Enfermedades Virales

Influenza

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Es producida por virus y generalmente se presenta de forma epidémica.

Se contagia por contacto directo y a través del aire. Apenas tarda de 1 a 3 días en manifestarse.

Tratándose de una gripe aguda sus síntomas son: Fiebre, dolor de cabeza, dolor de garganta y tos. Puede complicarse con diarrea, neumonía o meningitis.

No tiene tratamiento antibiótico.

Los virus de la influenza tienen una capacidad extraordinaria de mutación, por lo que cada año hay que rehacer la inmunización. Está formalmente indicada en mayores de 65 años, en pacientes con enfermedades crónicas y su única contraindicación es la alergia a la proteína del huevo.

La aplicación de la vacuna debería ser una firme rutina anual.

Recuerde: más fácil es prevenir que curar. Cuida tu salud.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Parotiditis o paperas

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La parotiditis epidémica, es una enfermedad infecciosa viral que ataca sobre todo a los niños entre los 6 y 15 años de edad y particularmente del sexo masculino. El agente es el mixovirus parotidítico que puede demostrarse en la saliva a las 48 horas de iniciada la enfermedad.

La transmisión se efectúa por medio de personas enfermas, pero también por individuos sanos portadores del virus y por utensilios contaminados

Se inicia con aumento de la temperatura, ligero trastorno del estado general y a veces angina leve. A continuación se desarrolla una tumefacción dolorosa en una parótida (con frecuencia la izquierda). La sensación dolorosa suele acentuarse con comidas o bebidas de apariencia, olor o sabor intenso. La glándula inflamada levanta un poco el lóbulo de la oreja y es blanda y algo dolorosa a la presión y nunca supura. La abertura de la boca y la masticación están dificultadas. La secreción de saliva no suele estar perturbada, pero algunos pacientes se quejan de sequedad de la boca. En la hematología se observa disminución de los glóbulos blancos a expensas de los segmentados neutrófilos, característico de las infecciones virales. La enfermedad dura, poco más o menos, una semana y si la parotiditis es bilateral, dos semanas.

En los varones jóvenes constituye una complicación muy frecuente la orquitis (inflamación de testículos) y aparece en 10-30% hacia el 4º y 7º día de la enfermedad con hinchazón y dolores vivos, generalmente unilateral (lo más a menudo derecha) que puede originar atrofia testicular, y, si es bilateral, determina esterilidad. En la mujer rara vez produce ovaritis y mastitis. La pancreatitis no es rara y puede dejar como secuela la diabetes tipo 1. También es posible la otitis, la neumonía y la meningoencefalitis.

Se impone el reposo en la fase sintomática, aunque la condición contagiante puede durar unas semanas más. Confiere inmunidad duradera a quien la sufre. En el recién nacido habrá inmunidad transferida de la madre por vía transplacentaria que le dura hasta los 9 meses de edad.

Las personas que nacieron después de 1957 y que no están claras en su estatus de vacunación deben recibir la vacuna trivalente viral. Eso las protege contra la parotiditis y nunca está de más recibir una dosis de anti-sarampión y anti-rubéola. La primera dosis debe ser aplicada entre los 12 y 15 meses de edad; la segunda, entre los 4 y 6 años de edad, pero en caso de brote se puede adelantar la segunda dosis.

El período de incubación de la enfermedad es de 2 a 3 semanas, por lo que aún habría oportunidad de vacunar si la persona ha tenido contacto con el virus.

Causas de la epidemia: No tener la vacuna aplicada. Haberse aplicado sólo la bivalente viral (sarampión-rubéola) y no la trivalente viral (sarampión-rubéola-parotiditis)

Dr. Avilio Méndez Flores

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Descubren explicación a resistencia del dengue

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Científicos franceses y estadounidenses han encontrado una explicación del mecanismo de resistencia al virus del dengue que puede desarrollar nuevas estrategias de prevención contra una enfermedad que afecta cada año a más de 100 millones de personas, especialmente en América Latina y el Sudeste Asiático.

Según informó el Centro Nacional de Investigación Superior de Francia, expertos del Instituto Pasteur y de la Universidad de Berkeley han observado que las células de respuesta inmunitaria implicadas en el control de la infección de agentes patógenos son capaces de capturar el virus y de evitar que se multiplique.

