Enfermedades Virales

Laberintitis

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Consideraciones generales:

Los trastornos del sistema vestibular son frecuentemente llamados laberintitis por la población en general, y no es así. La laberintitis es una de las causas de los trastornos del sistema vestibular que puede originar vértigo, sensación ilusoria de movimiento, por ello no todo lo que causa vértigo, necesariamente, tiene que ser laberintitis. De 40 pacientes mensuales, evaluados con vértigo, sólo cuatro tienen laberintitis; quiere decir que la laberintitis no es tan común como se piensa.


Anatomía:

En el oído se distinguen tres partes: oído externo, que comprende el pabellón auricular (oreja) y el conducto auditivo externo; oído medio, que abarca la membrana y caja timpánica; y el oído interno que incluye el laberinto y el caracol (cóclea). El laberinto es el órgano que da información sobre los movimientos angulares y lineales a los cuales es sometido el cuerpo, permitiendo junto con los otros elementos que conforman el sistema vestibular, la postura adecuada, el equilibrio, la estabilidad ocular y la posición en el espacio. El compromiso inflamatorio del laberinto es llamado laberintitis

Definición:

Es la inflamación de la región laberíntica durante un proceso infeccioso agudo o crónico del oído medio que penetra hacia el laberinto a través de la ventana oval, la ventana redonda.

Es una complicación que, a pesar de lo que ha avanzado la otología, no ha desaparecido, por lo que se aconseja vigilar la función laberíntica en los oídos otorréicos ante su eventual aparición. Acostumbra a ser el primer paso a ulteriores complicaciones meningoencefálicas y deja siempre una pérdida auditiva sensorial definitiva.

Causas:

No es un trastorno genético, porque depende de un proceso infeccioso adquirido. Es importante acotar las causas que producen esa inflamación o infección. El inicio de la laberintitis puede ser una simple infección del oído medio, que es la estructura vecina al laberinto, estas infecciones generalmente son producidas por virus o bacterias, donde las protagonistas son Streptococcus neumonie, Haemophylus influenza y Moraxella catahrralis, que son las mismas que producen otitis media y por continuidad afectan el laberinto.

Por ejemplo, si una persona tiene una otitis media aguda (infección del oído medio) por cercanía, esa infección, o las toxinas producidas por las bacterias que están causando esa infección, pasan a través de unas estructuras conocidas como ventana oval, llegan al oído interno, contaminan el laberinto y éste se inflama.

Otra de las formas, son casos de pacientes con otitis media crónica (otitis media de larga data con más de tres meses de evolución) en la que se genera un tejido llamado colesteatoma, producto de la inflamación crónica, que tiene la particularidad de ir destruyendo el hueso creando continuidad con el oído interno por lo que las bacterias pasan al laberinto y lo infectan.

Además de la etiología otógena, la laberintitis puede tener su etiología en una meningitis cerebroespinal o piógena (laberintitis meningógena), en una infección diseminada por vía hemática (sarampión) y en traumatismos accidentales o quirúrgicos.

Síntomas:

Sentir que rota. Las cosas dan vuelta. Tener la sensación de que el piso se mueve o se hunde. Dificultad para leer. Escuchar con dificultad. Si la mayoría de las respuestas son positivas, seguramente existe un trastorno en el sistema vestibular. La sensación de desequilibrio e inestabilidad, los movimientos oculares involuntarios, la pérdida de la audición y los pitos en el oído son los principales síntomas de la laberintitis. Este es uno de los trastornos del sistema vestibular que implica la inflamación de los canales del oído interno. No es más que un proceso inflamatorio-infeccioso del laberinto.

Tipos de laberintitis:

Laberintitis circunscrita:

Es la comunicación anormal entre el oído interno y el oído medio. También es conocida como laberintitis crónica, perilaberintitis, o fístula laberíntica.
Esta complicación es específica de la otitis media colesteatomatosa y se produce por erosión de la cápsula ótica del laberinto con exposición del endostio e irritación laberíntica. Se calcula que el 10% de los colesteatomas producen fístulas.
Las fístulas laberínticas como complicación de una Otitis Media no colesteatomatosa son muy raras.
Pueden tener también un origen postquirúrgico, inmediato o retardado, incluso muy retardado.
Estas fístulas laberínticas cuyo origen es una Otitis Media se ha de diferenciar de la fístula perilinfática postraumática de la ventana oval.
Su lugar de asentamiento más frecuente es en la eminencia ósea del CSE, situada en el antro mastoideo, pero también puede localizarse en el resto de los canales y en el promontorio. La erosión da lugar a una fístula entre la cavidad timpánica y la luz laberíntica. Actualmente se puede considerar como la complicación más frecuente de la Otitis media crónica colesteatomatosa.

Laberintitis serosa:

También denominada laberintitis aguda tóxica. Las laberintitis son clásicamente serosas antes de llegar a ser infecciosas, por tanto esta forma es considerada como de transición hacia la infecciosa o supurada.
Se trata de una inflamación intralaberíntica difusa, discreta y reversible, total o parcialmente, producida por una reacción inflamatoria de vecindad, es decir, un proceso agudo o crónico en el oído medio.

Laberintitis supurada:

También denominada aguda supurada, aguda supurada clásica, destructiva o necrosante. Su terminología ha sido siempre un tanto imprecisa. Consiste, como su nombre indica, en la invasión de los espacios laberínticos por contenido purulento, bacterias y presencia de detritus.
Se trata de un proceso muy serio que en su evolución natural conlleva la anulación irreversible del laberinto y que cursa con un síndrome vertiginoso muy acusado e hipoacusia profunda irreversible. Hoy es una complicación excepcional.

Etiología.

Puede producirse en el transcurso de una Otitis Media Aguda o de una Otitis Media Crónica, o bien establecidas ya otras complicaciones como mastoiditis o meningitis.
En la OMC colesteatomatosa, la infección se propaga desde el oído medio al laberinto por una osteítis que llega a producir efracción ósea que lo más frecuente es que sea por erosión del CSE y más raramente a través de las ventanas o del promontorio. Otras efracciones pueden ser las quirúrgicas o traumáticas.
También puede propagarse sin efracción ósea a través del ligamento de la platina del estribo.
En la meningitis se ha propuesto una vía retrógrada a través del Conducto Auditivo Interno.
Se ha descrito algún caso sin lesión parietal ni penetración microbiana, siendo la patogenia totalmente oscura a falta de una constatación anatómica.

Anatomía patológica.

En una primera fase aumenta la tensión de la perilinfa produciéndose una autentico hidrops endolinfático, encontrándose en el líquido gérmenes, leucocitos y aumento de proteínas. En una segunda fase la infección forma una colección purulenta en el oído interno. Este empiema provoca la destrucción de los epitelios neurosensoriales de la cóclea y del laberinto posterior, lo que conlleva a la pérdida de la función vestibular y cofosis. Finalmente hay una tercera fase de cicatrización, es la de las lesiones sensoriales, pues se presenta una necrosis de las partes blandas del laberinto y unas lesiones óseas que consisten en aparición de hueso neoformado. La curación pasa a través de la pérdida de funciones.

Síntomas:

Se caracteriza por la aparición, en un paciente aquejado de un proceso ótico previo, de crisis vertiginosas, nauseas, vómitos y agravación de la hipoacusia que pasa a ser de tipo perceptivo. Los acúfenos pueden o no estar presentes. Siempre hay otorrea purulenta. Es un síntoma de estado grave.
Los vértigos son violentos y acompañados de intensa sintomatología vegetativa. Nistagmo hacia el lado sano, de tipo destructivo.
Hipoacusia profunda o cofosis.
Frecuente asociación de otras complicaciones endocraneales.
Aparece un nistagmo en la exploración que es de tipo ablativo, paralítico o de destrucción, es decir, hacia el lado sano, hacia el oído no afectado.

Diagnóstico:

Se hace sobre la base clínica y antecedentes del paciente: Que haya tenido una infección respiratoria superior, un dolor de oído, gripe fuerte, fiebre, malestar, mareos o vértigo, sensación de que todas las cosas se mueven a su alrededor y además no escucha bien (hipoacusia), permiten inferir que esa persona pudiera tener una laberintitis. Esto se puede corroborar con la evaluación clínica, al examinar al paciente se constatan signos de otitis media y trastornos del equilibrio, complementado con exámenes de laboratorio que revelan si se está en presencia de un proceso infeccioso, viral o bacteriano.

Otros exámenes:

• La audiometría permite conocer el umbral auditivo del paciente y finalmente si es necesario, se puede realizar la tomografía axial computarizada de oído medio y mastoides (TAC).

• La electronistagmografía permite ver cómo está el funcionamiento del sistema vestibular, y no debe realizarse en la fase aguda de la enfermedad. Sólo en casos específicos se hace la resonancia magnética cerebral, que es un estudio más completo, especialmente cuando se sospecha de complicaciones intracraneales de otitis media. Por ejemplo meningitis y absceso cerebral.

