DIA DEL MÉDICO (En honor al Dr. José María Vargas)

El 10 de marzo, hace 226 años, nace en La Guaira José María Vargas.
Su vida fue un constante esfuerzo de superación personal lo cual le permitió adelantarse a su tiempo trazando rutas de progreso para el bien colectivo.
Hasta 1812 ejerció su profesión de médico en Cumaná, y luego en el devastador e histórico terremoto de ese año, cumple una destacada labor humanitaria en La Guaira. Posteriormente se suma a la causa de la Independencia; pero cae prisionero de los realistas. Un año después Bolívar conquista Caracas y lo libera. Vargas se traslada a Europa donde amplía sus conocimientos médicos y en otras ramas del saber, para lo cual llegó a dominar varios idiomas, incluyendo el latín.
De regreso a Venezuela pasa por Puerto Rico donde ayudó a combatir eficazmente el paludismo y la fiebre amarilla.
Ya en Venezuela, y con el apoyo de El Libertador, es nombrado rector de la Universidad de Caracas en 1827, transformando por completo los estudios universitarios: mejora la administración, perfecciona los programas, despoja al claustro de su aire monacal, suprime los privilegios y convierte a La Universidad en una institución de puertas abiertas para todas las razas, todas las religiones y todas las ideologías.
A instancias de sus allegados incursiona en la política. En el Congreso de Valencia yergue su dignidad característica y se opone a la expulsión de El Libertador, quien posteriormente, ya moribundo, le hace la última distinción y lo nombra su albacea testamentario.
El prestigio de Vargas lo lleva a la presidencia de la República en 1835, pero al año siguiente es derrocado, y aunque Páez lo restituye en el poder, renuncia pocos meses después para no convertirse en títere de las ambiciones de éste.
Vuelve a dedicarse a su profesión y a las tareas educativas hasta su muerte ocurrida en Nueva York el 13 de julio de 1864.
Por su parte, el poeta y médico calaboceño Dr. Francisco Lazo Martí, tuvo palabras de admiración y respeto para con el sabio Dr. José María Vargas; y en un escrito que denominó “El Amor”, dice en una parte: “…Vargas amó la ciencia, y en su ciencia fue para Venezuela el sol que convirtió las brumas de la ignorancia en espléndidas auroras del saber…”, y más adelante sigue: “…Y para Vargas, el ilustre, el amor fue la pluma de oro con que la historia escribió su nombre en la lista de los sabios…”.

Estos dos notables médicos venezolanos deben ser motivo de nuestro sentido recuerdo a sus vidas que pueden ser comparadas: un 10 de marzo día de José María Vargas y un 14 de marzo día de Francisco Lazo Martí, aquél nace en La Guaira, y éste muere en la aledaña Maiquetía; ambos destacados polifacéticos: José María Vargas médico y extraordinario sabio, Francisco Lazo Martí médico y excelso poeta. Ellos respondieron además, al llamado de la Patria: en momentos de tragedias, y en otros para la defensa de sus ideales; anhelaban el orden, la cooperación ciudadana y el respeto y la admiración por nuestra naturaleza
La Guaira y Calabozo convertidos así en cunas respectivas de estos insignes seres de marzo, marcianos, como de otro mundo, aunque expuestos, como cualquier otro ser humano, a todo tipo de vicisitudes y padecimientos; ambos sufren incapacidad orgánica progresiva al final de sus días. Y, en la búsqueda de alivio, la muerte los sorprende lejos de su ambiente: José María Vargas lejos de su Patria grande, Venezuela, víctima de un mal artrítico, en Nueva York, el 13 de julio de 1854; y Francisco Lazo Martí lejos de su Patria chica, Calabozo, víctima de un mal hemipléjico, en Maiquetía el 8 de agosto de 1909. Ambos reposan en el Panteón Nacional.

