viajar a países donde la hepatitis A es común, trate que le administren ambas inyecciones antes de su viaje. Si usted no tiene tiempo para recibir ambas inyecciones antes del viaje, haga que le administren la primera inyección lo antes posible.
La mayoría de personas desarrollan cierta protección en las primeras 2 semanas luego de la primera inyección.

Usted puede protegerse a sí mismo y proteger a los demás de la hepatitis A de las siguientes maneras:
Siempre lávese las manos con agua tibia enjabonada después de ir al baño, cambiar pañales y antes de preparar alimentos o comer.
Cuando visite un país en vías de desarrollo, use agua embotellada para beber, hacer cubitos de hielo y lavar frutas y verduras.

La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.

La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:
• Sistemas adecuados de abastecimiento de agua potable
• Eliminación apropiada de las aguas residuales de la comunidad
• Prácticas de higiene personal tales como el lavado regular de las manos con agua salubre.

No hay ninguna vacuna autorizada para niños menores de un año.
Al cabo de un mes de haber recibido una sola dosis de la vacuna, casi el 100% de las personas habrá desarrollado niveles protectores de anticuerpos. Incluso después de la exposición al virus, una dosis de la vacuna dentro de las dos semanas posteriores al contacto con el virus tiene efectos protectores. Aun así, los fabricantes recomiendan dos dosis de la vacuna para garantizar una protección a más largo plazo, de entre cinco y ocho años.
Millones de personas han sido vacunadas en todo el mundo y no han sufrido efectos adversos graves. La vacuna se puede administrar en el marco de los programas ordinarios de vacunación infantil y puede emplearse junto con otras vacunas administradas a los viajeros.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Cirrosis del hígado

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Consideraciones generales:

Cualquier enfermedad que produzca una inflamación crónica del hígado puede, en el curso de años, llegar a producir cirrosis.

Son varias las complicaciones que pueden desembocar en una cirrosis hepática, por ello esta puede ser una forma de enfermar, más que una enfermedad en sí.
La importancia del hígado y sus enfermedades muchas veces pasan desapercibidas, y lo grave del asunto es que, si no se trata a tiempo, la consecuencia prácticamente inmediata es la muerte.

Definición:

La cirrosis hepática es una inflamación crónica del hígado que provoca la aparición de fibrosis (formación de cicatrices) y de nódulos, por una acumulación desordenada de los hepatocitos (células del hígado) produciendo una disminución de sus funciones y bloqueando parcialmente la circulación de la sangre a través del hígado.

Fisiología:

El hígado es la víscera más grande del cuerpo humano con más de 500 funciones entre las que se destacan la producción de nueva y rápida energía cuando el cuerpo la necesita, previene la escasez de energía almacenando varia vitaminas, minerales y azúcares, produce sustancias proteicas en el cuerpo, regula la coagulación de la sangre, produce bilis y ayuda a la digestión de los alimentos; controla la producción y excreción de colesterol; destruye sustancias tóxicas, descompone los alcoholes, controla y mantiene los niveles propios de muchos químicos y drogas en la sangre.

Causas:

La cirrosis tiene varias causas. En algunos países, las causas más comunes de cirrosis son el consumo abundante de alcohol y la hepatitis C crónica. La obesidad se está convirtiendo en una causa común de cirrosis, ya sea como causa única o en combinación con el alcohol, con la hepatitis C o con ambos. Muchas personas con cirrosis tienen más de una causa de daño hepático.
La cirrosis no es causada por trauma de hígado u otras causas de daño agudo o de corto plazo. Generalmente, años de lesión crónica son necesarios para causar la cirrosis.

Enfermedad hepática relacionada con el alcohol:

La mayoría de las personas que consumen alcohol no sufren daño hepático. Pero el consumo abundante de alcohol durante varios años puede causar una lesión crónica en el hígado. La cantidad de alcohol necesaria para provocar daño hepático varía mucho de una persona a otra. En el caso de las mujeres, consumir de dos a tres tragos (incluidos la cerveza y el vino) por día y en el caso de los hombres, de tres a cuatro tragos por día, puede provocar daño hepático y cirrosis. En el pasado, la cirrosis relacionada con el alcohol causaba más muertes que la cirrosis provocada por cualquier otra causa. Las muertes que son consecuencia de la cirrosis relacionada con la obesidad están aumentando.