Diagnóstico diferencial con la enfermedad de Meniére:

Entre ambos procesos puede existir una relación. El hidrops ha podido ser constatado en temporales afectados por una OMC. Pueden darse casos de OMC que presentan una sintomatología cócleo-vestibular fluctuante, habiéndose comprobado mediante estudio anatomopatológico la existencia de lesiones características del hidrops con predominio en la zona apical. El mecanismo fisiopatológico de este cuadro se basa en el paso de productos enzimáticos a través de la ventana oval. La fístula puede cursar con un agravamiento de la hipoacusia, acúfenos, sensación de plenitud ótica y diploacusia, sintomatología que hace pensar siempre en un Meniére. La hipoacusia, al contrario que en el Meniére suele ser de predominio en agudos.

Tratamiento:

Se deben tomar en cuenta los medicamentos para tratar la infección e inflamación, y los sedantes vestibulares, que controlan el trastorno del equilibrio que comúnmente tiene la laberintitis; el tratamiento quirúrgico se reserva para los casos de otitis media crónica colesteatomatosa.
En general el antibiótico constituye la primera droga de elección y este va a depender del tipo de bacteria que exista en esa laberintitis o en ese compromiso del laberinto.

La precocidad del tratamiento es muy importante en el pronóstico, si el tratamiento se inicia con celeridad y en forma adecuada este trastorno tendrá una buena recuperación.

El tratamiento quirúrgico es requerido:
• Cuando es producida por una OMA y no hay respuesta al tratamiento. Cuando aparecen complicaciones endocraneales.
• Cuando es producida por una OMC, no debe de realizar laberintectomía en caso de que quede algún resto auditivo.
• Timpanoplastia, si existe colesteatoma.
• Mastoidectomía cuando la laberintitis está producida como complicación de una mastoiditis.

Evolución:

La resolución de la inflamación es lo más frecuente que acarree daño permanente por fibrosis y neoformación ósea (laberintitis osificante).
Muchos autores afirman que no es posible diferenciar entre una laberintitis serosa de una supurada hasta valorar el estado cócleo-vestibular a posteriori, es decir, si existe o no reversibilidad en la audición. Aunque excepcionalmente, puede evolucionar produciendo una difusión endocraneal de la infección, originando una meningitis o un absceso endocraneal.

Prevención:

• Evitar los procesos infecciosos en el oído medio
• Controlar las alergias y las hipertrofias (crecimiento) de amígdalas y adenoides para garantizar una buena ventilación de la vía aérea superior
• Hacer ejercicios

Cuando ya se tiene es recomendable:
• Práctica de ejercicios especializados para lograr la recuperación funcional del sistema vestibular
• Disminuir los niveles de estrés
• Practicar cualquier deporte o modalidad que proporcione paz y tranquilidad
• Evitar estar sentado o tumbado con la cabeza quieta, esto puede prolongar y hasta impedir el proceso de recuperación
• Evitar en la fase aguda leer, las luces brillantes y los movimientos bruscos
• Evitar tratamientos prolongados con sedantes vestibulares
• Mantener cierto grado de reposo; no es recomendable, por ejemplo, manejar.

Dr. Avilio Méndez Flores

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“La culebrilla” o Herpes zoster

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Definición:

El herpes zoster, coloquialmente conocido como culebrilla o culebrina, es una erupción vesicular aguda muy dolorosa, limitada a la región de la piel inervada por un solo ganglio sensitivo, producida por la activación endógena del virus varicela-zoster (VVZ), el mismo que causa la varicela o “lechina”, que había permanecido latente después de un ataque anterior de dicha enfermedad eruptiva. Dichas lesiones son el resultado de la inflamación del nervio provocada por el virus, de modo que el herpes zóster es en realidad una neuropatía, que afecta a determinados nervios periféricos donde se aloja y permanece en estado latente durante tiempo.

Aun cuando la erupción desaparece, el dolor puede continuar durante meses y algunas veces durante años.

Frecuencia:

El herpes zoster es más frecuente entre las personas cuyo sistema inmunológico se encuentra deprimido y aunque es más frecuente en personas mayores, entre 60 y 80 años, también puede presentarse a cualquier edad.

La infección por el VVZ es universal; los casos de herpes zoster ocurren durante todo el año, con una frecuencia de 5 por 1000 por año, tanto en los Estados Unidos como internacionalmente.
Además, es aproximadamente 3.5 veces mayor en individuos de raza blanca que en hispanos.

Historia:

Si bien la enfermedad era conocida desde la antigüedad por los griegos con el nombre de “zoster” o “zona”, (Zoster, la correa usada por el guerrero para sostener su armadura. En el caso de las damas, Zona, el corsé, cuyo propósito principal era decorativo) no es sino hasta 1.852 cuando Moore señaló por primera vez, su identidad epidemiológica con la varicela y más de un siglo después, en 1.976, Weller y colaboradores establecieron la similitud etiológica de las dos enfermedades, al comprobar que los virus recuperados de ambas eran idénticos.

Agente causal:

El virus de la varicela-zoster es un miembro del grupo de los herpesvirus. La partícula viral (virión) tiene un diámetro de 150–200 nm y consta de una cubierta lipídica con espículas de glucoproteínas y una nucleocápside que engloba al ADN de doble cadena, como material genético. En concreto, se clasifica como HHV-3 o virus del herpes humano 3. El VVZ es también el causante de la varicela, enfermedad cutánea clásicamente infantil. Por tanto, es necesario haber estado expuesto a la varicela para desarrollar un herpes zóster.

Patogenia:

La mayor parte de las personas toman contacto con el VVZ durante la infancia, aunque no siempre sufran la enfermedad a la vista, por haberse manifestado un cuadro subclínico. En la gran generalidad de los casos, el sistema inmunológico elimina la acción del virus en el organismo, aunque éste permanece latente en los ganglios nerviosos.

Los humanos son el único reservorio del VVZ, el cual es extremadamente infeccioso. Hasta un 90% de los individuos susceptibles expuestos al virus desarrolla varicela después del contacto con un individuo infectado y tanto los pacientes con varicela como con herpes zoster pueden transmitir el virus. La reactivación del virus varicela-zoster ocurre en casi el 10–20% de aquellas personas que han padecido la varicela (infección primaria); por lo general esto ocurre sólo una vez en la vida de una persona.

Las situaciones asociadas con la reactivación viral incluyen entre otras, el estrés, el envejecimiento, los tratamientos inmunosupresores y las enfermedades que causan inmunodeficiencia, como la infección por VIH.

Sin embargo, el VVZ es extraordinariamente lábil y en el caso del herpes zoster, la transmisión puede producirse por el contacto físico con las lesiones vesiculares. Los pacientes con varicela son contagiosos 2 días antes de la aparición del exantema hasta que todas las lesiones tienen costra (normalmente 4–5 días después de la aparición del exantema). Los pacientes con herpes zoster pueden transmitir de vez en cuando la infección y causar varicela en individuos susceptibles, aunque en este caso el periodo de infectividad es más corto.

Los individuos con herpes zoster también pueden transmitir el virus a partir de las secreciones respiratorias, pese a que se piensa que el periodo de infectividad es mucho más corto. Si un adulto que no ha tenido varicela se expone al virus del herpes zoster, por lo general presentará un caso severo de varicela en lugar de herpes.

Todos los virus herpes comparten una característica común: después de la infección primaria, el virus no se elimina del organismo, sino que permanece latente en los ganglios de la raíz nerviosa dorsal y puede, posteriormente, reactivarse para causar enfermedad recurrente.

De tal manera que cuando aparece el exantema de la varicela (erupción), el virus puede diseminarse desde la piel a través de sus nervios sensoriales hasta los ganglios de la raíz nerviosa dorsal, cercanos a la médula espinal, donde permanece latente, a menudo durante muchos años. En cualquier momento en que se altere el sistema inmunológico, específicamente la inmunidad mediada por células, el virus puede reactivarse y causar el herpes zoster.

Normalmente, el sistema inmune mantiene el virus inactivo. Pero, cuando se deteriora o debilita (el sistema inmune), puede ocurrir que el virus se reactive y se replique en las neuronas, formando nuevos virus que circulan a lo largo del axón hacia el área de piel inervada por ese ganglio (dermatoma). Una vez ahí, el virus puede causar inflamación de la piel con formación de ampollas. Precisamente, el dolor característico del herpes zóster se produce por irritación de fibras sensitivas en el nervio infectado.

El proceso de reactivación del virus herpes simplex es similar al del zóster

Contagio:

Las ampollas son contagiosas por contacto directo (en general en los primeros 7 días), y pueden pasar de una persona a otra. Si el VVZ pasa de una persona con herpes zóster a otra que nunca ha tenido contacto con el virus, el cuadro que le produce no es la culebrilla, sino una varicela. El virus no se contagia a través de la respiración, la tos o el contacto casual. Por ello, la enfermedad sólo es contagiosa en fase ampollosa, y no en las fases prodrómica (previa), cicatricial o post-herpética.

Manifestaciones:

Cuando se reactiva, se disemina por el mismo nervio por donde llegó al ganglio de la raíz dorsal, causando primero dolor o quemazón intensa. La erupción típica aparece a los dos o tres días, después de que el virus llega a la piel.

El virus se presenta en forma de pequeñas ampollas rojas (vesículas) confluentes en la piel, que son muy similares a la varicela en su etapa inicial. La erupción se maximiza en los siguientes tres a cinco días y luego las ampollas se rompen formando úlceras pequeñas, las cuales se comienzan a secar y a formar costras, que a su vez se desprenden en dos o tres semanas y dejan la piel rosada en proceso de cicatrización.

