Salud y Alimentación

Vitamina D: Carencia y exceso

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La vitamina “D”, que pertenece al grupo de las liposolubles, e interviene en la absorción del calcio y el fósforo en el intestino, y, por tanto, en el depósito de los mismos en huesos y dientes; que aparece en los alimentos lácteos, en la yema de huevo y en los aceites de hígado de pescado, hace mucha falta en el organismo, tanto así que su deficiencia se registra, hoy día, como causa del aumento de muertes.

La carencia de Vitamina “D” en el organismo genera alteraciones óseas, trastornos dentales y alteraciones metabólicas. Esto se puede ver como raquitismo, y tetania (con síntomas de calambres musculares, convulsiones y bajo nivel de calcio en sangre). Su exceso lleva a debilidad, cansancio, cefaleas y nauseas, similar a los de una presencia excesiva de calcio.

Los requerimientos diarios de vitamina D son de 400 UI por día, cantidad presente en un vaso de leche de 250 centímetros cúbicos.

La vitamina D pertenece al grupo de las vitaminas liposolubles (solubles en lípidos). Se encuentra en distintos alimentos en forma de ‘precursores’ y también puede ser producida por nuestro organismo luego de la exposición a los rayos ultravioletas (UV) emitidos por el sol. Los precursores son sustancias que al ser metabolizadas o procesadas por el organismo se convertirán en vitaminas. Los alimentos tienen distintos precursores como el 7- dihidrocolesterol de origen animal y el ergosterol de origen vegetal.

Ambos necesitan de la radiación solar para convertirse en provitaminas. La luz solar es una fuente importante de vitamina D dado que los rayos UV dan inicio a las síntesis de vitamina D en la piel. Ante el estímulo de la luz solar el 7-dihidrocolesterol se convertirá en colecalciferol (pro-vitamina D3) y el ergosterol en ergocolesterol (provitamina- D2).

Necesitan aún otra transformación para convertirse en las formas activas de la vitamina D. Esta transformación se da en 2 pasos, siendo la primera en el hígado y la última en riñón. La síntesis de vitamina D depende de la pigmentación de la piel y del grado de exposición a la luz solar”.

La piel oscura (con mayor pigmentación) restringe el paso de los rayos ultravioletas y así sintetiza menos vitamina D, entonces la síntesis será menor ante una pigmentación mayor. La vitamina D entonces se deposita en el hígado, cerebro, piel y mayormente en los huesos.
En lo que respecta a su conservación, es una vitamina estable, no es destruida durante la cocción y puede ser conservada durante un largo período. Se deteriora u oxida al entrar en contacto con la luz y el oxígeno.

En cuanto a sus funciones:

• Sistema óseo y dentario: el rol más importante de esta vitamina es mantener los niveles de calcio y fósforo normales.
• Estimula la absorción intestinal de calcio y fósforo y su reabsorción en los riñones. Regula el metabolismo de estos minerales los cuales son vitales para el crecimiento y desarrollo normal de huesos y dientes.
• Crecimiento celular: participa en el crecimiento y maduración celular.
• Sistema inmune: fortalece al sistema inmune ayudando a prevenir infecciones.
• Hormonas: en conjunto con la hormona paratiroidea, calcitonina (producida por la glándula tiroides) y los estrógenos, la vitamina D mantienen los niveles del calcio.

La vitamina D aumenta la liberación de fósforo y calcio desde el hueso. La hormona paratiroidea (PTH o parathormona, producida por las glándulas paratiroides) aumenta la activación de la vitamina D en su forma activa en el riñón. Cuando las concentraciones de calcio en la sangre son bajas induce el aumento en la secreción de PTH, mientras que cuando son altas se inhibe su liberación.

Su acción esta disminuida en caso de carencia de vitamina D. Así mismo la vitamina D intervendría en la secreción de insulina del páncreas, posiblemente a través del mantenimiento de los niveles del calcio sérico, el cual es importante para una adecuada secreción de insulina.
* Sistema nervioso: los niveles de calcio son esenciales para la transmisión del impulso nervioso y la contracción muscular. La vitamina D al regular los niveles de calcio en la sangre tiene un papel importante en el funcionamiento saludable de nervios y músculos.