Hepatitis C crónica:

El virus de la hepatitis C es una infección hepática que se transmite por contacto con la sangre de una persona infectada. La hepatitis C crónica provoca inflamación y daño al hígado que con el tiempo puede causar cirrosis.

Hepatitis B y D crónicas:

El virus de la hepatitis B es una infección hepática que se transmite por contacto con la sangre, semen u otro fluido corporal de una persona infectada. La hepatitis B, como la hepatitis C, provoca inflamación y lesiones al hígado que pueden provocar la cirrosis. La vacuna contra la hepatitis B se les administra a todos los bebés y a muchos adultos para prevenir el virus. La hepatitis D: es otro virus que infecta el hígado y puede provocar cirrosis, pero sólo se presenta en personas que ya tienen hepatitis B.

Enfermedad de hígado graso no alcohólica:

aquí se provoca un aumento de la grasa en el hígado que finalmente causa la cirrosis. Esta enfermedad hepática cada vez más común está asociada con la obesidad, la diabetes, la desnutrición proteica, la enfermedad de las arterias coronarias y los medicamentos corticoesteroides.

Hepatitis autoinmune:

Esta forma de hepatitis es causada por un ataque del sistema inmunitario del cuerpo a las células del hígado, lo que provoca inflamación, daño y finalmente cirrosis. Los investigadores creen que hay factores genéticos que pueden hacer que algunas personas sean más propensas a las enfermedades autoinmunes. Alrededor de un 70 por ciento de las personas con hepatitis autoinmune son mujeres.

Enfermedades que dañan o destruyen las vías biliares:

Varias enfermedades pueden dañar o destruir las vías por donde se transporta la bilis desde el hígado, lo que provoca el reflujo de la bilis en el hígado y cause cirrosis. En los adultos, la afección más común de esta categoría es la cirrosis biliar primaria, enfermedad en la que las vías biliares se inflaman y se dañan y, finalmente, desaparecen. La cirrosis biliar secundaria puede presentarse si las vías se atan o lesionan por error durante una cirugía de vesícula biliar. La colangitis esclerosante primaria es otra afección que provoca daño y cicatrices en las vías biliares. En los bebés, el síndrome de Alagille o la atresia biliar, afecciones en las que las vías no existen o están lesionadas, comúnmente provocan daño del hígado.
Enfermedades hereditarias. La fibrosis quística, el déficit de alfa-1-antitripsina, la hemocromatosis, la enfermedad de Wilson, la galactosemia y las glicogenosis son enfermedades hereditarias que interfieren con la forma en que el hígado produce, procesa y almacena enzimas, proteínas, metales y otras sustancias que el cuerpo necesita para funcionar adecuadamente. Estas afecciones pueden causar cirrosis.

Medicamentos, toxinas e infecciones:

Otras causas de cirrosis pueden ser las reacciones a medicamentos, la exposición prolongada a químicos tóxicos, las infecciones parasitarias y los ataques repetidos de insuficiencia cardíaca con congestión del hígado.

Patogenia:

La consecuencia del daño en el hígado. producto de las enfermedades hepáticas, es la insuficiencia del órgano para cumplir sus funciones, acarreando complicaciones en el organismo. Además, se puede presentar resistencia al paso de sangre en el hígado, originando una hipertensión portal que deriva en sangrado por las varices del esófago o ascitis, por acumulación de líquido en la zona abdominal.

Síntomas:

Muchas personas con cirrosis no presentan síntomas en las primeras etapas de la enfermedad. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza, la persona puede experimentar los siguientes síntomas:
• debilidad
• fatiga
• pérdida del apetito
• náuseas
• vómitos
• pérdida de peso
• dolor abdominal e hinchazón cuando se acumula líquido en el abdomen
• picazón
• vasos sanguíneos en forma de araña cerca de la superficie de la piel

Si por el contrario la cirrosis es descompensada los síntomas son:
Acumulación de líquido en el abdomen (ascitis)
Coloración amarillenta de la piel y mucosas (ictericia)
Trastornos de la conciencia (encefalopatía hepática). La E.H. es un trastorno neurológico, con una disminución variable del nivel de consciencia que va del adormecimiento al coma, y psiquiátrico habitualmente reversible con el tratamiento, que puede aparecer en las cirrosis descompensadas. Esta alteración tiene una serie de factores desencadenantes como: estreñimiento, consumo de sedantes, infecciones, consumo excesivo de proteínas, abuso de diuréticos y hemorragia digestiva entre otros.