Las lesiones por lo común aparecen en un solo dermatoma (área corporal inervada por un mismo nervio espinal) y solamente en un lado del cuerpo (unilateral). El tronco es el área más comúnmente afectada, mostrando un cinturón de erupción desde la columna vertebral, alrededor de un lado del tórax. También pueden aparecer en el cuello o la cara, afectando alguna de las 3 ramas del nervio trigémino en la cara: la superior (más frecuentemente, 15% de los casos) que va a la frente y excepcionalmente a la rama media que va a la parte central de la cara o la inferior a la parte inferior de la misma. El compromiso de dicho nervio puede producir lesiones en la boca o en los ojos, estas últimas pueden llevar a ceguera permanente.

El compromiso del nervio facial puede causar el síndrome de Ramsay Hunt con parálisis facial, pérdida de la audición, pérdida del gusto en la mitad de la lengua y lesiones de piel alrededor de la oreja y del conducto auditivo externo. En muy pocas ocasiones, se involucran los genitales o la parte superior de la pierna.

El herpes puede complicarse hasta en el 25%, con una condición conocida como neuralgia post-herpética (NPH), que es una persistencia de síntomas sensoriales (dolor, parestesias e hipersensibilidad local) en el área donde ocurrió el herpes después del episodio inicial, que puede durar como una verdadera pesadilla, de más de 1 mes y que puede durar años. Es la complicación más frecuente del Herpes Zoster. La aparición de NPH, tras el episodio de herpes zoster es muy poco frecuente en pacientes (<10%) con edades menores a 60 años, pero puede presentarse hasta en un 40% en pacientes con edades superiores a 60 años.

El nervio queda afectado tras la inflamación y necrosis hemorrágica producida por la infección del virus. La movilización de partículas virales de los nervios sensoriales a la piel también contribuye a la aparición del dolor. No suele haber un periodo asintomático tras la resolución de las lesiones cutáneas.

Se manifiesta como dolor quemante, constante y que suele interferir el sueño. Pueden presentar alodinia (aparición de dolor con estímulos normalmente no dolorosos). Así mismo, los pacientes pueden presentar áreas de anestesia (termal, vibratoria) o parestesias.

Este dolor puede ser lo suficientemente severo como para incapacitar a la persona, especialmente si es de edad avanzada. Aunque 50% ó más de los pacientes con neuralgia post-herpética pueden curarse entre 1 y 2 años después de su inicio, el resto de los pacientes pueden sufrirla de por vida.

Los síntomas del herpes zóster vienen normalmente precedidos por cefaleas, foto sensibilidad, fiebre y malestar general; esto es seguido por picores, hormigueos y dolor que puede llegar a ser extremo, todo ello en la zona del nervio afectado, donde aparecerá la erupción cutánea. Este dolor puede presentar múltiples características, como punzante, urente, picante. Y se suele desarrollar en brotes agudos y exacerbaciones. En esta fase, pueden haber problemas diagnósticos con otras patologías, incluyendo infarto de miocardio o cólico renal, según la zona afectada. Algunos pacientes pueden tener estos síntomas y no desarrollar el rash cutáneo, lo que se denomina zoster sine herpete, que puede dificultar el diagnóstico.

La fase posterior constituye el desarrollo del característico rash cutáneo. Las lesiones comienzan como manchas eritematosas que pasan a vesículas distribuidas en dermatomas, comúnmente en un patrón que simula un cinturón sin pasar la línea media del cuerpo. Las regiones más comunes son la región media del tórax y la zona oftálmica de la cara, donde puede tener consecuencias sobre la visión. Regularmente las vesículas evolucionan a ampollas llenas de un fluido seroso, las cuales son generalmente dolorosas y se acompañan de ansiedad y un cuadro pseudogripal (con fiebre, cansancio y dolor generalizado). Ocasionalmente, el contenido de las vesículas puede ser hemorrágico (sanguinolento), y estallar en un plazo de 7 a 10 días. Cuando esto ocurre, resuelven con cicatriz e hiperpigmentación.

Los signos anticipados de culebrilla son ardor o dolor agudo y hormigueo o picazón, generalmente de un lado del cuerpo o la cara. El dolor puede ser de leve a fuerte. Luego, se forman ampollas que duran de 1 a 14 días. Si la culebrilla aparece en la cara, puede afectar la vista o el oído. El dolor de la culebrilla puede durar semanas, meses o incluso años después de la curación de las ampollas.

A continuación, se enumeran los síntomas más comunes de la culebrilla. Sin embargo, cada individuo puede experimentar los síntomas de una forma diferente. Los síntomas pueden incluir los siguientes:
• Sensibilidad o dolor, o ambos en un área de la piel antes de que aparezca la erupción.
• Erupción, que aparece después de cinco días y que al principio tiene el aspecto de manchas rojas pequeñas que cambian a vesículas (usualmente toma de dos a tres días).
• Las vesículas que cambian a color amarillo y se secan dentro de 14 días, a menudo dejan cicatrices ahuecadas pequeñas.
• Otros síntomas tempranos de la culebrilla pueden incluir:
• Molestias gastrointestinales.
• Sentirse enfermo.
• Fiebre.
• Dolor de cabeza.

Diagnóstico:

Además del examen y la historia médica completa, los exámenes para diagnosticar la culebrilla pueden incluir:
Raspado de piel – un procedimiento en el cual se raspa cuidadosamente la piel, para determinar si el virus es la culebrilla u otra forma del virus herpes.
Exámenes de sangre.

Diagnóstico diferencial:
El diagnóstico es eminentemente clínico. Muy pocas enfermedades requieren un diagnóstico diferencial, debido a la peculiar localización del rash. Entre ellas, cabe citar los efectos especiales del contacto con zumaque venenoso y con hiedra venenosa (aunque en éstos el picor es especialmente intenso).

En caso de duda, existen una serie de exámenes complementarios. Pueden ser necesarios debido a que los dolores previos a la aparición del rash pueden generar errores diagnósticos con pleuritis, infarto agudo de miocardio, apendicitis, colelitiasis o migrañas, según la localización. Se pueden tomar muestras del fluido de las vesículas, en el que las células infectadas por el VVZ presentan un núcleo celular muy alargado y oscurecido. Se puede realizar un cultivo viral de una lesión fresca o un examen microscópico de la base de la ampolla, denominado preparación de Tzanck. En el hemograma, puede existir leucocitosis como signo indirecto de infección, y elevación de anticuerpos contra el VVZ.

Evolución:

El rash y el dolor normalmente persisten de 3 a 5 semanas. Algunos pacientes desarrollan una condición dolorosa crónica, denominada neuralgia post-herpética, difícil de tratar. Ésta es más frecuente en ancianos, y puede llegar a incapacitar al paciente, dada su severidad. En algunos pacientes, el herpes zóster puede reaccionar de forma subclínica, con dolor en el dermatoma sin signos cutáneos (zoster sine herpete), más complicado y afectando a más nervios que el herpes zóster inicial. Además, en estos casos se puede complicar con neuropatías craneales, polineuropatías, mielitis o meningitis aséptica.

Tratamiento:

Si bien en nuestros pueblos es tradicional la utilización de cataplasmas con una planta llamada “yerba mora” (Solanum nigrum) aplicada sobre las lesiones vesiculosas, el tratamiento médico se basa en la utilización de fármacos antivirales, entre los que se destaca el Aciclovir.

Para mayor efectividad y disminuir la probabilidad de presentar neuralgia post-herpética, deben iniciarse (a las dosis correctas) dentro de las 72 horas de la aparición del dolor o sensación de ardor y preferiblemente, antes de la aparición de las ampollas características. Si el paciente inicia un antiviral, pero no utiliza las dosis correctas, tendrá mayor probabilidad de presentar complicaciones.

Todos los antivirales (a las dosis correctas) acortan el curso, disminuyen el dolor y reducen las complicaciones. Por lo general se suministran en dosis orales y aquellos pacientes gravemente comprometidos, como los que tienen SIDA, pueden requerir terapia intravenosa.

Por lo general, si son utilizados en la dosis correcta, las lesiones activas comienzan a mejorar muy rápidamente y no siguen apareciendo nuevas lesiones. La aplicación del antiviral en forma de “cremita” un par de veces al día no es suficiente; por lo general se utilizan dosis altas del antiviral para que sea efectivo.

Los corticoesteroides, como la prednisona, pueden emplearse en ocasiones para reducir la inflamación y el riesgo de neuralgia post-herpética. Estos han mostrado ser más efectivos en los ancianos, pero tienen ciertos riesgos que deben sopesarse antes de indicarlos.

Los analgésicos, pueden ser necesarios para calmar el dolor. Los antihistamínicos pueden usarse en forma tópica u oral para reducir el prurito y el dolor. Las compresas húmedas frías pueden reducir el dolor. Los baños calmantes y lociones a base de avena coloidal, baños de fécula o lociones de calamina pueden ayudar a aliviar el prurito y la molestia.

El herpes zóster usualmente desaparece en dos o tres semanas y muy rara vez reaparece. Si éste involucra nervios motores puede causar parálisis temporal o permanente de los nervios involucrados. La neuralgia puede persistir por años, particularmente si el nervio trigémino resultó afectado.