El momento clave de la infección de las células más sensibles a la enfermedad se produce cuando la glicoproteína del envoltorio viral entra en contacto con las células dendríticas de la piel, según han concluido los investigadores, que han publicado los resultados de sus pesquisas en la revista “PloS NTD”.

De entre las células a las que ataca el virus, los macrófagos de la dermis humana que contienen el denominado CD209/DC-SIGN son los que tienen la capacidad de evitar la propagación del virus.

El trabajo de los investigadores describe por primera vez un nuevo mecanismo de resistencia que constituye un importante sistema de defensa innato contra el virus que transmite el mosquito “Aedes aegypti”, que infecta con la enfermedad al ser humano, señaló el CNRS en un comunicado.

La enfermedad del dengue constituye un problema creciente de salud pública en las zonas infectadas, donde el aumento del número de casos lo convierte en un mal endémico.

El dengue es el principal virus emergente de transmisión vectorial en las regiones tropicales y subtropicales del Sureste Asiático y América Latina.

Fuente:EFE

La hepatitis B

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El virus de la hepatitis B se propaga a través de la sangre y otros fluidos corporales. La infección se puede presentar si la persona:

• Recibe transfusiones de sangre.
• Tiene contacto con sangre en escenarios de atención médica.
• Se ha sometido a tatuajes o acupuntura con instrumentos contaminados.
• Ha compartido agujas al consumir drogas.
• Ha tenido relaciones sexuales sin precaución con una persona infectada

El virus de la hepatitis B se le puede transmitir a un bebé durante el parto o poco después si la madre está infectada.

El riesgo de llegar a infectarse de manera crónica depende de la edad de la persona en el momento de la infección. La mayoría de los recién nacidos y alrededor del 50% de los niños infectados con hepatitis B desarrollan hepatitis crónica. Sólo unos pocos adultos infectados con VHB desarrollan dicha afección crónica.

La mayor parte del daño del virus de la hepatitis B se debe a la respuesta del cuerpo a la infección. Cuando la respuesta inmunitaria del cuerpo detecta la infección, envía células especiales para combatirla. Sin embargo, estas células que combaten la enfermedad pueden llevar a la inflamación del hígado. El daño hepático también interfiere con la capacidad del cuerpo para deshacerse de la bilirrubina, un producto de la descomposición de glóbulos rojos viejos. Esto lleva a que se presente ictericia (coloración amarillenta de los ojos y del cuerpo) y orina turbia.

Toma alrededor de 1-6 meses desde el momento de la infección hasta que aparecen los síntomas de hepatitis aguda. Los síntomas iniciales pueden abarcar:

Pérdida del apetito. Fatiga. Fiebre baja. Dolores musculares y articulares. Náuseas y vómitos. Piel amarilla y orina turbia debido a la ictericia

Se hacen los siguientes exámenes para ayudar a diagnosticar la hepatitis B: Nivel de albúmina (puede estar bajo). Pruebas analíticas de anticuerpos contra la hepatitis B. Pruebas de la función hepática. Tiempo de protrombina (puede incrementarse debido a insuficiencia hepática severa)

La hepatitis aguda no necesita un tratamiento diferente al monitoreo cuidadoso de la función hepática, lo cual involucra exámenes de sangre. En los casos raros en que la persona desarrolla insuficiencia hepática, se le debe monitorear en una unidad de cuidados intensivos (UCI) hasta que se recupere o hasta que sea necesario un trasplante de hígado, que es la única cura en estos casos.

El daño hepático le dificulta al hígado su capacidad de descomponer proteínas, de manera que se debe restringir la ingesta proteica. Se administrarán medicamentos para limitar la producción de proteínas por parte de las bacterias en el cuerpo.

El tratamiento de la hepatitis crónica consiste en medicamentos para tratar infecciones y reducir la inflamación y otros síntomas. Asimismo, el transplante de hígado se utiliza para tratar la enfermedad hepática por hepatitis B crónica en estado terminal.

La enfermedad aguda generalmente desaparece después de 2 o 3 semanas y el hígado vuelve a la normalidad en aproximadamente 4 meses. Algunas personas infectadas desarrollan hepatitis crónica.

La hepatitis B es mortal en aproximadamente un 1% de los casos.

