En la mayoría de los niños, especialmente lactantes, la diarrea aguda es de causa viral, sobre todo si ocurre en épocas de comienzo o final del período lluvioso, y se caracteriza por ir precedida de vómitos explosivos aislado y que no van más allá de las 24 horas, quedando la diarrea y la fiebre de variable intensidad, para al final ceder al tercer o cuarto día, si no se complica con deshidratación. Por lo que es recomendable ofrecer mucho líquido, pero no se le deben dar gaseosas ni bebidas que son para deportistas, ni cereales azucarados, ya que ello empeoraría la diarrea.

Las “dietas” a base de sopas de pollo, con o sin zanahorias, así como las de topocho, ó plátano verde, son buenas para evitar la desnutrición.

Los niños que son amamantados, se les seguirá alimentando igual; no se les quitará el pecho por ningún motivo, ya que es su mejor fuente de alimentación.

No se deben suministrar medicamentos conocidos como “antidiarreicos”, pues ellos producen una falsa mejoría, actuando como “tapón” sin resolver el problema infeccioso intestinal, a menos que su pediatra se lo indique.

Recuerde que en muchas ocasiones el hacer algo que ha “oído por ahí”, o tal vez por recomendación de algún vecino, puede ser peligroso Si no se tiene experiencia en este tipo de situaciones, lo más recomendable es evitar estos consejos, ya que ningún amigo o vecino se hará responsable de lo que le diga.

Hay que hacer hincapié que en caso de vómitos muy frecuentes, deberá no sólo tratar de localizar al pediatra, sino estar preparados para acudir al centro de salud más cercano.
Si, en cambio, son ocasionales, usted observará cómo el niño evoluciona dándole tiempo para consultar a su médico tratante.

Un signo de claro empeoramiento es el decaimiento del niño, pero no debemos llegar a este extremo nunca: a la mínima duda ¡acuda al médico!, y mucho más si se trata de un recién nacido.

Dr. Avilio Méndez Flores

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