Si el paciente tiene más de 2 semanas con los síntomas y presenta una neuralgia post-herpética (persistencia del dolor en el área donde ocurrió el herpes después 1 mes del episodio inicial e incluso después de desaparecer las lesiones del zóster) debe acudir a una clínica de dolor, para su debido tratamiento. no hacen falta ecosonografías, tomografías ni otros estudios especiales, ya que van a resultar normales. el problema es debido al daño producido por el virus en el nervio afectado.

Conductas no aconsejables:

Por el aspecto de las lesiones la cultura popular le ha puesto el nombre de “culebrilla” y en algunas zonas del Mediterráneo, como Italia y Malta, como «Fuego de San Antonio». Es común que los afectados por culebrilla recurran a brujos y curanderas, que aplicarán rezos, hierbas (yerbamora), tinta china y hasta los sobarán con sapos, con lo cual evitarán (otro mito) que la culebrilla “se una” terminando el cinturón, lo cual supuestamente traerá “consecuencias funestas”. Aparte de los peligros relacionados con las condiciones de higiene al aplicar tales exóticos e inútiles tratamientos, esto sólo retrasa el momento de la medicación adecuada.

Actualmente no es posible la eliminación total del virus del organismo. Sin embargo, existen tratamientos que pueden paliar los síntomas y disminuir la duración y gravedad del proceso. Los especialistas tratantes pueden encontrar apropiados algunos tratamientos que potencialmente podrían contribuir con la recuperación de los nervios afectados y aplicarán un acercamiento apropiado para cada paciente, incluyendo, lo cual no es frecuente, su hospitalización.

El tratamiento normal para este problema contempla medicamentos antivirales, como Aciclovir (el más común), los cuales pueden tomarse por vía oral o intravenosa en casos más severos. Si estos fármacos se emplean dentro de las 24 horas de la aparición del dolor o sensación de ardor y antes de la aparición de las ampollas características, el efecto será más contundente y se evitarán complicaciones mayores.
Infrecuentemente pueden administrarse corticosteroides (como la prednisona), para reducir inflamación y el riesgo de neuralgia posherpética. Éstos suelen ser los indicados para ancianos.

Terapias complementarias:

Algunas opciones terapéuticas como las enzimas digestivas eran utilizadas antes de la era de los antivirales. Las enzimas pancreáticas fueron una opción terapéutica en diversos países, y se llevaron a cabo múltiples investigación. Un ensayo clínico multicéntrico a gran escala ha demostrado recientemente resultados prometedores. Los resultados de otro ensayo clínico apoyan la idea de que la terapia enzimática oral es beneficiosa en pacientes que además tienen patologías con un aumento de la producción de factor de crecimiento tumoral-beta (β-TGF). Por otro lado, se ha encontrado un aumento de los niveles de β-TGF en pacientes con VVZ.

Por otra parte, dado que el dolor es la manifestación que más se teme de este problema, para su control pueden administrarse analgésicos de diversas graduaciones, mismos que deberán ser prescritos por el médico tratante; así, cuando es de poca intensidad, puede administrarse ibuprofeno, de ser moderado se recomienda amitriptilina o nortriptilina (antidepresivos que aumentan la transmisión nerviosa del cerebro) y en casos severos analgésicos narcóticos como la codeína o la metadona.

El intenso dolor provocado por el HZ es un dolor distinto del dolor que habitualmente conocemos (dolor nociceptivo, que es por ejemplo el dolor que tenemos cuando nos golpeamos en un brazo), el dolor del HZ es de tipo neuropático, secundario al daño de estructuras nerviosas y que en ocasiones se caracteriza por ser muy intenso, eléctrico o quemante y que no responde o responde muy poco a los analgésicos o AINE que todos conocemos. Para este tipo de dolor sirven otro tipo de fármacos, en su mayoría Anticonvulsivantes como Carbamazepina, la Oxcarbazepina, Gabapentina y Pregabalina y Antidepresivos como la Amitriptilina y la Duloxetina los que pueden ser utilizados solos o combinados.

Pese a lo anterior, el dolor sigue siendo motivo de investigación por parte de la Ciencia. En el intento por bloquearlo se ha descubierto que los nervios que se inflaman por efecto del virus herpes zoster producen glutamato, sustancia química que invade células cercanas a las que transmiten señales de dolor que son enviadas al cerebro. Este hecho las vuelve demasiado sensibles, lo cual explica por qué los enfermos pueden sentir gran dolor incluso cuando la piel se toca ligeramente.

En nuestros días existen medicamentos que pueden bloquear los sitios donde se recibe el glutamato, y parece ser que brinda buenos resultados. A su vez, ciertos estudios han demostrado que aplicando la vacuna de la varicela a las personas mayores aumenta el tipo de inmunidad necesario para bloquear el virus.

Otros medicamentos en estudio son parches que contienen el anestésico lidocaína o capsaicína (sustancia que se obtiene del chile) que se colocan directamente en la zona del dolor con resultados alentadores.

Tal vez este sea el momento de revisar la cartilla de vacunación propia y la de todos los miembros de su familia, pues es la forma más simple de protegerse del embate de este peligroso virus.

No existe una cura para la culebrilla. El tratamiento anticipado con medicinas que combaten el virus puede ayudar. Esas medicinas también pueden ayudar a prevenir el dolor persistente. Una vacuna puede prevenir la culebrilla o disminuir sus efectos. La vacuna es para personas mayores de 60 años que han tenido varicela pero no han tenido culebrilla.

El tratamiento para la culebrilla será determinado por su médico basándose en lo siguiente:
Su edad, su estado general de salud y su historia médica.
Que tan avanzada está la enfermedad.
Su tolerancia a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.
Sus expectativas para la trayectoria de la enfermedad.
Su opinión o preferencia.

La culebrilla tiene que seguir su curso, ya que no existe cura para la enfermedad. El tratamiento generalmente está enfocado a aliviar del dolor. El tratamiento puede incluir medicamentos para aliviar el dolor y medicamentos antivirales para ayudar a disminuir algunos de los síntomas y minimizar daño al nervio. Otros tratamientos pueden incluir:
Reposo en cama, especialmente durante la fase temprana de la culebrilla, si el paciente tiene fiebre.
Loción de calamina o un medicamento similar para tratar la picazón.
Aplicación de compresas frías en las áreas de la piel afectadas.
Cirugía para extirpar el nervio afectado (en caso de que el dolor severo no se alivie con los medicamentos).

Complicaciones:

Los síntomas activos de la culebrilla usualmente no duran más de tres a cinco semanas. Sin embargo, ocasionalmente ocurren complicaciones. Las dos complicaciones principales que pueden ocurrir como resultado de un caso de herpes zoster incluyen los siguientes:
Neuralgia posherpética (su sigla en inglés es PHN)
Se caracteriza por dolor continuo, crónico que la persona siente incluso después de que las lesiones de la piel han sanado. El dolor puede ser severo en el área en donde las vesículas estuvieron presentes y la piel afectada puede ser muy sensible al calor y al frío.
Entre las personas con mayor riesgo de tener PHN se incluye aquellas que tienen dolor severo durante la fase activa del herpes, las que tienen alteración sensorial y los ancianos. El tratamiento temprano del herpes puede prevenir la PHN. Además se pueden usar analgésicos (medicamentos que alivian el dolor) y tratamiento con esteroides (para reducir la inflamación) para tratar el dolor y la inflamación.
Infección bacteriana:
Una segunda complicación común y severa del herpes, es la infección bacteriana en la piel donde están las lesiones. Las infecciones pueden producir complicaciones adicionales, como cicatrices y gangrena superficial. Cuando la infección ocurre en los ojos o cerca de ellos, puede producirse una infección bacteriana secundaria o la opacificación corneal (nebulosidad de la córnea).

Prevención:

Aunque, como ya se indicó, el virus no se contagia a través de la respiración, la tos o el contacto casual, la higiene y el sentido común tienen siempre validez. Por lo tanto, es importante destacar que el afectado debe mantener la piel limpia y no reutilizar artículos contaminados (por ejemplo, utensilios para comer), o bien, lavarlos con agua hirviendo cada vez que los emplee (lo común es disponer de desechables). Además, puede ser especialmente recomendable que el enfermo mantenga aislamiento mientras las lesiones estén supurando, a fin de no infectar a otros.

En relación con la prevención, ya existen algunas vacunas que dan esperanzas sobre una posible futura solución.

Zostavax ® es una vacuna desarrollada por Merck & Co., cuya eficacia ha sido demostrada para prevenir el 50% de los casos de herpes zóster.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Varicela o lechina

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Consideraciones generales:

La varicela es una enfermedad común entre los niños, particularmente entre los menores de 12 años. Se manifiesta con la aparición en todo el cuerpo de una erupción que se asemeja a ampollas y que produce picazón, y puede estar acompañada por síntomas seudogripales. Por lo general, los síntomas desaparecen por sí solos. Sin embargo, debido a que la infección es muy contagiosa, se recomienda que un niño con la enfermedad permanezca en su casa y descanse hasta que los síntomas desaparezcan.