Existe una tasa de carcinoma hepatocelular más alta en aquellas personas que han tenido hepatitis B que en la población general. Otras complicaciones pueden abarcar: Hepatitis crónica y persistente. Cirrosis

Se debe consultar con el médico si se presentan síntomas de hepatitis B. Igualmente, se debe consultar si los síntomas de la hepatitis B no desaparecen en 2 o 3 semanas, si se desarrollan nuevos síntomas o si la persona pertenece a un grupo de alto riesgo para hepatitis B y todavía no ha sido vacunada contra la enfermedad.

Las personas que están en alto riesgo, incluyendo los trabajadores de la salud y aquellos que conviven con alguien con hepatitis B, deben hacerse aplicar la vacuna contra la hepatitis B. Se recomienda la vacunación de todos los recién nacidos y niños que no hayan llegado todavía a la pubertad. Los bebés nacidos de madres que en el momento tengan hepatitis B aguda o que hayan tenido la infección reciben vacunas especiales que incluyen la administración de inmunoglobulina contra la hepatitis B y vacunación contra la hepatitis B en las 12 horas posteriores al nacimiento.

El examen de toda la sangre donada ha reducido la probabilidad de contraer hepatitis B en una transfusión de sangre. La notificación obligatoria de esta enfermedad permite a los trabajadores de la salud del estado rastrear a las personas que han estado expuestas al virus y vacunar a aquellos que aún no han desarrollado la enfermedad.

Se debe evitar el contacto sexual con una persona que padezca hepatitis B crónica o aguda. El uso de condones, si se hace en forma sistemática y apropiada, también puede reducir el riesgo de desarrollar esta afección.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Los vómitos en el niño

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Son un signo de alarma importante y, tal vez, deban considerarse como una de las mayores emergencias en las que nos podamos encontrar.

Ellos nos avisan que algo ocurre en el aparato digestivo (estómago e intestino), desde una infección hasta una intoxicación por cualquier sustancia (venenos o alimentos en mal estado).

Cuando un niño vomita, pierde líquidos y sales hasta tres veces más que con las diarreas, esto explica el gran decaimiento que presentan al vomitar; y si los vómitos son frecuentes se puede llegar rápidamente a la deshidratación grave, la cual si no es tratada con urgencia puede llevar a la muerte.

En realidad es poco lo que se puede hacer sin la ayuda del pediatra. Puede ofrecer al niño agua filtrada y hervida, en pocas cantidades a la vez (sorbo a sorbo) sin forzarlo.

En caso de que los vómitos se hubiesen presentado en otras ocasiones, es probable que se tenga en la casa sobres para preparar soluciones de hidratación que, una vez disueltas en agua, pueden darse a tolerancia o por pequeñas tomas sin obligarlo.
De persistir, no se debe tardar en acudir a su pediatra o algún centro de salud.

Recuerde también que es riesgoso suministrar al niño remedios para vómitos si no han sido prescritos por un médico.

Dr. Avilio Méndez Flores

Los virus

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Los virus poseen el privilegio de ser los responsables de las enfermedades humanas más antiguamente conocidas (la rabia y la poliomielitis) y de algunas de las enfermedades más recientemente descritas (el virus de la inmunodeficiencia humana o VIH).

Constituyen un grupo completamente diferenciado dentro de los agentes infecciosos y las principales características que los distinguen de otros microorganismos son:

Su tamaño extraordinariamente pequeño, tan sólo observables por microscopía electrónica, lo que les permite atravesar filtros que otros microorganismos no pueden.

Son parásitos intracelulares estrictos, es decir, sólo son capaces de reproducirse dentro de otro ser vivo. Para su multiplicación dependen de la célula huésped, la cual les suministra no sólo las sustancias básicas sino, además, la energía y la mayoría de los sistemas enzimáticos necesarios para la síntesis de sus propios constituyentes.

Están compuestos por una parte formada por ácidos nucleicos que a su vez están envueltos en una capa de proteínas, denominada cubierta proteica o cápside. El conjunto del ácido nucleico y la cápside es la llamada nucleocápside del virus, y ésta, a su vez, puede hallarse recubierta por una envoltura o membrana lipoproteica de origen celular. Todos los virus, salvo los más complejos, se asocian con dos tipos de simetría geométrica de la cápside, helicoidal e icosaédrica.

