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Proteínas de la leche de vaca pueden ocasionar alergias en los lactantes

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La leche materna es el principal y mejor alimento para los bebés; de hecho, durante los primeros seis meses, se recomienda alimentarlos únicamente de esta manera. La lactancia les permite a los niños obtener todos los elementos esenciales que necesitan para su desarrollo, como vitaminas, proteínas, aminoácidos, lípidos, entre muchos otros.

Es por esta razón que resulta extraño escuchar que un bebé pueda ser alérgico a la leche materna; en realidad, el término no es el más apropiado. El Dr. Rafael Godoy, pediatra de la Policlínica Metropolitana, en Caracas, explicó que “se trata más bien de una alergia a los componentes lácteos provenientes de la vaca. Este trastorno es ocasionado por la dieta de la madre, que puede ser rica en ese tipo de productos y, obviamente, el factor alimentación está vinculado con la composición de la leche materna”.
La Dra. María José Castro, neonatóloga del Hospital Pérez Carreño, coincidió con su colega, al decir: “realmente la alergia descrita es a la proteína de la leche de vaca, en esos casos se le indica a la madre una dieta libre de lácteos derivados de este animal”.

Castro destacó que las fórmulas lácteas indicadas para alimentar a los niños que presenten este tipo de trastornos “son aquellas elaboradas a base de soya. Sin embargo, aproximadamente 20% de los niños alérgicos a la proteína de la leche de vaca, también pueden ser alérgicos a los derivados de la mencionada leguminosa”, acotó.

“También son recomendadas las fórmulas a base de hidrolizados de proteínas, conocidas también como hipoalergénicas. Asimismo, las semielementales son una buena opción. En todo caso, siempre deben ser compuestos libres de la proteína de la leche de vaca”, agregó la doctora.

La neonatóloga, también explicó que los síntomas que pueden presentar los bebés con este tipo de alergia son múltiples. “Cuando existe rechazo a la proteína de la leche de vaca podemos notar lesiones rojizas en la piel –eczema-, producción de moco nasal –rinitis-, broncoespasmos, cólicos, reflujo gastroesofágico y trastornos en la evacuación, como la diarrea o el estreñimiento”.

“Si este problema no es tratado oportunamente, con el tiempo se podrán evidenciar patologías respiratorias crónicas, lesiones cicatrizales en la piel y eczemas; además de desnutrición, esofagitis y asma bronquial”, alertó la especialista.

Castro también comentó que la sensibilidad a la proteína de los lácteos vacunos es frecuente en los bebés, “pero a este tipo de trastorno no se le puede llamar alergia a la leche materna. La lactancia es la fuente alimenticia por excelencia del ser humano en sus primeros años de vida, y sus beneficios son múltiples e insuperables. El adecuado crecimiento del bebé, su correcta nutrición y desarrollo psicomotor, son sólo algunas de las ventajas que provee este vital alimento”, concluyó.

Fuente:Globovisión

Anatomía y fisiología de la mama

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En el feto, a la quinta semana del embarazo, se forma la areola y el pezón, a las 15 semanas ya hay esbozo de los segmentos mamarios. Al octavo mes ocurre la canalización y diferenciación de las estructuras alveolares y el desarrollo de la musculatura lisa de la areola y el pezón.

Al nacimiento solamente están presentes los conductos galactóforos principales de los segmentos mamarios. Sin embargo, las hormonas placentarias que entran en la circulación fetal en los últimos estadios del embarazo Pueden estimular la producción de leche en la mama del neonato.

El pezón en el extremo de la mama contiene gran inervación responsable de los reflejos de la lactancia. La areola, superficie circular que rodea al pezón, de color más oscuro que el resto de la mama, también tiene gran inervación y glándulas sebáceas encargadas de protegerla y que se conocen como glándulas de Montgomery.

La glándula en sí se forma de los alvéolos, grupo de células donde se produce la leche, los lobulillos, grupos de 10 a 100 alvéolos aglutinados alrededor de un conducto, son los encargados de expulsar la leche que desemboca en los conductos galactóforos, los que al llegar a la base del pezón, forman los senos lactíferos o galactóforos que son los depósitos de la leche en el amamantamiento.

En la pubertad, por influencia de varias hormonas (prolactina, estrógenos, progesterona, hormona de crecimiento, etc.), se produce un alargamiento y ramificación de los conductos, a partir de los cuales brotan los lobulillos, cambios que ocasionan un aumento en el tamaño y densidad de las mamas. Los cambios son más pronunciados en las nulíparas y en las que no han amamantado. Durante las menstruaciones y durante el embarazo, aumentan de volumen y se hacen más firmes, la piel se oscurece, los pezones crecen y durante la menopausia disminuyen de volumen por reducción de los niveles de estrógenos en la mujer.

En el tercer trimestre del embarazo, los niveles plasmáticos de prolactina están muy elevados pero su acción lactogénica permanece bloqueada por los niveles de esteroides placentarios, especialmente progesterona, pero al expulsarse la placenta, descienden estas hormonas, permitiendo la acción de la prolactina, lo que aunado al instinto natural de la madre de amamantar al estímulo del pezón por el niño, conducen al aumento de la prolactina y por consiguiente, a la síntesis y producción láctea. Al mismo tiempo, la producción de ocitocina que facilita la emisión de la leche y en las primeras semanas contribuye a la contracción y reducción del tamaño del útero a su condición de reposo.