Definición:

La varicela es una virosis aguda generalizada, de comienzo repentino, con fiebre moderada, síntomas generales leves y una erupción cutánea maculo papulosa que dura pocas horas y se transforma en vesiculosa durante tres o cuatro días y cuando se secan las vesículas deja costras granulosas. Las vesículas son uniloculares y se colapsan al pincharlas. Las lesiones suelen aparecer en brotes sucesivos y se observan en diversas etapas de maduración al mismo tiempo. Esta es la forma más fácil de identificar una varicela: en un determinado momento unas lesiones están en forma maculopapular, otras en forma de vesículas y otras en forma de costras.

Frecuencia:

La varicela no debería considerarse como “una parte normal del crecimiento”. En Estados Unidos, aproximadamente 4 millones de personas, la mayoría de ellos niños menores de 15 años, contraen varicela cada año. Esta enfermedad puede causar graves problemas e inclusive la muerte. La mayoría de los niños tienen suerte y solamente sufren de comezón, malestar y de la ausencia a la escuela y a otras actividades. Pero cada año, cerca de 7,500 niños y adolescentes (menores de 15 años) tienen que ser hospitalizados por los problemas médicos (complicaciones) de la varicela. Cerca de 40 niños mueren al año a causa de estas complicaciones.
La varicela es una infección de difusión mundial. En climas templados un 90% de la población ha tenido varicela antes de los 15 años de edad y un 95% antes de llegar a la edad adulta.
En las zonas templadas se presenta durante el invierno y a principios de la primavera.

Agente causal:

La varicela es causada por el herpes virus humano 3 (alfa), también conocido como el virus de la varicela-zóster (VVZ), miembro del grupo Herpesvirus.

Contagio:

La varicela es sumamente contagiosa. El modo de transmisión es de persona a persona por contacto directo, por gotitas respiratorias o por diseminación aérea de secreciones de las vías respiratorias de los pacientes o del líquido de las vesículas; indirectamente por objetos recién contaminados con secreciones de las vesículas y las mucosas de las personas infectadas. Las costras de las lesiones de la varicela no son infectantes.

Las personas infectadas pueden transmitir la varicela desde casi dos días antes de saber que tienen la enfermedad y hasta que todas las ronchas hayan formado costra. No es necesario tener contacto físico con una persona infectada para que la enfermedad se disemine. Si su hijo tiene varicela, es importante que no asista a la escuela hasta que las ampollas estén secas, lo que generalmente ocurre en una semana. Si usted no está seguro de si su hijo puede regresar a la escuela, consúltelo con su médico.

La mayoría de los niños cuyos hermanos han tenido varicela también la padecen (si todavía no tuvieron la enfermedad o no recibieron la vacuna correspondiente) y presentan síntomas dos semanas después de que su hermano los ha presentado. Para evitar que el virus se propague, asegúrese que sus hijos se laven las manos frecuentemente, en particular antes de comer y después de ir al baño. Si su hijo tiene varicela, manténgalo lo más alejado posible de los hermanos que no estén vacunados.

Todos los niños que jamás hayan tenido varicela están en riesgo de adquirir la enfermedad y pueden desarrollar complicaciones graves. La varicela es más común en los niños que asisten a la guardería o a la escuela.

Es importante evitar que los niños con varicela estén en contacto con niños susceptibles hasta que dejen de representar un riesgo de contagio para otros (cuando todas las ampollas hayan formado costra ya que éstas no son infectantes).

Cuando se presenta la varicela en casa, un niño o adulto susceptibles tienen 90% de probabilidad de contagiarse de un hermano, hermana o incluso de sus padres.
Las personas que no hayan contraído varicela o recibido la vacuna correspondiente también pueden contraerla de una persona que tenga culebrilla, pero no pueden contraer culebrilla. Esto se debe a que la culebrilla solamente puede desarrollarse a partir de una reactivación del virus varicela zóster en una persona que haya tenido varicela previamente.

La varicela es una de las enfermedades más fácilmente transmisibles, en especial durante las primeras etapas de la erupción. El herpes zóster o culebrilla tiene una menor tasa de transmisión, sin embargo los contactos que no hayan padecido la varicela al entrar en contacto con un herpes zóster enfermarán de varicela. La probabilidad de infectarse, en el medio familiar, de las personas susceptibles es de un 80 a 90%.

Susceptibilidad:

La susceptibilidad a la varicela es universal. La infección confiere inmunidad prolongada. El herpes-zóster (culebrilla) es la manifestación local de una infección recurrente, reactivada por el mismo virus que causa la varicela.

El hombre es el único reservorio del virus.

Periodo de incubación:

El periodo de incubación es de dos a tres semanas, generalmente de 14 a 16 días.

Periodo de trasmisibilidad:

El periodo de transmisibilidad, generalmente comienza uno o dos días antes de la erupción de varicela y dura hasta que todas las lesiones estén en fase de costras: unos cinco días después de que aparece el primer brote de vesículas.

Síntomas:

Los síntomas de la varicela pueden empezar con irritabilidad, dolor generalizado y fiebre; además el niño puede perder el apetito y en general, parecerá que “se va a enfermar de algo”.

Manifestaciones:

La varicela causa una erupción cutánea de color rojo que produce comezón en la piel. Dicha erupción aparece primero en el abdomen, el rostro o la espalda y, luego, se propaga a casi todas las partes del cuerpo, incluidos el cuero cabelludo, la boca, la nariz, las orejas y los genitales.

La erupción comienza con varios bultos rojos pequeños que parecen granos o picaduras de insectos. Luego, se transforman en ampollas frágiles con un líquido transparente, que se torna turbio. Cuando las ampollas se rompen, dejan pequeñas heridas abiertas que, al secarse, generan una costra de color marrón.

Las lesiones tienden a ser más frecuentes en las partes cubiertas del cuerpo que en las descubiertas. Pueden localizarse en el cuero cabelludo, vértice de las axilas, mucosas de la boca y de las vías respiratorias superiores y en las conjuntivas. Pueden ser tan escasas que pasen inadvertidas. Cuando afecta a adolescentes o adultos las manifestaciones generales pueden ser intensas.

Las ampollas de la varicela suelen medir menos de medio centímetro de diámetro, tienen una base roja y aparecen en tandas en el transcurso de dos a cuatro días. La erupción puede ser más extensa o grave en niños con otros trastornos de la piel, como eczema.

Algunos niños presentan fiebre, dolor abdominal, dolor de garganta, dolor de cabeza o una sensación de malestar indefinido uno o dos días antes de que la erupción aparezca. Estos síntomas pueden durar algunos días y la fiebre permanece en el rango de 37.7° C a 38.8° C. En casos poco frecuentes, la temperatura puede elevarse. Los niños más jóvenes suelen tener síntomas más leves y menos ampollas que los niños más grandes o los adultos.

Por lo general, la varicela es una enfermedad leve, pero puede ser grave en algunos lactantes, adolescentes, adultos y personas con sistemas inmunitarios debilitados. Algunas personas pueden presentar infecciones bacterianas graves relacionadas con la piel, los pulmones, los huesos, las articulaciones y el cerebro (encefalitis). En ocasiones, aun los niños con sistemas inmunitarios normales pueden presentar complicaciones a causa de la varicela; la complicación más frecuente es una infección de la piel cerca de las ampollas.

El niño empezará a sentirse mejor en cuanto las ampollas empiecen a formar costra, pero a fin de reducir el contagio de la enfermedad al mínimo, el niño no deberá tener contacto con personas que no hayan padecido varicela hasta que todas las ampollas hayan formado costra, lo que puede tardar de 5 a 10 días.

Cualquier persona que haya tenido varicela (o recibido la vacuna contra la varicela) en la niñez corre el riesgo de contraer culebrilla más adelante en su vida. De hecho, hasta el 20% la contrae. Después de una infección, el VVZ puede permanecer inactivo en las células nerviosas de la médula espinal y, luego, reactivarse en forma de culebrilla, que puede provocar una sensación de hormigueo, comezón o dolor seguidos de una erupción con bultos rojos y ampollas. A veces, la culebrilla se trata con medicinas antivirales, esteroides y medicamentos para el dolor. En la actualidad, hay una vacuna contra la culebrilla disponible para personas mayores de 60 años o más.

La varicela y el embarazo:

Las embarazadas y las personas con problemas en el sistema inmunitario no deben estar cerca de una persona con varicela. Si una embarazada que no ha padecido varicela previamente contrae la enfermedad (especialmente durante las primeras 20 semanas del embarazo), el feto corre riesgo de tener defectos de nacimiento y la mujer tiene el riesgo de padecer más complicaciones que si hubiera contraído la enfermedad antes de quedar embarazada. Si la mujer presenta varicela justo antes o después de que nazca el bebé, el recién nacido corre el riesgo de tener complicaciones graves de salud. No existe ningún riesgo para el bebé si la mujer contrae culebrilla durante el embarazo.

Si una embarazada ha tenido varicela antes del embarazo, el bebé está protegido contra la infección durante los primeros meses de vida, debido a que la inmunidad de la madre es transmitida al bebé a través de la placenta y la leche materna.

Es posible que las personas que corren el riesgo de tener enfermedades o complicaciones graves, como recién nacidos cuyas madres han tenido varicela en el momento del parto, pacientes con leucemia o deficiencias inmunológicas y niños que reciben drogas inmunosupresoras, reciban inmunoglobulina de varicela zóster después de la exposición a la varicela a fin de disminuir su gravedad.

