Los niños entienden el ingreso al hospital de maneras muy distintas. Todo depende de la edad que tenga, del carácter y de su desarrollo psicomotor, de cuántos días tendrá que permanecer en el hospital, de la enfermedad que padezca, si siente dolores y molestias, si su físico ha cambiado, y qué tipo de compañía le hacen.

Si un niño tiene que estar bastante tiempo ingresado en un hospital, necesitará de más cuidados y cariño. Estar en un hospital no es lo mismo que estar en casa, en el colegio, o en un parque infantil. Tanto las enfermeras como todo el personal médico buscan hacer lo posible para que los niños se sientan a gusto. Intentan hacer que esa estancia sea lo menos aburrida y que se acerque en lo posible a su vida cotidiana. Pero no deja de ser una tarea muy complicada.

Una de las formas que les ofrece más seguridad es la compañía de los padres. Si no puede estar con su mamá o su papá todo el tiempo, es conveniente que se quede algún familiar de apego. Al igual que los adultos, hay niños que se ponen nostálgicos o se desesperan porque quieren irse rápido para su casa. Si la hospitalización es larga, los papás pueden tomar fotos de la casa, de su cuarto o de su mascota y mostrárselas, para que el niño sepa que todo está como lo dejó. Eso puede ayudarlo a sentirse motivado.

Es ideal que el niño pueda tener consigo sus juguetes favoritos, hojas blancas y creyones. Ellos no suelen manifestar mucho sus preocupaciones, pero drenan mucho a través de los dibujos y los juegos y eso hay que aprovecharlo.
La función de los padres es ofrecerles confianza y contención. No hay que descalificar o minimizar las emociones que el niño exprese, sino reconocérselas y darle ánimo.

Considerando la personalidad y el grado de madurez de ese hijo, también es recomendable que los papás puedan prepararlo psicológicamente si le van hacer cirugías o exploraciones. Hay cosas que pueden plantearse como un juego, y se pueden usar dibujos y un lenguaje que se adapte a su edad para explicarles cómo eso les va a ayudar a sentirse mejor. Así es más probable que el niño colabore.

Si las condiciones médicas lo permiten, el niño no tiene por qué atrasarse demasiado en el colegio. Es conveniente hablar con la maestra para que le indique cuáles son los objetivos que se están trabajando en clase, y tratar de cumplirlos con él; eso además lo ayuda a distraerse. Tampoco está demás que sus amiguitos puedan llamarlo o visitarlo. De lo que se trata es de hacerle la estadía lo más grata y relajada posible.

Es importante que los padres se turnen, porque si la mamá no ha descansado lo suficiente y está muy cargada emocionalmente, tiende a descargar su irritabilidad con el personal de salud delante del niño, y eso luego puede predisponerlo contra los médicos o las enfermeras. El niño debe ser capaz de confiar en todos los que están allí para ayudarlo.

Es importante que, mientras el niño esté hospitalizado, reciba todo el apoyo necesario para que se recupere lo antes posible, y que vuelva a su vida habitual.

Estos son algunos consejos:

• Hablar con el niño sobre su enfermedad, aclarando sus dudas y miedos. Eso le quitará cualquier preocupación con lo que puede ocurrirle en el hospital, y le dejará más tranquilo. Si el niño se siente seguro, se adaptará mejor a cualquier situación.
• Aunque esté en un hospital, permitiéndole distracción a través del juego los niños pueden expresar sus miedos y temores. Proponerle hacer dibujos, a conocer el material médico (jeringas, estetoscopio, etc.), y a la vez charlar con él acerca de su recuperación.
• Ayudar al niño a curarse, participando siempre en los cuidados médicos. Se le puede cambiar algún vendaje, caminar un rato con él por el pasillo del hospital, ayudarle a hacer ejercicios de rehabilitación, y lo que necesite.
• Llevarle algunos libros o revistas. Leer cuentos para él, y luego ejercite la interpretación del texto para que él se distraiga. Los juegos de mesa también son muy buenos para olvidarse de la rutina.
• Si el personal médico lo permite, invita a que algunos amigos del niño vengan a visitarlo al hospital. El niño vivirá momentos entrañables con sus amigos.
• Si la estancia en el hospital es larga, animarlo con un regalo sorpresa, principalmente en los días en que notes que él se encuentra más desanimado.
• Es importante que el niño no se sienta sólo o aislado. La familia es un factor importante en su recuperación. Es conveniente potenciar la comunicación del niño con los demás miembros de la familia, a través de visitas, de cartas, del teléfono, etc.
• Crea una agenda diaria de todas las actividades que tendrá que desarrollar el niño en el hospital. Así seguirá las normas con más facilidad y seguridad. Ejemplo: hora del desayuno, de analíticas, del almuerzo, de juego, de lectura, de dormir, etc.
• Tener mucha paciencia y tolerancia con el niño. No olvidar que él está viviendo una situación diferente, y seguramente eso repercutirá en su carácter, en su forma de comportar. apoyarle y demostrar todo el amor que se siente por él, en los buenos y en los malos momentos.

