En el feto, a la quinta semana del embarazo, se forma la areola y el pezón, a las 15 semanas ya hay esbozo de los segmentos mamarios. Al octavo mes ocurre la canalización y diferenciación de las estructuras alveolares y el desarrollo de la musculatura lisa de la areola y el pezón.

Al nacimiento solamente están presentes los conductos galactóforos principales de los segmentos mamarios. Sin embargo, las hormonas placentarias que entran en la circulación fetal en los últimos estadios del embarazo Pueden estimular la producción de leche en la mama del neonato.

El pezón en el extremo de la mama contiene gran inervación responsable de los reflejos de la lactancia. La areola, superficie circular que rodea al pezón, de color más oscuro que el resto de la mama, también tiene gran inervación y glándulas sebáceas encargadas de protegerla y que se conocen como glándulas de Montgomery.

La glándula en sí se forma de los alvéolos, grupo de células donde se produce la leche, los lobulillos, grupos de 10 a 100 alvéolos aglutinados alrededor de un conducto, son los encargados de expulsar la leche que desemboca en los conductos galactóforos, los que al llegar a la base del pezón, forman los senos lactíferos o galactóforos que son los depósitos de la leche en el amamantamiento.

En la pubertad, por influencia de varias hormonas (prolactina, estrógenos, progesterona, hormona de crecimiento, etc.), se produce un alargamiento y ramificación de los conductos, a partir de los cuales brotan los lobulillos, cambios que ocasionan un aumento en el tamaño y densidad de las mamas. Los cambios son más pronunciados en las nulíparas y en las que no han amamantado. Durante las menstruaciones y durante el embarazo, aumentan de volumen y se hacen más firmes, la piel se oscurece, los pezones crecen y durante la menopausia disminuyen de volumen por reducción de los niveles de estrógenos en la mujer.

En el tercer trimestre del embarazo, los niveles plasmáticos de prolactina están muy elevados pero su acción lactogénica permanece bloqueada por los niveles de esteroides placentarios, especialmente progesterona, pero al expulsarse la placenta, descienden estas hormonas, permitiendo la acción de la prolactina, lo que aunado al instinto natural de la madre de amamantar al estímulo del pezón por el niño, conducen al aumento de la prolactina y por consiguiente, a la síntesis y producción láctea. Al mismo tiempo, la producción de ocitocina que facilita la emisión de la leche y en las primeras semanas contribuye a la contracción y reducción del tamaño del útero a su condición de reposo.

Para que se sostenga la producción láctea es necesario que se mantengan niveles altos de prolactina, lo que se consigue con el vaciamiento adecuado y frecuente de la mama.

Dr. Avilio Méndez Flores