Riesgo en los adultos:
Aunque la enfermedad ocurre más frecuentemente en niños de entre 5 y 9 años de edad, los adolescentes (de 15 años de edad y mayores) y adultos que no han tenido varicela se consideran “susceptibles” a la enfermedad. Cuando en esta población de mayor edad se presenta varicela, los resultados pueden ser más graves que en los niños.

Evolución:

La evolución de la varicela variará en cada niño; sin embargo, la fase más grave de la enfermedad dura habitualmente de 4 a 7 días. Las ampollas nuevas generalmente dejan de aparecer por el quinto día, una gran parte forma costra alrededor del sexto día y la mayoría de ellas desaparecen dentro de los 20 días posteriores al comienzo de la erupción cutánea. Sin embargo, si existen complicaciones, el periodo de recuperación puede ser aún más largo.

El Virus de la Varicela Zóster (VVZ) se acantona en los ganglios de las raíces dorsales y, en ocasiones, puede reactivarse una infección latente apareciendo una lesión local denominada Herpes Zóster. Las vesículas, de base eritematosa se limitan a las zonas de la piel inervadas por los nervios sensitivos de uno o varis grupos contiguos de ganglios de las raíces dorsales. Las lesiones, que son idénticas a las de la varicela salvo que son unilaterales, pueden surgir en brotes irregulares siguiendo el trayecto de los nervios (dermatoma). Es frecuente que sean dolorosas y se acompañen de parestesias

Tratamiento:

La varicela es causada por un virus, por lo que el médico no recetará antibióticos. Sin embargo, es posible que se requieran antibióticos si las heridas se infectan con bacterias. Esto ocurre con bastante frecuencia entre los niños, ya que generalmente se rascan o tocan la zona de las ampollas.

El médico puede recetar Aciclovir, un medicamento antiviral, a las personas con varicela que corren el riesgo de tener complicaciones. El fármaco, cuya función es disminuir la gravedad de la infección, debe administrarse durante las primeras 24 horas a partir de la aparición de la erupción. El Aciclovir puede tener ciertos efectos secundarios, por ello, sólo se recomienda su administración cuando sea necesaria. Su médico puede indicarle si el medicamento es adecuado para su hijo.

Manejo de las molestias de la varicela:

• Para la comezón use compresas húmedas frías o prepare baños en agua fría o templada cada tres o cuatro horas durante los primeros días. Los baños de avena, disponibles en supermercados y farmacias, pueden ayudar a aliviar la comezón. (Los baños no hacen que la erupción se propague).
• Seque el cuerpo suavemente sin frotar.
• Aplique loción de calamina en las áreas con comezón (pero no la aplique en el rostro, especialmente cerca de los ojos).
• Prepare comidas frías, blandas y fáciles de digerir, ya que la varicela en la zona de la boca puede dificultar comer y beber. Evite ofrecer a su hijo alimentos que sean muy ácido o salado, como el jugo de naranja las papitas o los tostones.
• Pregunte a su médico o al farmacéutico acerca de las cremas para aliviar el dolor que se pueden aplicar en las heridas del área genital.
• Dele a su hijo acetaminofén regularmente para aliviar el dolor si tiene ampollas en la boca.
• Pregúntele al médico sobre otros medicamentos de venta libre que alivien la comezón.
• Nunca use aspirina para bajar la fiebre o disminuir el dolor en niños con varicela, ya que la aspirina ha estado asociada con una enfermedad grave conocida como el síndrome de Reye, la cual puede producir insuficiencia hepática e incluso la muerte.

En la mayor medida posible, evite que su hijo se rasque. Quizás, esto sea difícil para su hijo; por eso, usted puede cubrir las manos de su hijo con guantes o medias para evitar que se rasque mientras duerme. Además, puede cortarle las uñas y mantenerlas limpias para disminuir los efectos por haberse rascado, incluidas las ampollas abiertas y la infección.

La mayoría de las infecciones de varicela no requieren tratamiento médico especial. Pero algunas veces, surgen problemas. Llame al médico en caso de que su hijo tenga lo siguiente:

• Fiebre que dure más de cuatro días o ascienda a más de 38.8° C
• Tos severa o dificultad para respirar
• Áreas de erupción que supuren pus (un líquido espeso e incoloro) o que se tornen rojas, doloridas, hinchadas y calientes
• Dolor de cabeza intenso
• Mareos inusuales o dificultad para despertarse
• Dificultad para poder ver luces brillantes
• Dificultad para caminar
• Confusión
• Aspecto de enfermo o vómitos
• Cuello rígido

Cuando lleve a su hijo al médico, avise con anterioridad que es posible que su hijo tenga varicela. Esto es importante para evitar que otros niños en el consultorio estén expuestos al virus; para algunos de ellos, estar expuestos a la varicela puede causar graves complicaciones.

Complicaciones:

No es raro que un niño llegue a presentar de 250 a 500 ronchas, cualquiera de las cuales puede infectarse y dejar cicatrices permanentes. Algunas de estas infecciones pueden tener consecuencias graves. Dentro de las complicaciones menos comunes en los niños se encuentran la inflamación del cerebro, la pérdida del equilibrio y neumonía. En los adultos, la neumonía es la complicación más común de la varicela y se presenta en casi 20% de los adultos infectados.

La varicela también puede causar la pérdida de días de trabajo debido a que las familias deben pasar más tiempo con los niños y darles la atención necesaria cuando contraen la varicela. Los adultos susceptibles que se enferman también pierden días laborales. Los costos de las consultas médicas y las medicinas pueden ser una carga extra inesperada para las familias.

Las sobre infecciones bacterianas de las vesículas pueden dejar cicatrices u ocasionar fascitis necrosante o septicemia.

Si la infección ocurre durante las 20 primeras semanas de embarazo, podría dar lugar un Síndrome de varicela congénita, aproximadamente en un 0,7% de los casos.

Prevención:

Para evitar que los niños contraigan dicho virus, deben recibir la vacuna contra la varicela, que suele administrarse cuando los niños tienen entre 12 y 15 meses. Se recomienda la administración de una vacuna de refuerzo a niños de entre 4 y 6 años para una mayor protección. Asimismo, la administración de dos dosis de la vacuna con un intervalo de 28 días como mínimo a las personas de 13 años o más que nunca hayan tenido varicela o recibido la vacuna contra esta enfermedad.

La vacuna tiene alrededor de un 70% a 85% de efectividad en la prevención de una infección leve y, más de un 95% de efectividad en la prevención de formas moderadas o graves de la infección. Por lo tanto, aunque algunos niños que recibieron la vacuna contraerán varicela de todas maneras, los síntomas suelen ser mucho más leves que los de los niños que no han sido vacunados y contraen la enfermedad.

Los niños sanos que han padecido varicela no necesitan la vacuna, generalmente cuentan con protección de por vida contra la enfermedad.
La vacuna contra la varicela es de virus vivos atenuados: 1 dosis de 0,5ml por vía subcutánea a los a los 15 meses y un refuerzo a los 11 años de edad.
La vacuna está contraindicada en personas inmunodeprimidas, embarazadas, enfermedad grave y trastornos inmunitarios graves.

La transmisión de la infección puede prevenirse aislando al paciente infectado:
Exclusión de los niños de la escuela, consultorios médicos, salas de urgencias y sitios públicos durante cinco días como mínimo después de que aparece la erupción o hasta que se secan las vesículas.
El aislamiento estricto en los hospitales es indispensable para evitar la infección grave de los pacientes inmunodeficientes.
Desinfección de los objetos contaminados con secreciones nasofaríngeas y de las lesiones.

La inmunoglobulina varicela-zoster (IGVZ), preparada a partir del plasma de donantes de sangre normal con altos títulos de los correspondientes anticuerpos específicos es eficaz para modificar o prevenir la enfermedad siempre y cuando se administre dentro de las 96 horas siguientes a la exposición.

Generalmente, una persona tiene un episodio de varicela en su vida, pero el virus que causa la varicela puede permanecer en el cuerpo en estado latente y manifestarse en un tipo de erupción cutánea diferente conocido como culebrilla o herpes zóster. La vacuna contra la varicela reduce considerablemente las posibilidades de que un niño contraiga esta enfermedad, pero, de todas maneras, puede tener culebrilla más adelante.

El haber estado previamente expuesto a personas con varicela no asegura que usted esté protegido y, por lo tanto, aún puede contraer la enfermedad.

En el huésped normal la profilaxis de varicela tiene poca importancia ya que la enfermedad es benigna, pero se debe proteger de exposiciones al virus a las personas de alto riesgo:

Recién nacidos no inmunes
Inmunodeficientes.

Actualmente se dispone de una vacuna que protege contra el virus de la varicela, que puede utilizarse en personas de 12 meses de edad y mayores antes de ser contagiados. La protección que brinda la vacuna es duradera y provoca que nuestro cuerpo forme defensas específicas contra el virus de la varicela. Esta vacuna generalmente es bien tolerada.

Si tiene alguna pregunta sobre la vacuna contra la varicela, pregúntele a su médico. Las visitas al médico programadas con regularidad son el momento oportuno para comentar sobre la salud de sus hijos. Él es la mejor fuente de información sobre el cuidado de la salud.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Enfermedad por virus del papiloma humano

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Otros nombres:

Verrugas, papilomas, pólipos, condilomas, crestas de gallo.