Hemorragia digestiva por rotura de varices esofágicas (Las varices esofágicas se producen cuando debido a la obstrucción y dificultad del flujo sanguíneo a su paso por el hígado, aumenta la presión de la vena encargada de suministrar al mismo (vena porta), provocando un aumento o dilatación de las venas que tenemos en el esófago).

Diagnóstico:

El diagnóstico de cirrosis generalmente se basa en la presencia de un factor de riesgo para cirrosis, como por ejemplo el consumo de alcohol o la obesidad, y se confirma mediante exámenes físicos, pruebas de sangre e imágenes. El médico preguntará acerca de la historia médica y los síntomas de la persona y realizará un examen físico completo para buscar signos clínicos de la enfermedad. Por ejemplo, en el examen abdominal, el hígado puede sentirse duro o agrandado con signos de ascitis. El médico indicará pruebas de sangre que pueden resultar útiles para evaluar el hígado y aumentar la sospecha de cirrosis.

Para ver en el hígado signos de aumento de tamaño, flujo sanguíneo reducido o ascitis, el médico puede indicar una tomografía computarizada (TC), una ecografía, una resonancia magnética (RM) o una gammagrafía del hígado. El médico puede observar el hígado directamente introduciendo un laparoscopio en el abdomen. El laparoscopio es un instrumento que tiene una cámara que transmite imágenes a un monitor.

El diagnóstico de cirrosis se puede confirmar mediante una biopsia de hígado, pero no siempre resulta necesaria. Generalmente, la biopsia se realiza si el resultado puede tener un impacto sobre el tratamiento. La biopsia se realiza mediante la introducción de una aguja entre las costillas o en una vena en el cuello. Se toman precauciones para minimizar las molestias. Se examina una pequeña muestra de tejido hepático con un microscopio para buscar cicatrices u otros signos de cirrosis. A veces, durante la biopsia se encuentra una causa de daño hepático que no es cirrosis.

Tratamiento:

El tratamiento de la cirrosis depende de la causa de la enfermedad y si hay complicaciones presentes. Los objetivos del tratamiento son enlentecer el avance del tejido cicatricial en el hígado y prevenir o tratar las complicaciones de la enfermedad. Para la cirrosis con complicaciones, es posible que sea necesaria la hospitalización.
Consumir una dieta nutritiva: Como la desnutrición es común en las personas con cirrosis, es importante consumir una dieta saludable en todas las etapas de la enfermedad. Los proveedores de la salud recomiendan un plan de alimentación bien balanceado. Si se presenta ascitis, se recomienda una dieta baja en sodio. Una persona con cirrosis no debe comer mariscos crudos, los cuales pueden contener una bacteria que causa infecciones graves. Para mejorar la nutrición, el médico puede agregar un complemento líquido que se administre por vía oral o a través de un tubo naso gástrico, un tubo muy pequeño que se introduce por la nariz y la garganta hasta alcanzar el estómago.
Evitar el alcohol y otras sustancias: Se recomienda que las personas con cirrosis no consuman alcohol ni sustancias ilícitas, porque ambas provocarían más daño hepático. Muchas vitaminas y medicamentos, recetados y de venta libre, pueden afectar la función hepática, antes de tomarlos se debe consultar a un médico.
El tratamiento para la cirrosis también trata complicaciones específicas. Para el edema y la ascitis, el médico recomendará diuréticos, los cuales son medicamentos para eliminar líquidos del cuerpo. Se pueden eliminar grandes cantidades de líquido ascítico del abdomen y hacer pruebas de peritonitis bacteriana. Se pueden recetar antibióticos orales para evitar las infecciones. Las infecciones graves con ascitis requerirán antibióticos por vía intravenosa.
El médico puede recetar un betabloqueante o nitrato para la hipertensión portal. Los betabloqueantes pueden disminuir la presión en las várices y reducir el riesgo de hemorragias. Las hemorragias gastrointestinales requieren una endoscopia alta para buscar varices esofágicas. El médico puede realizar una ligadura con una banda utilizando un dispositivo especial para comprimir las várices y detener la hemorragia. Las personas que han tenido várices anteriormente quizás necesiten tomar medicamentos para evitar episodios en el futuro.
La encefalopatía hepática se trata limpiando el intestino con lactulosa, que es un laxante que se da oralmente o mediante enemas. Si es necesario, se agregan antibióticos al tratamiento. Es posible que se les indique a los pacientes que disminuyan el consumo de proteínas en la dieta. La encefalopatía hepática puede mejorar si controlan las otras complicaciones de la cirrosis.
Las personas con cirrosis que presentan insuficiencia hepato renal deben someterse a un tratamiento de hemodiálisis periódico, el cual utiliza una máquina para limpiar los desechos de la sangre. Además, se administran medicamentos para mejorar el flujo sanguíneo a través de los riñones.
Otros tratamientos atienden las causas específicas de la cirrosis. El tratamiento para la cirrosis causada por hepatitis depende del tipo específico de hepatitis. Por ejemplo, para la hepatitis viral se recetan interferón y otros medicamentos antivirales, la hepatitis autoinmune requiere corticoesteroides y otros medicamentos que deprimen el sistema inmunitario.
Se administran medicamentos para tratar varios síntomas de la cirrosis, como por ejemplo la picazón y el dolor abdominal.