Evolución histórica de la hospitalización infantil:

Los niños han carecido prácticamente de derechos hasta la Revolución Francesa. En la antigüedad el niño era una simple posesión de alguien o un ser abandonado. Fue a finales siglo XVIII, cuando la Revolución Francesa, en su ímpetu liberador, alcanzó también a los niños, y se promulgaron decretos a favor de los pequeños abandonados, estipulando que su educación tendría que correr a cargo del estado de la nación. Con fin de abaratar los costes, algunos de estos se encerraron en hospicios, donde la mortalidad era superior al noventa por ciento.

Con la Revolución Industrial Inglesa, en la época de máxima explotación laboral de la infancia, con jornadas de dieciséis horas diarias en las minas o telares, se dieron medidas legislativas a favor de la regulación del trabajo de los niños.

Entre tanto, los hospitales pediátricos, eran simples hospicios hasta primeros de siglo, que experimentaron un gran desarrollo. De la mano del progreso científico y la eclosión tecnológica, la medicina parecía haber alcanzado el rango de ciencia dura.

El conocimiento avanzó enormemente, pero al precio de fragmentarse la atención en los órganos y sistemas de la visión global del hombre enfermo. El médico estaba más atento a las causas que a las consecuencias de la enfermedad. Las condiciones de bienestar del paciente eran totalmente secundarias en la hospitalización; consideradas de pérdida de tiempo a la hora de diagnosticar y llevar a cabo la cura pertinente.

El niño carecía, aun así, de auténticos derechos. En aquel momento histórico no es de extrañar que la presencia de los padres en el hospital fuese considerada como un estorbo, y el niño debía de permanecer solo, allí dentro, en tanto que las visitas de los padres eran espaciadas y rechazas, o prohibidas totalmente, como ocurrió en numerosos hospitales y países hasta los años cincuenta.

Sin embargo, se conocían los efectos milagrosos de la compañía de los padres por estudios, en los cuales se demostraba que el 10% de los niños que sobrevivían a los hospicios, habían estado en compañía de sus padres. Se sabía también que el efecto curaba.
Las explicaciones que se daban de la hospitalización con separación forzosa eran:

Los niños que padecían una enfermedad de infección, los padres podían aportar más microbios, o simplemente contagiarse. Manteniéndose así en una especie de cuarentena.

Los padres podían inferir en el tratamiento adecuado de los niños, abalado descaradamente de funcional.

Los padres harían más difícil la adaptación del niño al hospital.

Porque los niños lloran cuando sus padres marchan.

Dando por la consiguiente solución, que el niño no vea sus padres.

Más tarde se le denominaría síndrome de deprivación materna, puesto que era la separación, y no el hospital, la que causaba trastornos secuénciales del comportamiento en los niños, que acaban con marasmo físico y un afectación intelectual que venía a ser irreversible después de un cierto tiempo de separación, aun restituyendo a los padres.

En los años treinta numerosos autores establecieron de forma concluyente que la separación del niño hospitalizado constituía una agresión que producía secuelas de diferente gravedad en función de los casos, sujetos y duración. Tales problemas serían especialmente importantes y objetivables en niños de edades comprendidas entre los 7 meses y los 5 años.

En relación con la hospitalización de los recién nacidos y bebes considerados a grandes rasgos como de menos riesgo porque sus explicaciones son más difíciles de entender, fueron tal vez los primeros en disfrutar de la visita de sus madres o padres, cuando se comprobó hace 25 años en Inglaterra, que las caricias y los arrullos eran lo único que funcionaba en ciertos niños para que aumentaran de peso.