La subdivisión principal de los virus se hace en función de sus ácidos nucleicos. Éstos son el soporte de la información genética, de la capacidad de replicación y, por tanto, del poder de infección. Un virus determinado puede contener ADN o ARN, pero nunca los dos, y ello nos permite dividir a los virus en dos grandes grupos: ribovirus, cuando contienen ARN, y desoxirribovirus, cuando contienen ADN.

Además, a medida que ha ido aumentando el conocimiento en la estructura y composición química de los virus se ha podido elaborar una clasificación basada en sus propiedades fisicoquímicas, de forma que hoy en día podemos agrupar a los virus de interés en patología humana en familias, cada una de las cuales incluyen diferentes géneros y especies.

Dr. Avilio Méndez Flores

Concepto de epidemia

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Epidemia:

Epidemia (del griego epi, por sobre y demos, pueblo), es una descripción en la salud comunitaria que ocurre cuando una enfermedad afecta a un número de individuos superior al esperado en una población durante un tiempo determinado. Para evitar el sensacionalismo que conlleva esta palabra en ocasiones se utiliza el sinónimo de brote epidémico o brote.

En la actualidad el concepto es una relación entre una línea de base de una enfermedad, que puede ser la prevalencia o incidencia normales, y el número de casos que se detectan en un momento dado. En este sentido si una comunidad se encuentra libre de determinada enfermedad, un solo caso constituye una epidemia. En otras palabras, es un incremento significativamente elevado en el número de casos de una enfermedad con respecto al número de casos esperados.

En caso de que la epidemia se extendiera por varias regiones geográficas extensas de varios continentes o incluso de todo el mundo se trataría de pandemia. En caso de enfermedades que afectan en una zona mantenida en el tiempo se trataría de endemia.

Endemia:

En epidemiología, una endemia (del griego Eνδημία, “en una población”) es un proceso patológico que se mantiene a lo largo de mucho tiempo en una población o zona geográfica determinada. Generalmente se trata de patologías infecciosas. La enfermedad se mantiene a lo largo de tiempo en un nivel estable, incluyendo variaciones estacionales.

Por tanto, es una enfermedad localizada en un lugar determinado y con un alto número de personas afectadas. Ejemplos pueden ser el caso de la malaria, en ciertos países tropicales o cálidos de África, América o Sudeste asiático. Algunas parasitosis intestinales, especialmente en zonas campestres, como el áscaris lumbricoides y el necator americano.

Por orden de importancia en cuanto al grado de extensión de una enfermedad o el número de personas afectadas se habla de endemia, epidemia y pandemia (esta última cuando afecta a poblaciones de todo el mundo).

El término epidemia se define cuando observamos más casos de los esperados de una enfermedad en una población determinada, para un determinado momento y lugar con tal que los casos no sean importados. La presentación de un solo caso no importado en un sitio no esperado se considera ya epidemia.
Se denomina endemoepidemia a un aumento de incidencia superior al esperado en el contexto de una epidemia.

Pandemia:

Condiciones para una posible pandemia vírica: La OMS indica que para que pueda aparecer una pandemia, se necesita:

• Que aparezca un virus nuevo, que no haya circulado previamente y por lo tanto, no exista población inmune a él.
• Que el virus sea capaz de producir casos graves de enfermedad.
• Que el virus tenga la capacidad de transmitirse de persona a persona de forma eficaz.

Clasificación propuesta por la OMS


Fase 1:

Se refiere a virus que circulan entre los animales pero que aún no han causado ninguna infección en los humanos

Fase 2:

El virus, que afectaba a animales domésticos o salvajes, ha contagiado a alguna persona, por lo que puede considerarse una potencial amenaza de pandemia

Fase 3:

El virus afecta a pequeños grupos de personas y se da, por primera vez, la transmisión de humano a humano, y no sólo de animales a humanos. Sin embargo, son casos esporádicos y bajo ciertas circunstancias.