Para que se sostenga la producción láctea es necesario que se mantengan niveles altos de prolactina, lo que se consigue con el vaciamiento adecuado y frecuente de la mama.

Dr. Avilio Méndez Flores

Amamantar y obesidad

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Noticias: Amamantar podría reducir obesidad

La leche materna podría reducir el riesgo de sufrir obesidad más adelante, según un estudio presentado por científicos del Hospital Infantil de Cincinnati, en Estados Unidos.

Los médicos descubrieron que en la leche materna se encuentra una proteína llamada adiponectina, que afecta la manera en que el cuerpo procesa los azúcares y las grasas presentes en la sangre.

“La exposición (a la proteína) desde las etapas más tempranas de la vida, y durante el período de crecimiento y desarrollo extremo, pueden tener un impacto en la enfermedad del adulto”, dijo Lisa Martin, quien participó en el estudio.

Martin añadió que aún falta saber si la adiponectina tiene algún “significado biológico”.

La adiponectina es secretada por las células grasas, y su deficiencia se ha vinculado con la obesidad, la diabetes de tipo 2, la resistencia a la insulina y las enfermedades coronarias.

Sin embargo, cuando está en niveles muy altos también puede estar vinculada con grados menores de estas enfermedades.

El grupo de científicos también descubrió la presencia en la leche materna de la leptina, otra proteína que también ayuda a regular la grasa corporal. Algunos ya han establecido lazos entre la leche materna y la obesidad.

Ian Campbell, jefe del Foro Nacional de la Obesidad en Gran Bretaña, dijo que “sabemos que hay un vínculo claro entre amamantar y la reducción del riesgo de embarazo, pero no estamos seguros por qué”.

Campbell añadió que el efecto parece ser acumulativo, y que depende del tiempo en el que niño sea amamantado.

La leche

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Una de las principales características distintivas de los mamíferos es su dependencia (en las primeras etapas de la vida) de la leche de su propia especie. Dependencia tal, que en caso de que una cría no pueda ser amamantada, o bien ella es adoptada por otro miembro del grupo, es posible que muera. Es decir, existe una fuerte selección natural para que los mamíferos que sobreviven y tienen la capacidad de reproducirse comprendan instintivamente que la leche y la vida se encuentran íntimamente relacionadas.

Mientras que otros alimentos se originan en la capacidad de adaptación de las especies a su hábitat, la leche acompaña a los animales más evolucionados de la escala zoológica para asegurarles la mejor nutrición posible en las primeras etapas de la vida.

Desde un punto de vista nutricional, la leche es un alimento que promueve el óptimo crecimiento temprano de las especies, preservándolas de las posibles inclemencias del hábitat. Es decir, que la leche es de por sí suficiente para asegurar todos los nutrientes necesarios para sostener la elevada velocidad de crecimiento que caracteriza a las primeras etapas de la vida.

No existe un momento en el que se crezca a mayor velocidad que durante la etapa intrauterina. En este período de rápida replicación celular es necesario brindar una alimentación adecuada no solo en cantidad, sino también en calidad. Es decir, que cada una de las trillones de células que se están formando en esta etapa cuente con todo el calcio, magnesio, selenio, yodo, lisina, piridoxina, etc., etc., que son necesarios para construir las organelas celulares, las células, los tejidos y finalmente los órganos. En la primera etapa del crecimiento, la placenta asegura esta provisión de nutrientes, junto con el oxígeno y la eliminación de sustancias de desecho.

Pero, a partir del nacimiento, y por un período variable en cada especie, la velocidad de crecimiento (y en consecuencia las necesidades de nutrientes) continúan elevadas durante la vida postnatal y mientras que pulmones y riñones asumen algunas de las funciones de la placenta la función nutricional pasa a ser una responsabilidad de la lactancia. Por esta razón, la leche es una fuente tan rica de nutrientes y de muchas otras sustancias que acompañan el crecimiento y desarrollo tempranos.

Una vez iniciado el destete, las especies obtienen su alimento del hábitat y las hembras se preparan para transformar esos nutrientes en un alimento perfecto que continuará la tarea placentaria en un ciclo sin fin.

La leche, un alimento de alta calidad nutricional; este conjunto nutricional preparado por la naturaleza contiene no solo proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales de muy alta biodisponibilidad sino que muchas otras sustancias de las que hoy comenzamos a contar con evidencias de sus efectos sobre la salud.

El ácido butírico así como los esfingolípidos en la reducción del cáncer de colon, polipéptidos y proteínas de la leche en disminuir el riesgo de hipertensión, el ácido linoléico conjugado en la función inmunitaria y el riesgo de ciertas formas de cáncer, el ácido esteárico en el control de los lípidos sanguíneos, la fermentación con prebióticos en la absorción de lactosa, de otros nutrientes, la mejoría de la inmunidad y la disminución de ciertas enfermedades infecciosas.

Comienza a emerger un cúmulo de evidencias acerca del papel del calcio en el control del peso corporal, la prevención de la resistencia periférica a la insulina, la hipertensión arterial y de la toxemia gravídica. Es interesante resaltar que el efecto del calcio aportado por los lácteos alcanza a duplicar al farmacológico. Más allá de su mejor biodisponibilidad, es la presencia de otros compuestos biológicamente activos los que explicarían esta mejor eficacia.

Dr. Avilio Méndez Flores

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