El legado de estas figuras ha sido inmenso, por lo cual sus obras deben ser permanentemente analizadas y sus conclusiones suponer aplicaciones concretas y prácticas para el bien común, como eran sus intenciones. Cuánto desearon para su tierra y sus semejantes a través de su profesión y la actividad paralela que desarrollaron:

José María Vargas como primer médico que llega a ser rector de La Universidad de Caracas, Imponiendo importantes reformas que modernizaron los estudios superiores en todas las facultades que la componían, y como presidente de La República, fue el primer ciudadano civil en ejercerla por libre elección nacional, y, aunque su corto mandato estuvo asediado por un movimiento golpista, al cual supo enfrentar con honor, dejó clara huella de lo que debe ser un gobernante democrático.

Francisco Lazo Martí, por su parte, se dedicó a la búsqueda de soluciones para los problemas que se derivan de la injusticia social: ignorancia y miseria, soluciones a las que se puede llegar por la vía del cuidado y aprovechamiento de lo nuestro, mediante el cultivo del saber y de la tierra. La “Silva Criolla”, su obra máxima y universal, es un documento que expresa esa preocupación, es una invitación a vivir lo natural, dibujando un panorama detallado y en acción, con las constantes variaciones del paisaje nativo, la flora, la fauna, los fenómenos climáticos y las costumbres de nuestro pueblo llanero, todo lo cual se van sucediendo en imágenes metafóricas de lírica inspiración, dignas de ser leídas una y ora vez, para deleite del espíritu y para recordar y tener presente la responsabilidad y participación que nos toca en nuestro tiempo y en nuestro medio. Y, por sobretodo, para ser médicos abnegados cada vez que las circunstancias nos ponga a prueba; y al mismo tiempo propiciar el entendimiento entre todos los colegas, dentro de un ambiente de intercambio de conocimientos y de respeto profesional y gremial que no se deberían quebrantar.

Debemos hacer honor a la célebre frase de José María Vargas: “El mundo es de los justos” y tratar de poner en concordancia los elementos que componen el sector salud, ellos son: los funcionarios administrativos, el personal y hasta la propia comunidad.
En más o en menos, cada uno es corresponsable de lo que suceda, especialmente cuando se presentan fallas:

1-Cuando la administración no distribuya en la mejor y más honesta forma los
recursos financieros, creando, en algunos casos, nuevas instituciones hospitalarias paralelas, cuando, por el contrario, se necesitaría aumento del presupuesto y mejoramiento del personal en el ya existente que consta capacidad arquitectónica suficiente, y, por otra parte, cuando el centralismo tiende a entrabar las funciones del director del hospital al no permitirle la suficiente autonomía para nombrar o remover personal, lo cual, unido a la defensa a ultranza que, casi siempre, hacen los sindicatos y gremios cuando uno de sus miembros comete falta, da como resultado una función directiva inoperante y nada gerencial.

2-Por la parte que corresponde al personal de la institución, cuando no utiliza con criterio de rendimiento y conservación la administración precisa de las medicinas, el buen uso del material médico-quirúrgico y el adecuado manejo de los equipos con que se cuenta.

3-Y, por último, la comunidad: cuando desconoce, en su mayoría, el mejor uso de su hospital e incluso ignora las condiciones en que se encuentra, reflejando apatía o resignación a lo que entonces parece irremediable, o, peor aún, reaccionando de manera insultante y agresiva cuando no puede ser atendida a su gusto y exigencia.

Sin embargo, la conducta de la comunidad es consecuencia de la acción de los dos primeros: la administración y el personal, cuando proyectan del hospital una imagen de feudo o territorio aparte, y no informan real y sistemáticamente los problemas y no sugiere soluciones con participación de todos.

Y entonces?, por qué no empezar desde ya con el llamado y acatamiento al respeto y cuidado del bien colectivo en todas sus formas y que lo deben demostrar así los tres pilares fundamentales del sistema: la administración, el personal y la comunidad, mediante la información y mensajes públicos apropiados y la denuncia y enjuiciamiento a tiempo de las irregularidades que se vayan presentando.
Visto de esta manera, ello es posible si la promoción se hace desde las propias instituciones públicas, a través de los medios de comunicación disponibles y conjuntamente con una vigilancia efectiva e insobornable de los bienes públicos.

Hagámonos merecedores de este día, siendo dignos herederos del sabio maestro y médico José María Vargas, para honra y gloria de todos los venezolanos.

Dr. Avilio Méndez Flores

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