Los bebe sienten un apego intenso y natural hacia la madre, sea o no biológica y, al igual que el niño, la separación de la madre constituye una amputación ecológica.

En el hospital de Calabozo, estado Guárico, Venezuela se comenzó a permitir la presencia permanente de la madre con el niño hospitalizado en el servicio de pediatría el 1º de julio de 1965, y así se ha mantenido con resultados positivos en la evolución del pequeño paciente.

Sin embargo, existen una serie de variables que intervienen en una experiencia de hospitalización y que pueden influir en las reacciones del niño enfermo hospitalizado, la naturaleza de la enfermedad, la duración de la hospitalización, experiencias previas en hospitales y con médicos, la ubicación de la curación, comprensión de lo que les ocurre, el lenguaje que con él se utilice, la edad, sexo y desarrollo cognitivo.

El enfermo se encuentra solo en un ambiente extraño; olores extraños y rodeado de gentes vestidas de formas extrañas. Allí no se sabe nunca lo que va a ocurrir. Desayuna casi de noche, cena de día. Por la noche encienden luces y le colocan termómetros o le pinchan. Todo ha cambiado; el sueño, las comidas. El hospital muestra así un paréntesis en su vida.

Existen muchas evidencias que documentan el serio problema e impacto psicológico que la hospitalización puede causar en los niños. Hay una gran variedad de síntomas y problemas de personalidad que se aprecian que pueden aparecer en el niño hospitalizado. Todos ellos a consecuencia del estrés y de la angustia. Hay también niños que muestran reacciones adversas a la experiencia estresante de la hospitalización y cirugía mientras están en el hospital y han vuelto de nuevo a su casa.

Hoy rara vez se da la llamada depresión anaclítica o regresiva, una fase de protesta, de retraimiento y de ausencia del mundo. Pero es probable que se dé con algunas variaciones individuales, como la edad, advirtiendo los siguientes estadios;

• Al principio el niño llora, sacude la cuna, mira continuamente hacía el lugar por donde puede venir la madre
• Luego se vuelve retraído, triste, inactivo…
• En la última fase muestra indiferencia, un estado vegetativo.

Apenas es observable en las hospitalizaciones actuales, porque la madre se ve sustituida por las enfermeras, así, cuando ve a la madre, el niño la rechaza. Estableciendo una relación más estrecha con alguna enfermera en concreto. No es que este adaptado, lo que tiene es una gran dificultad para adaptarse a la enfermedad, se podría decir, que se le añade más enfermedad.

Hay una amplia variedad de problemas que acechan al niño y son bien conocidos por los pediatras y educadores, trastornos que suceden incluso en casos de corta hospitalización, como se ha demostrado en estudios, por ejemplo, depresión, ansiedad, temor a los médicos y a los hospitales.

Las reacciones más comunes en las experiencias de hospitalización son;

• Obsesión hipocondríaca o verdaderas alucinaciones sobre funciones corporales.
• Depresión, inquietud y ansiedad.
• Terror a los hospitales, personal médico, agujas, procedimientos de diagnostico como los rayos X y la ingestión de fármacos.
• Enuresis o encopresis diurna o nocturna.
• Síntomas histéricos, como pérdida de la voz después de una amigdalectomía.
• Miedo a la muerte.
• Mutismo, regresión autista a grados de incomunicación o retraimiento en el contacto con la gente.
• Problemas de alimentación como rechazo o hiperfagia.
• Movimientos espasmódicos involuntarios de la cara o los parpados, es decir, tics.
• Alteraciones del sueño, como insomnio, pesadillas o fobias a la oscuridad.
• Regresión a niveles de comportamiento más primitivos y pérdida de los niveles adquiridos previamente o del aprendizaje o conducta social.

Algunas de las conductas posibles que el niño puede manifestar tras la hospitalización puede ser el ir siempre detrás de su madre a cualquier lugar de la casa, ponerse nervioso al oír mencionar a los médicos o el hospital, tener pesadillas, etc. En la medida en que estas reacciones se manifiesten o aparecen conjuntamente con otras, indican el grado de impacto adverso que ha tenido la experiencia.

La hospitalización contiene la posibilidad de efectos emocionales beneficiosos en algunos pacientes infantiles, aunque la posibilidad de que la experiencia sea traumática es grave. No todas las hospitalizaciones y enfermedades son necesariamente un trauma.