Las principales fuentes naturales de Vitamina D están, entre otros, en los alimentos de origen animal, principalmente:

• Leche (más aun si es fortificada con vitamina D)
• Quesos
• Huevos (yema)
• Manteca, mantequilla
• Margarina
• Aceite de hígado de pescados
• Pescados grasos (salmón, atún, arenque, sardinas – generalmente alimentos abundantes en acidos grasos omega 3)

Alimentos de origen vegetal:

Estos contienen cantidades de vitamina D mínimas, casi despreciables. Por ello muchos cereales envasados tienen vitamina D agregada para contrarrestar esta carencia.

Una carencia en vitamina D estaría vinculada a un incremento de 26% en el riesgo general de mortalidad, y parece haber claramente un vínculo entre débiles niveles sanguíneos de vitamina D y el aumento del cáncer de seno así como de la depresión en las personas de edad.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Hipertensión arterial y ácido úrico

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Una alta tasa de ácido úrico en sangre estaría vinculada a la hipertensión, según un estudio realizado con adolescentes y publicado en Estados Unidos.

“Si se reduce el ácido úrico, al menos en algunos pacientes, se puede bajar la presión arterial”, explicó el doctor Daniel Feig, profesor de pediatría renal en la Facultad de Medicina Baylor en Houston (Texas, sur), principal autor del trabajo.

“Esto podría ser una de las explicaciones del mecanismo mediante el cual algunas personas desarrollan hipertensión y podría abrir el camino a nuevos tratamientos”, añadió.

El ácido úrico es un producto de desecho del metabolismo de los alimentos. Es producido sobre todo por el hígado y los riñones. Un exceso de ácido úrico puede provocar gota, que resulta de la acumulación de cristales de este ácido en las articulaciones.

En este estudio, Feig y su equipo trataron con allopurinol a adolescentes que sufrían hipertensión arterial y presentaban tasas sanguíneas elevadas de ácido úrico. Este medicamento reduce la tasa de ácido úrico y es utilizado en el tratamiento de la gota y los cálculos renales.

El tratamiento redujo no sólo los niveles de ácido úrico sino también la presión arterial, indicó Feig, cuyo estudio es divulgado por el Journal of the American Medical Association (JAMA) del 27 de agosto.

“Este tratamiento está lejos de ser una terapia suficiente para combatir la hipertensión pero los resultados de este estudio representan un primer avance en la comprensión de los mecanismos de la enfermedad”, explicó Feig.

Fuente:AFP

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Las calorías

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Consideraciones generales:

El cuerpo necesita energía para vivir. Y obtiene esta de los alimentos que ingerimos en cada comida.
Además de energía, el organismo necesita de otros nutrientes como son las vitaminas y los minerales y estos también forman parte de los alimentos. Sin embargo, tanto vitaminas como minerales no hacen un aporte de energía.

Definición:

Etimológicamente, la denominación de caloría deriva del latín “calor”. En los seres vivos son el equivalente de energía obtenida de los alimentos, que se utiliza para poder llevar a cabo las funciones relacionadas con el metabolismo, la actividad física y la reparación del cuerpo y sus tejidos en general. Incluso al pensar consumimos calorías, ya que se necesita energía para ello.

El concepto de caloría se refiere a una unidad de energía, la cual puede encontrarse almacenada en los alimentos que se consumen o en el cuerpo.

Podemos darnos una idea si comparamos las calorías con el combustible que necesita un motor para poder funcionar.

Si al cuerpo se le dan más calorías de las que necesita para funcionar, éstas se almacenan como tejido adiposo.

Así que la clave para perder grasa o aumentar masa muscular depende de la cantidad de calorías que se ingiere y de los porcentajes adecuados de cada nutriente.

Desde el punto de vista de la ciencia, las calorías son una unidad de energía, la necesaria para subir la temperatura de un gramo de agua de 14,5 a 15,5 grados Celsius estando a nivel del mar. La caloría es parte del Sistema técnico de unidades, y normalmente se mide en kilocalorías o Kcal. Eso si, en la mayoría de las ciencias hoy en día se utiliza como medida de energía el joule (del Sistema Internacional de unidades), y las calorías básicamente continúan siendo usadas en el ámbito de la nutrición.

Historia:

La historia de las calorías data de 1819, en donde Nicholas Clement, un químico francés usó y definió el término por primera vez. Existe controversia en términos de quién inventó las calorías o este término, y también franceses como P.A. Favre y J.T. Silberman son buenos candidatos. Lo que es de común acuerdo, es que el término surge de Francia, durante el siglo XIX.