Indicación de trasplante de hígado:
Se considera la posibilidad de un trasplante de hígado cuando no se pueden controlar las complicaciones mediante tratamiento. El trasplante de hígado es una operación importante en la que se extirpa el hígado enfermo y se reemplaza por uno sano de un donante de órgano. Un equipo de profesionales de la salud determina los riesgos y beneficios del procedimiento para cada paciente. En los últimos años las tasas de supervivencia han mejorado como consecuencia de los medicamentos que suprimen el sistema inmunitario y evitan que este ataque dañe el hígado nuevo.
El número de personas que necesita un trasplante de hígado supera ampliamente el número de órganos disponibles. Una persona que necesita un trasplante debe someterse a un complejo proceso de evaluación antes de ser agregado a una larga lista de espera para trasplantes. Generalmente, los órganos se les dan a las personas que tienen posibilidades de vivir más tiempo después del trasplante. La supervivencia después de un trasplante requiere un seguimiento intensivo y colaboración por parte del paciente y del médico.

Complicaciones:

A medida que la función hepática se deteriora, se puede presentar una o más complicaciones. En algunas personas, las complicaciones pueden ser los primeros signos de la enfermedad:

Edema y ascitis:

Cuando el daño hepático pasa a una etapa avanzada, se acumula líquido en las piernas, llamado edema, y en el abdomen, llamado ascitis. La ascitis puede provocar peritonitis bacteriana, que es una infección grave.

Moretones y hemorragias:

Cuando se detiene o enlentece la producción de proteínas necesarias para la coagulación sanguínea por parte del hígado, la persona sufre moretones o hemorragias fácilmente.

Hipertensión portal:

Normalmente, la sangre se transporta desde los intestinos y el bazo al hígado a través de la vena porta. Pero la cirrosis enlentece la circulación normal de la sangre, lo que aumenta la presión en la vena porta. Esta afección se llama hipertensión portal.

Várices esofágicas y gastropatía:

Cuando se presenta la hipertensión portal, puede provocar vasos sanguíneos agrandados en el esófago, llamados várices, o en el estómago, llamado gastropatía, o ambos. Los vasos sanguíneos agrandados tienen más probabilidades de reventarse debido a paredes delgadas y al aumento de presión. Si se revientan, pueden provocar hemorragias graves en el esófago o en la parte superior del estómago, lo cual requerirá atención médica inmediata.

Esplenomegalia:

Cuando se presenta la hipertensión portal, con frecuencia el bazo se agranda y retiene glóbulos blancos y plaquetas, disminuyendo el número de estas células en la sangre. Una baja cantidad de plaquetas puede ser la primera prueba de que una persona padece cirrosis.

Ictericia:

La ictericia se presenta cuando el hígado enfermo no elimina suficiente bilirrubina de la sangre, lo que provoca una coloración amarillenta de la piel y en el blanco de los ojos, y oscurecimiento de la orina. La bilirrubina es el pigmento que le da a la bilis el color amarillo rojizo.
Cálculos biliares. Si la cirrosis no permite el flujo libre de la bilis desde y hacia la vesícula biliar, la bilis se endurece y se forman cálculos biliares.