La hospitalización se pude constituir como una experiencia que permita favorecer de alguna manera el desarrollo infantil, así como enfocarla hacia la posibilidad de intervenir para prevenir, disminuir o eliminar los efectos perjudiciales.

Cuando un niño va a tener la experiencia de una enfermedad o de estar hospitalizado es muy importante la preparación y participación de madre/padre, o en su defecto, otro familiar por las siguientes razones:

El cuidado de un hijo es una experiencia amenazante por lo que no debe estar solo en manos de los profesionales

Cuando el niño es muy pequeño su madre/padre es su principal fuente de confianza y seguridad y más en los momentos de gran vulnerabilidad como se producen en la hospitalización

Se ha comprobado que si la madre/padre tiene influencias positivas en las reacciones de su hijo, puede resultar beneficioso que forme parte del equipo que cuida al niño.

Se trata de que la madre/padre o familiar en colaboración con los profesionales consigan minimizar los efectos perjudiciales y potenciar los efectos beneficiosos de la experiencia de hospitalización.

Consejería para los padres:

No se debe mentir ni engañar al niño sobre los motivos por los que va a ser hospitalizado ya que solo se conseguirá aumentar su temor al ver que no ocurre lo que se le había dicho y disminuirá su confianza en el adulto. Los padres tienen que afrontar y aceptar la enfermedad para lo cual tienen que estar informados sobre la enfermedad y es bueno relacionarse con otros padres en casos similares.

Hay que asegurarse de que el niño, sobre todo si es pequeño, no piense que se le va a abandonar o que está en el hospital por algún castigo. Hay que evitar amenazar al niño cuando tenga un comportamiento inadecuado con frases como “si te portas mal te llevo al médico”. Respecto a la angustia de separación los padres deben estar en todas las experiencias estresantes para el niño como curas y estar el máximo tiempo posible para lo que ahora existe la liberación de horarios de visita (24 horas).

Es bueno comentarle al niño que las actividades cotidianas van a cambiar para lo que los padres han de informarse. Por ejemplo; que va a encontrarse en una habitación diferente y que probablemente compartirá con otros niños, que posiblemente tendrá que estar en la cama, comer alimentos en su propia bandeja o a diferentes horas de las que estaba acostumbrado, etc.

También hay que explicarle que se encontrara con diferentes personas (médicos, enfermeras, educadores, otros profesionales) cuya intención será ayudarle a que pueda volver a realizar sus actividades habituales. También que encontrara a otros niños a los que les ocurrirá algo parecido o diferente pero que también necesitaran ayuda y que seguramente hará amigos.

Al hacer la maleta del niño es importante que incluya su juguete o libro preferido para mantener una continuidad entre el ambiente familiar y el hogar con el nuevo y extraño del hospital.

Por lo general hay una sala para jugar y realizar actividades con otros niños, si el niño va a estar más de una semana se puede traer alguna tarea escolar.

Los hospitales donde los niños deben permanecer periodos prolongados de tiempo suelen tener una escuela o servicio escolar, de tal modo que la maestra se encargara de que avance, dentro de lo posible con adaptaciones curriculares. La comunicación de los padres con el educador permitirá conocer los progresos o dificultades de su hijo en relación con los aprendizajes escolares.

El personal médico informara a los padres sobre el diagnostico, plan de tratamiento y progresos médicos de su hijo. Las enfermeras y otros profesionales informaran sobre los cuidados del niño. Los padres deben comprender que los profesionales se preocupan por el bienestar de su hijo por lo que deben colaborar con ellos, especialmente con el personal de enfermería. La comunicación satisfactoria con ellos ayudara a los padres a adquirir control sobre la situación y a aliviar sus preocupaciones y expresar sus sentimientos.

Se puede estimular al niño estableciéndole comunicaciones con el mundo exterior mediante llamadas telefónicas, cartas de amigos, etc.

Elementos a trabajar con los padres:

En el afrontamiento y aceptación de la enfermedad del niño los padres han de estar muy informados y asea por el personal sanitario o por otras fuentes y es bueno que se relacionen con otros padres en situaciones similares, que visionen videos relacionados con el tema, etc.

Para trabajar la actitud de los padres hacia el niño hay que orientar a los padres para evitar las actitudes negativas delante de los niños para que dejen al niño sólo ante actividades lúdicas.