Las calorías en los alimentos:

En nutrición se emplean normalmente la kilocaloría, aunque también se pueden ver algunas etiquetas de alimentos marcadas en kilojoules, los que es un equivalente matemático de las calorías.

La termodinámica (de donde proviene esta unidad), define la caloría como la cantidad de energía requerida para elevar 1ºC la temperatura de 1 gramo de agua.

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En el caso del cuerpo humano, gran consumidor de energía, se utilizan valores grandes y por eso, se aplican Kilocalorías (muchas veces mal llamadas calorías) o kilojoules.

Existen 4 elementos que pueden aportar energía al cuerpo humano, pero de estos cuatro, solo tres le aportan nutrientes.

Estos son: las proteínas, los carbohidratos y las grasas. El cuarto elemento es el alcohol, que no aporta nutriente alguno excepto energía en la forma de calorías propiamente dicha.

Todos los alimentos que ingerimos se dividen básicamente en tres grupos:

Proteínas

Son el nutriente esencial para construir el tejido muscular y ayudan a mantener la masa muscular en periodos de restricción calórica, se encuentran principalmente en la carne, productos lácteos, huevos y aportan 4 calorías por cada gramo.

Carbohidratos

Son la fuente principal de energía que el cuerpo utiliza en situaciones normales, los carbohidratos se encuentran en las harinas, pastas, legumbres, pan, cereales y frutas. Al igual que la proteína cada gramo de carbohidratos proporciona 4 calorías.

Grasas

Las grasas aportan 9 calorías por cada gramo, más del doble que la proteína y carbohidratos, se encuentra en los aceites, mantequillas, crema, embutidos etc.

En primer lugar, tenemos que hablar de energía, esta es la posibilidad para hacer trabajo. Por lo tanto cada vez que comemos, la comida nos provee energía a pesar que en muchas ocasiones las mismas no provean nutrientes, minerales y vitaminas. El ser humano sin comida no tiene suficiente energía. La cantidad de energía en la comida es medida en calorías. Las calorías es la cantidad de calor producida cuando la comida es quemada en el cuerpo. Para medir la cantidad de calor producida cuando la comida se metaboliza se utiliza el término kilocaloría. Una kilocaloría es la cantidad de energía que se necesita para subir la temperatura de un kilogramo de agua a un grado centígrado. Si embargo, la palabra kilocaloría es sustituida por caloría debido a que es más fácil de recordar.

Todo lo que comemos se clasifica de acuerdo a la cantidad de energía que aportan, esto es carbohidratos (4 calorías por gramo), proteínas (4 calorías por gramo), grasa (9 calorías por gramo) y alcohol (7 calorías por gramo). El alcohol no aporta nutrientes, solo energía, por lo tanto se debe evitar. Algunos alimentos no tienen ningún aporte energético como es el agua, las vitaminas y minerales, entre otros.

Todas las calorías, sin importar el tipo de comida que se consuma proveen energía. Si se consume mas energía (calorías) que la que gasta se gana peso, por el contrario si consume menos calorías que la que necesita se pierde peso.

La energía que necesitamos a diario depende de como vamos a utilizar la misma, esto es, si el cuerpo está en reposo o está trabajando activamente. A pesar de que no estamos conscientes de esa actividad física diaria, nuestro cuerpo está diariamente gastando energía para mantenernos vivos.

Todos los órganos del cuerpo utilizan la energía que provee la comida para llevar las distintas funciones, el corazón para latir, los pulmones para respirar, el páncreas para producir insulina y enzimas digestivas, entre otras, las glándulas para producir hormonas, los músculos para hacer trabajo, y así sucesivamente. La deprivación severa de calorías puede causar pérdida de peso que sea amenazante a la vida, por lo que se recomienda que toda persona que desea perder peso lo haga bajo supervisión médica.

Consumo diario:

La necesidad energética diaria de una persona esta condicionada por su Gasto Energético Total.

Este gasto energético total es función de la suma de su metabolismo basal, el efecto termogénico de los alimentos, el trabajo muscular y el factor de injuria.

El metabolismo basal:

Es el consumo energético necesario para mantener las funciones vitales y la temperatura corporal del organismo. Su formula es simple: 24 Kcal/kg de peso.