Fase 4:

El poder del virus para transmitirse entre personas se verifica y es capaz de provocar ‘brotes comunitarios’. Esta situación aumenta significativamente el riesgo de pandemia. Cualquier país que sospeche o que verifique algún caso debe ponerse inmediatamente en contacto con la OMS para que evalúe la situación y coordine la respuesta. Esta fase indica un importante salto en el riesgo de pandemia, pero no quiere decir que ésta se produzca inevitablemente

Fase 5:

Se caracteriza por la propagación del virus de humano a humano en, al menos, dos países de una misma región. “Aunque muchos lugares no se ven afectados, la declaración de esta fase es un signo claro de que la pandemia es inminente y que el tiempo para poner en marcha todas las medidas necesarias se acaba”, según la Organización.

Fase 6:

La fase pandémica. El brote de la enfermedad se ha registrado en más países de distintas regiones. Llegar a este nivel quiere decir que la pandemia ya está en marcha, ha comenzado. Ya no se puede prevenir, sino sólo tratar de controlar.

Ejemplo de pandemia:

Cólera

• Primera pandemia (1816–1826). Previamente restringida al subcontinente indio, la pandemia comenzó en Bengala y se expandió a través de la India hacia 1820. Se extendió hasta la China y el Mar Caspio antes de disminuir.
• La segunda pandemia (1829–1851) alcanzó Europa, Londres en 1832, Nueva York en el mismo año, y la costa del Pacífico en Norte América por 1834.
• La tercera pandemia (1852–1860) principalmente afectó a Rusia, con más de un millón de muertos.
• La cuarta pandemia (1863–1875) se extendió en su mayor parte por Europa y África.
• La quinta pandemia (1899–1923) tuvo pocos efectos en Europa gracias a los progresos en salud pública, pero Rusia fue gravemente afectada de nuevo.
• La sexta pandemia, llamada «El Tor» por la cepa, comenzó en Indonesia en 1961 y alcanzó Bangladesh en 1963, India en 1964, y la URSS en 1966.

Dr. Avilio Méndez Flores

La fiebre

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Es un síntoma común a muchos trastornos como enfermedades infecciosas, intoxicaciones, golpes de calor, etc.

Se mide por la elevación de la temperatura oral o axilar por encima de 37.5 ºC y la rectal por encima de 38 ºC. Generalmente es el signo más precoz y objetivo de una enfermedad infecciosa y por lo tanto debe poner en alerta a la persona que atiende al niño. La fiebre alta y persistente puede indicar la importancia y severidad de la enfermedad. En efecto, en presencia de cualquier infección la fiebre debe ser bienvenida porque significa que el organismo se está defendiendo. Es importante aprender a reconocer la fiebre y que medidas tomar, pero no intentar bajarla a toda costa sin buscar la causa. La fiebre puede ocasionar malestar, dolor de cabeza, poco apetito y dificultad para digerir alimentos.

Para aliviar estos síntomas se puede recurrir a los medicamentos que al mismo tiempo sirven para controlar la temperatura, pero debe cuidarse su dosificación.
Un niño que tiene fiebre usualmente mostrará signos de estar enfermo. Tome la temperatura si usted ve 1 o más de los siguientes síntomas: Piel seca o caliente al tocarla. Sudoración excesiva. Somnolencia (sueño constante durante el día). Síntomas de respiración inusual o resfriado. Dolor de oídos. Vómitos. Poco apetito. Cuando un niño usualmente activo, deja de moverse y jugar.

La mayoría de las causas son de origen viral o bacteriano. La dentición probablemente pueda ser una causa no significativa de fiebre, y no debe pensarse que sea la única causa. En general, la fiebre alta no es lo único importante, también cuenta el estado general y la actitud del niño.

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En el manejo de la fiebre en niños se le deben ofrecer líquidos fríos que reemplacen los que él pierda a causa de la sudoración o de la diarrea. Esto puede ayudar a reducir la temperatura corporal.

Manténgalo lo más fresco que pueda, colocándole la menor vestimenta posible. El arroparlo puede aumentar la fiebre.

Bañarlo con una esponja y agua tibia por un lapso de 20 a 30 minutos, puede ser útil para reducir la fiebre.

En niños la mayoría de los procesos febriles son debidos a virus, los cuales evolucionan, casi siempre, con un retorno a una aparente normalidad en las pausas que transcurren sin fiebre, no siendo así cuando la causa es bacteriana.

Dr. Avilio Méndez Flores

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