Los padres han de familiarizarse con el entorno hospitalario y han de familiarizar al niño también.

A la hora de tratar el concepto de muerte los padres han de opinar sobre que ideas creen que tienen sus hijos sobre la muerte, no han de evitar este tema, también es bueno integrarse en programas de apoyo para familiares.

Para tratar el estrés es fundamental la comunicación entre medico-padres, es muy importante recibir un apoyo emocional y fomentar la confianza de los padres en el hospital (en el personal sanitario, enfermeras, etc.)

Intervención con niños:

Todos los programas de preparación psicológica para la hospitalización infantil conllevan los siguientes objetivos:

• Reducir la vulnerabilidad del niño y los padres al estrés y hospitalización.
• Potenciar l habilidad del niño y los padres para afrontar la ansiedad.
• Desarrollar o mantener el sentimiento de competencia que facilita el afrontamiento eficaz en padres e hijos.
• Promover la participación de los padres como apoyo del niño.
• Tener en cuenta la individualidad del niño en relación al nivel de funcionamiento cognitivo.

Elementos a trabajar en la primera infancia (hasta los 2 años):

Angustia de separación:
Es importante que el niño disponga de varias figuras de apego para poder compensar ausencias temporales de algunas de ellas. También puede ayudar a calmarle y a sentirse seguro disponer de objetos con los que esté familiarizado (su juguete o libro preferido).

Sentimiento de autonomía y dependencia:
Facilitar que el niño realice algunas actividades cotidianas por sí mismo. Por ejemplo comer, caminar, manipular objetos, etc.

Sentimiento de confianza básica hacia las personas:
Los cuidadores han de ser siempre los mismos. El niño debe de estar acompañado de figuras de apego. Informarle del tratamiento con un lenguaje adecuado a su edad.

Estimulación psicomotora y sensorial:
Es bueno que manipule objetos, proporcionarle estímulos sensoriales, dejar que el niño exprese sentimientos a través de su cuerpo.

Habilidades sociales y cognitivas:
Intentar que establezca relaciones con los demás niños y cuidadores, realizar juegos relacionados con los conceptos básicos.

Elementos a trabajar en la infancia preescolar (2 a 6 años):

Fomentar la iniciativa del niño sin que perjudique a otros:
Que el niño haga elecciones y tome decisiones, sin que estas afecten a los objetivos de otras personas.

Angustia de separación y conductas regresivas:
Debe disponer de figuras de apego y evitar la sobreprotección de los padres.

Concepto de muerte:
Verbalizar temores, necesidad de contacto y estar acompañado, evitar el sentimiento de culpabilidad en relación a su familia, programas de apoyo.

Técnicas:

Numerosos expertos manifiestan los efectos beneficiosos que se derivan de la utilización de técnicas para favorecer la adquisición de habilidades de afrontamiento, tanto en el paciente pediátrico como en sus familiares. Por ejemplo, previenen las consecuencias negativas procedentes de test y procedimientos médicos, quirúrgicos, farmacológicos y radiológicos, así como del proceso de hospitalización en sí mismo o de tratamientos médicos prolongados. También ayudan a afrontar la inclusión en lugares especialmente amenazantes dentro del entorno hospitalario (procedimientos en salas de urgencia, unidades de cuidados intensivos) y las experiencias dolorosas procedentes de la propia enfermedad, heridas, procedimientos médicos, etc.

Se trata de identificar procesos de pensamiento, que no son los más adecuados para que el paciente pediátrico hospitalizado se adapte de forma satisfactoria ante u n determinado suceso, y planificar experiencias de aprendizaje con el objeto de cambiar los pensamientos, así como los patrones de conducta y emociones que correlacionan con dichos pensamientos.

Intervención en el entorno:

Los espacios deben ser ricos y variados a nivel sensorial con elementos que estimulen el interés visual, auditivo, olfativo, táctil y kinestetico.

Deben incluir letreros y rótulos con normas e indicaciones que permitan a los sujetos orientarse lo que deben de hacer o sobre el camino que deben seguir para llegar a determinados lugares del hospital

Promover interacciones sociales positivas entre los miembros de una familia, así como entre padres y pacientes que no pertenecen a la misma familia.

El entorno físico del centro debe ser lo más semejante posible a otros contextos infantiles.

Dr. Avilio Méndez Flores