Definición:

Son lesiones cutáneas producidas por el virus del papiloma humano. Este mismo virus puede originar diferentes tipos de estas excrecencias.

Frecuencia:

La aparición de verrugas es más frecuente durante la infancia. Esto se debe a que el sistema inmunológico de un adulto ya ha creado defensas contra el virus del papiloma humano o, al menos, contra alguno de sus tipos.

Por el contrario, el sistema inmune de un niño que nunca ha estado en contacto con el virus todavía no ha desarrollado anticuerpos contra él.

Cada 2 minutos muere una mujer en el mundo a causa del cáncer del cuello uterino, asociado directamente al virus del papiloma humano.

Dos terceras partes de las personas que tienen contacto sexual con una persona infectada por el virus del papiloma humano (VPH), desarrollan también la infección en un período de tres a seis meses, según indican las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Con tal índice, el VPH es considerado una de las trasmisiones de infección sexual más frecuentes, y sin embargo, es poco lo que se ha difundido sobre esta dolencia.

La mayor incidencia de las infecciones por este virus recaen en la población femenina, ya que en el cuello uterino se encuentra una zona conocida como ectopia cervical, área altamente vulnerable al ataque de los agentes infectantes, por ser muy delgada y sensible, que es la eversión o salida del tejido endocervical que normalmente está en el canal cervical y no es visible hacia fuera, de manera que resulta visible solo cuando exploramos la vagina con el espéculo. Además, por efecto hormonal, esta zona se hace más evidente y activa en mujeres jóvenes, en embarazadas y en aquellas que usan anticonceptivos hormonales, convirtiéndolas en población de alto riesgo a esta infección.

Clasificación:

Actualmente existen más de 150 tipos conocidos de este virus en humanos, treinta de ellos ubicados especialmente en el área genital. Sus cepas se dividen en dos grupos: de bajo riesgo (que no producen cáncer, pero si las llamadas verrugas genitales o condilomas) y los de alto riesgo, que pueden producir lesiones intraepiteliales que, de no ser tratadas, pueden evolucionar hasta generar un cáncer invasor de cuello uterino.

Contagio:

Las verrugas se transmiten por contacto directo. Necesitan una puerta de entrada, que suele ser una pequeña rotura en la piel o en las mucosas.

Pero estas lesiones no sólo se contagian de persona a persona. También es posible contraerlas tocando un objeto o pisando un lugar contaminado con el virus, algo que puede ocurrir en piscinas, gimnasios o duchas.

Sin embargo, es falsa la creencia popular que afirma que la sangre procedente de una verruga es capaz de trasmitir estas lesiones cutáneas a cualquier parte de la piel con el que entre en contacto. Esto se debe a que el virus no está en la sangre, sino en la piel.

Además, hay otro tipo de patologías cutáneas a las que coloquialmente se llama verrugas pero no lo son. Se trata de lunares abultados, de fibromas y de distintos tipos de tumores benignos de la piel.

Elementos de riesgo:

Adicionalmente, existen varias condiciones que ayudan a que el VPH desarrolle lesiones en el organismo que puedan degenerar en cáncer.; éstas son:
• Estados de desnutrición.
• Antecedentes de múltiples partos.
• El uso prolongado de anticonceptivos orales.
• Otras infecciones ginecológicas.
• Presencia de enfermedades autoinmunes.
• Y en especial el tabaquismo.

El VPH es menos frecuente en los hombres ya que, a diferencia del área ectópica en la mujer, la piel del pene es más gruesa y se encuentra queratinizada. De manera que para que el virus penetre en el epitelio, debe haber presencia de micro fisuras en la piel del pene o el escroto, que pueden ocasionarse por la frotación durante el coito.

Síntomas:

Pueden surgir en diferentes partes del cuerpo, pero lo más común es que se den en la cara, en las manos y en los pies, las zonas más expuestas a traumatismos. De esta manera, si se producen pequeñas heridas, por ahí penetra el virus.

Las verrugas vulgares se presentan como elevaciones papulosas, de tamaño y número variable, con una superficie en cresta de gallo. Por su parte, las verrugas filiformes son delgadas, están unidas a la piel por un estrecho pedículo y aparecen generalmente en los párpados.

Las planas suelen ser múltiples y localizarse en la cara, mientras que las plantares se dan en las plantas de los pies y son más frecuentes en personas que tienen la costumbre de caminar descalzas.

Asimismo, las verrugas ano genitales, también llamadas condilomas acuminados, se caracterizan por esta peculiar localización y por su posible transmisión sexual.

En el caso de trasmisión sexual, la única señal externa de esta enfermedad es la aparición de verrugas genitales, que en el caso de la mujer se ubica en la vulva, pared vaginal, ano y periné; en el caso del hombre, se desarrollan en el prepucio, glande, cuerpo del pene, escroto y región perianal (en el caso de las relaciones anales). En algunos casos estas lesiones pueden estar acompañadas de prurito o sensación de escozor. Sin embargo, la mayoría de las personas infectadas no sufren los efectos del contagio, ya que el VPH puede permanecer en estado latente por mucho tiempo sin producir cambios aparentes. De allí que muchos portadores ni se enteran que tienen el virus, pero tienen la posibilidad de infectar a otros.

Hay virus del papiloma humano capaces, incluso, de hacer que una verruga genital se transforme en cáncer. Sin embargo, otros tipos de este virus originan condilomas que no degenerarán en un tumor.

Diagnóstico:

La consulta con un especialista se convierte en la principal herramienta de diagnóstico. Esto se hace mediante un examen físico detallado y una citología aplicando el método de Papanicolaou, que es un medio de pesquisa para descubrir si hay células anormales en el área del cuello del útero. En caso de hallarlas, el ginecólogo pasa a revisar el cuello con un aparato llamado colposcopio y toma una muestra para realizar un análisis histológico, solo cuando el médico reciba el informe de la biopsia es cuando puede actuar; antes no puede haber diagnóstico ni tratamiento.

Tratamiento:

Existen tratamientos que acaban con las verrugas, pero en ningún caso destruyen el virus que las produce, que quien finalmente elimina el virus es nuestro propio sistema inmunológico.

Existen diferentes métodos para eliminar las verrugas. Estas excrecencias se pueden combatir con líquidos anti verrugas. Se trata de unas sustancias llamadas queratolíticos, que van pelando la dureza que tienen las verrugas y disminuyendo su tamaño hasta que finalmente las hacen desaparecer. También se pueden eliminar empleando nitrógeno líquido (lo que se denomina criocirugía) o bien se pueden quemar con bisturí eléctrico.

Otra técnica, más sofisticada y compleja, consiste en infiltrar ciertos fármacos en las verrugas.

Estos tratamientos acaban con las verrugas pero en ningún caso destruyen el virus que las produce, que quien finalmente elimina el virus es nuestro propio sistema inmunológico.

Cuando esto ocurre, las verrugas se desvanecen. Por eso algunas veces decimos los médicos que se eliminan con paciencia. El 30 por ciento desaparecen en seis meses y el 40 por ciento a los 2 años.

Aun cuando la mujer no haya logrado hacer desaparecer la enfermedad mediante su sistema inmunológico, tiene la posibilidad de tratarlo si es detectado oportunamente. “Nadie se acuesta sano y amanece con cáncer de cuello uterino”, por eso es injusto que sigan muriendo mujeres por esa enfermedad; ya que lo que hoy la está matando de una manera tan dolorosa, hace unos años era un pre cáncer que se hubiera podido tratar con atención médica sencilla, ambulatoria y no dolorosa.

Evolución:

En la mayoría de los casos, las infecciones por VPH, desaparecen espontáneamente sin ningún tratamiento, en un período entre los doce y veinticuatro meses; esto depende factores como el tipo de virus, de la cantidad de virus adquirida y la respuesta inmunológica del individuo. Aunque la resistencia del virus es baja, ya que el 2% de los casos infectados no logra eliminarlo, es necesario estar atento ante el riesgo que representa. “El cáncer de cuelo uterino es una enfermedad poco común, causada por una infección muy común”.

Prevención:

Algunas verrugas genitales se pueden prevenir con la vacuna del virus del papiloma humano. Pero debemos tener en cuenta que hay más de cien tipos de este virus del papiloma que se transmite entre las personas.

Actualmente se comercializa un tipo de vacuna contra el VPH, la cual previene la aparición de verrugas y un 70% del cáncer de cuello uterino. La misma es de naturaleza preventiva, de allí que se recomienda su aplicación en niñas y jóvenes que no han iniciado su vida sexual, por lo que no han sido expuestas al virus todavía.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Bronquiolitis

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La bronquiolitis también recibe otros nombres como bronquitis espástica, bronquitis disneizante o bronquitis asmatiforme.

Definición:

La bronquiolitis es la inflamación y constricción aguda de las vías aéreas más pequeñas, asociada a una infección viral, particularmente por virus sincicial respiratorio y, en menor proporción, rinovirus, metaneumovirus humano, virus de la influenza y parainfluenza. Afecta niños menores de dos años, mayormente a aquellos entre tres y seis meses.