Sensibilidad a medicamentos:

La cirrosis enlentece la capacidad del hígado de filtrar medicamentos de la sangre. Cuando esto ocurre, los medicamentos actúan por más tiempo de lo normal y se acumulan en el cuerpo. Esto provoca una mayor sensibilidad de la persona a los medicamentos y a sus efectos secundarios.

Encefalopatía hepática:

Si el hígado falla, no puede eliminar toxinas de la sangre y finalmente éstas se acumulan en el cerebro. La acumulación de toxinas en el cerebro, llamada encefalopatía hepática, puede provocar una disminución del funcionamiento mental y coma. Los signos de disminución del funcionamiento mental incluyen confusión, cambios de personalidad, pérdida de la memoria, problemas de concentración y cambio en los hábitos de sueño.

Resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2:

La cirrosis provoca resistencia a la insulina, una hormona producida por el páncreas que le permite al cuerpo usar la glucosa como energía. Con la resistencia a la insulina, los músculos y grasas del cuerpo así como las células del hígado no usan la insulina adecuadamente. El páncreas intenta satisfacer la demanda de insulina produciendo más, pero el exceso de glucosa se acumula en el torrente sanguíneo y causa la diabetes tipo 2.

Cáncer de hígado:

El carcinoma hepatocelular es un tipo de cáncer de hígado que puede presentarse en las personas con cirrosis. El carcinoma hepatocelular tiene una tasa de mortalidad alta, pero hay varias opciones de tratamiento disponibles.

Otros problemas:

La cirrosis puede causar disfunción del sistema inmunitario, lo que provoca riesgo de infección. La cirrosis también puede causar insuficiencia renal y pulmonar, conocidas como síndrome hepato renal y síndrome hepato pulmonar.

Mortalidad:

La cirrosis es la doceava causa de muerte por enfermedad, causando 27,000 muertes por año.

Prevención:

Entre las prácticas sencillas que se tiene para proteger al hígado son: el procurar una dieta sana, con abundante fibra, frutas y vegetales; evitar el sobrepeso, no ingiera medicamentos sin prescripción médica, no mezclar la ingesta de alcohol con el de medicamentos, evitar el exceso en la ingesta de bebidas alcohólicas; vacunarse contra la hepatitis, la A y B.

Dr. Avilio Méndez Flores

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La ictericia del recién nacido

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Existen 2 causas: por incompatibilidad sanguínea o por un proceso inflamatorio agudo infeccioso o no.

La incompatibilidad sanguínea se produce cuando el grupo sanguíneo y rh que el niño adquirido por herencia sean particularmente distintos al de la madre; la cual será grupo O, o rh (-) y el niño grupo A, o B, o AB, o rh (+). Esta condición se encuentra en los glóbulos rojos, y en este caso en particular, se comporta como un antígeno, contra el cual el organismo de la madre podría fabricar anticuerpos que tienden a destruir los glóbulos rojos del niño, incluso en algunos casos poco antes de nacer.

En el caso de un proceso inflamatorio adquirido después del nacimiento, este tinte amarillo se manifestará después de las 24 horas, generalmente durante la cicatrización del ombligo, donde también va a producirse destrucción de una pequeña parte de los glóbulos rojos, o en mayor cantidad si se desarrolla un cuadro infeccioso en el niño.

En cualquiera de los 2 casos, la destrucción de glóbulos rojos libera la hemoglobina que poseen y esta se transforma en bilirrubina, que es un pigmento de color amarillo, que al no ser procesado suficientemente por el hígado, pasa a los tejidos del organismo donde se deposita, y en la piel va ser visible su color.

Su riesgo depende de la causa. Cuando es debido a una incompatibilidad sanguínea, ésta es más peligrosa cuanto más temprano se presente la ictericia. Cuando se trata del proceso inflamatorio previo a la cicatrización total del ombligo, aparte de que se presenta más tardía, no suele ser muy intensa, pero igualmente amerita ser vigilada hasta su desaparición.

La complicación temible es el daño cerebral irreversible (kernícterus) que pueda causar cuando los niveles de bilirrubina suben excesivamente (más 20 mgs. %).

El manejo inicial inmediato es la fototerapia mientras el tinte amarillo sea leve y la bilirrubina se mantenga en niveles bajos. En casos agudos o de pronóstico reservado se recurre a la exanguinotransfusión la cual puede repetirse si es necesario.

Dr. Avilio Méndez Flores

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