Algunos niños, después de un primer episodio de bronquiolitis, siguen teniendo frecuentes resfriados con sibilancias, también llamados bronquitis obstructivas. Esta afección se debe a cierta hipersensibilidad de sus bronquios.

Los bebés y niños con hipersensibilidad bronquial pueden tener de nuevo tos, pitidos en el pecho y la respiración sibilante cuando hay cambios de clima. Sobre todo si respiran ambientes contaminados o son infectados por un nuevo virus. Por supuesto, no hay que olvidar que estos niños recaen en la enfermedad con más facilidad si en su hogar hay personas fumadoras.

Epidemiología:

En algunos países tiene mayor prevalencia en el invierno, en zonas tropicales como Venezuela, existen casos de Bronquiolitis durante todo el año.

El virus se transmite por contacto directo con las secreciones nasales, bien sea por gotas en el aire (tos) o contaminación de superficies, especialmente las manos.

Factores de riesgo:

Prematuridad, bajo peso al nacer, asistencia a guarderías, presencia de hermanos en edad preescolar, bajas condiciones socio-económicas, fumadores en el hogar (especialmente la madre), ausencia de lactancia materna, enfermedad pulmonar crónica, ciertas cardiopatías congénitas, enfermedades neuromusculares, inmunodeficiencia y edad menor de seis meses.

Síntomas:

Una bronquiolitis empieza como un resfriado común, moco nasal clarito, algo de tos y quizá un poco de fiebre.

Pero en uno o dos días, la tos empeora y le dificulta dormir. En ocasiones, le provoca vómitos, el bebé se queja, su respiración es jadeante y se puede escuchar algún “pito” dentro de su pecho.

Todo esto se debe a que los bronquios se han inflamado, por tanto están más estrechos y el aire “silba” al pasar por ellos. Suele notarse más cuando el bebé expulsa el aire, en la respiración.

El bebé tiene que hacer más esfuerzo del normal para respirar y mueve el abdomen al hacerlo o se le hunden los músculos intercostales.

Además, sus bronquios segregan más moco y el bebé intenta expulsarlo mediante la tos. En esta fase puede haber más o menos fiebre, pero lo principal es la tos y la dificultad del bebé para respirar.

Aunque la mortalidad suele ser menor del 2%; se ha asociado con persistencia de broncoespasmos comportándose similar al asma bronquial.

Tratamiento:

Lo más importante es asegurarnos de que el bebé puede respirar:

Limpiarle bien la nariz para que no esté obstruida por mucosidad. Incorporarle. No forzarle a comer (lo hará mejor con cuchara, poco a poco. Darle agua a menudo, ya que le ayudará a ablandar las secreciones. Un humidificador también le ayudará.

Entre las medicinas más habituales se encuentran las siguientes:

Antibióticos: Al ser una enfermedad causada por virus, no son necesarios. A veces se dan, si se sospecha que haya una infección bacteriana sobreañadida (en ese caso, el bebé seguramente tenga más de 39 de fiebre, y /o durante más de 2-3 días).

Antivíricos: No se ha comprobado que sean útiles. Además, son muy caros. Se reservan para niños con dificultades añadidas, como ser prematuros o padecer una inmunodeficiencia.

Broncodilatadores: Se pueden emplear por medio de aerosoles o nebulizadores y pueden ser de gran ayuda.

Antiinflamatorios (Corticoides): También pueden ser de gran ayuda. Unas veces se administran en aerosol, otras en gotas o incluso en inyectables.

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Mucolíticos: Aunque se utilizan a menudo, su efecto no es superior al simple hecho de aumentar el aporte de líquidos o poner un humidificador.

Antitusivos: No son recomendables. El bebé necesita toser para mantener limpias las vías respiratorias.
En general, el manejo de esta enfermedad se centra en la oxigenación y control del estado de hidratación del bebé.

Complicaciones:

Los bebés pequeños suelen necesitar estar vigilados en el ámbito de un hospital. Ellos tienen menos fuerza, se cansan de toser y puede resultar difícil alimentarlos.

Los síntomas de que el bebé necesita atención especializada son los siguientes:

Tiene los labios azulados. Esto indica que le llega poco oxígeno. Al respirar se le hunde la piel entre las costillas, por encima del esternón o por debajo del borde de las costillas. Esto se llama “tiraje” e indica que tiene que hacer un esfuerzo “extra” para respirar. Respira muy deprisa, pero muy flojito. Vomita todo lo que toma. Está muy decaído. Tiene fiebre alta.

Predisposición:

En casi todas las temporadas de lluvia hay pequeñas epidemias de bronquiolitis por el Virus Respiratorio Sincitial, que pueden afectar a los bebés entre 3 y 9 meses.

Los bebés amamantados también pueden padecer bronquiolitis, aunque quizá de forma algo más leve.

Padecer un primer episodio de bronquiolitis puede predisponer al bebé a tener bronquitis de repetición.

A partir de los 2-3 años, los bronquios de los niños son ya de mayor calibre y suelen mejorar este tipo de bronquitis salvo en el caso de que se asocie asma o algún tipo de alergia.

Si un bebé tiene más de 3 episodios de bronquitis obstructivas en un periodo corto de tiempo, la mayoría de los pediatras recomiendan medicamentos preventivos tales como:
Ketotifeno (es un jarabe).Corticoides inhalados.

Prevención:

Es importante el lavado de manos con agua y jabón o gel de alcohol isopropílico al manipular a los bebés, ofrecer lactancia materna al menos durante el primer año de vida y evitar el cigarrillo. En bebés con factores de riesgo se debe considerar el uso de anticuerpos monoclonales contra el virus sincicial. Una buena manera de proteger al bebé es evitar el tabaco dentro de casa.

Dr. Avilio Méndez Flores

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La fiebre en el niño

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La fiebre es la elevación de la temperatura oral o axilar por encima de 37.5ºC y la rectal por encima de 38ºC. Es el signo más precoz y objetivo de una enfermedad infecciosa y por lo tanto debe poner en alerta a la persona que atiende al niño. La fiebre alta y persistente puede indicar la importancia y severidad de la enfermedad. En efecto, en presencia de cualquier infección la fiebre debe ser bienvenida porque significa que el organismo se está defendiendo. Es importante aprender a reconocer la fiebre y que medidas tomar, pero no bajársela a toda costa sin buscar la causa. La fiebre puede ocasionar malestar, dolor de cabeza, poco apetito y dificultad para digerir alimentos. Para aliviar estos síntomas se puede recurrir a los medicamentos que al mismo tiempo sirven para controlar la temperatura, pero debe cuidarse su dosificación.

Un niño que tiene fiebre usualmente mostrará signos de estar enfermo. Tome la temperatura si usted ve 1 o más de los siguientes síntomas: Sudoración excesiva. Piel seca y caliente al tocarla. Somnolencia (sueño constante durante el día). Síntomas de respiración inusual o resfriado. Dolor de oído. Vómitos. Poco apetito. Cuando un niño usualmente activo, deja de moverse y jugar.

La mayoría son de origen viral o bacteriano. La dentición probablemente pueda ser una causa no significativa de fiebre, y no debe pensarse que sea la única causa. En general, la fiebre no es lo único importante, también cuenta el estado general y la actitud del niño.

• Ofrézcale líquidos fríos que reemplacen los que él pierda a causa de la sudoración o de la diarrea. Esto puede ayudar a reducir la temperatura corporal.
• Manténgalo lo más fresco que pueda, colocándole la menor vestimenta posible. El arroparlo puede aumentar la fiebre.
• Bañarlo o impregnarlo con agua ligeramente tibia por un lapso de 20 a 30 minutos, puede ser útil para reducir la fiebre.
• El uso de antipiréticos se hará en base a las recomendaciones del médico, según el peso y la edad del niño.

Dr. Avilio Méndez Flores

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El sarampión

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Es una enfermedad producida por un virus.

El contagio se produce, generalmente, por las secreciones emitidas en finas gotas por la tos.

Tarda en manifestarse unos 10 días.

Los síntomas suelen ser agudos: fiebre alta, tos frecuente, marcada conjuntivitis y faringitis y 4 días después una erupción característica de manchas rojas parduscas que comienzan en la cara y dura 8 días si no se complica. La enfermedad es más grave en lactantes y adultos mayores.

No tiene tratamiento antibiótico.

Se puede complicar con diarrea o neumonía.

Se previene con la vacuna respectiva en una sola aplicación o en el equipo de la trivalente viral a partir del año de edad.

Dato práctico: fiebre sin tos no es sarampión.

Dr. Avilio Méndez Flores

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La rubeola

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Es una enfermedad viral. Su contagio se produce por la emisión de partículas de las secreciones de la nariz y garganta de un individuo afectado.

A partir del contacto puede tardar de 16 a 18 días en manifestarse.

Los síntomas son: fiebre y erupción. Los adultos pueden sufrir, por alrededor de 5 días, de fiebre leve, dolor de cabeza, malestar general y conjuntivitis.

El contagio en la mujer embarazada puede ocasionar malformaciones en el feto.

No tiene tratamiento antibiótico.

Dos aplicaciones de la vacuna trivalente viral protegen de por vida.

Recuerde: Es menos difícil prevenir que intentar curar. Cuide su salud.

Dr. Avilio Méndez Flores

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