Este valor se ve afectado por otros factores variables, a saber:

La superficie corporal, la masa magra, el sexo, la edad, embarazos (en el caso de las madres), raza, clima, alteraciones hormonales, estados nutricionales actuales, y otros.

Efecto termogénico:

El efecto termogénico de los alimentos es el consumo energético que aparece como consecuencia de la digestión de los propios alimentos.
Así la energía utilizada es de un 30% si se ingieren solo proteínas, de un 6% si se ingieren solo hidratos de carbono y de un 14% si se ingieren solo grasas.

Este efecto aumenta con el valor calórico o si aumenta el fraccionamiento de las comidas.

Trabajo muscular o factor de actividad:

Es el gasto energético necesario para el desarrollo de las diferentes actividades. En una persona moderadamente activa representa del 15% al 30% de las necesidades totales de la energía

Factor de injuria:

Es la energía adicional utilizada por el organismo para tratar enfermedades o trastornos diversos. Según la patología que padezca cada individuo, este factor varía según el grado de severidad, extensión o duración del proceso patológico.

Calorías y peso:

Mecanismo:

El asunto desde un punto de vista dietético es sencillo: si se consumen a través de los alimentos más calorías de las que usamos durante nuestras actividades diarias, subimos de peso almacenando energía en forma de grasa, y si usamos más calorías de las que adquirimos vía la alimentación, entonces eliminamos esa grasa y bajamos de peso. Pero ¿porqué cuesta tanto bajar de peso? bueno, entre otras cosas por, el metabolismo personal, es interesante considerar que el tejido adiposo humano (la grasa que almacenamos) consiste en un 87% de lípidos; esto significa que 1 kilo de grasa corporal tiene 870 gramos de grasa pura, lo que equivale en términos energéticos a 7800 kcal. Por lo tanto para eliminar 1 kilo de grasa corporal debemos “quemar” 7800 kcal adicionales de energía. Una tarea difícil pero a veces necesaria, y puede bastar con mejorar la dieta y hacer un poco de ejercicio.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Obesidad abdominal y diabetes

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La obesidad abdominal, caracterizada por la presencia abundante de tejido adiposo en la cintura, es un claro indicador de problemas de índole metabólico. El uso de fármacos que actúan en el metabolismo de las grasas y azúcares, es una alternativa para mejorar la salud de quienes tengan esta condición. Aproximadamente el 8% de la población venezolana tiene diabetes mellitus y 90% de quienes integran este grupo son obesos. La estrecha relación entre la obesidad y la diabetes tipo dos ha llevado a los médicos a desarrollar métodos como la medición de la circunferencia abdominal, para determinar las posibilidades de que el paciente presente ambas patologías de manera simultánea, además de calcular los riesgos cardiovasculares de cada persona. La acumulación de tejido adiposo en el cuerpo, especialmente en el área del abdomen, así como la poca resistencia física y las dificultades para respirar, causados por el sobrepeso, son condiciones que aumentan el riesgo de que los pacientes desarrollen problemas de tipo cardíaco, tales como: insuficiencia cardiaca, infarto al miocardio, ateroesclerosis, entre otros.

“El riesgo cardiometabólico es determinado por la obesidad global y central, la cual se ubica específicamente en el abdomen, y está directamente relacionada con complicaciones metabólicas. Hay personas que poseen un estomago muy abultado, pero no son considerados gordos por que el resto de sus miembros tienen un tamaño y grosor adecuado, es en estos casos cuando hay que tener más cuidado, pues se trata de obesidad abdominal, el tener lo que llaman “cuerpo de manzana” -acumulación de células grasas en la zona abdominal aumenta el riesgo de presentar diabetes mellitus tipo dos y enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a que la grasa intraabdominal es muy activa desde el punto de vista metabólico, lo que puede ocasionar trastornos que inducen a la dislipidemia (alteración del colesterol y triglicéridos).

La diabetes tipo dos se presenta cada vez con más frecuencia en los jóvenes, factor que favorece la aparición del síndrome metabólico, el cual comprende hábitos nutricionales inapropiados, sobrepeso, elevación prematura del colesterol y los triglicéridos, así como resistencia a la insulina, lo que coloca al paciente en un estado de prediabético. Al medir circunferencia abdominal y calcular cuidadosamente el porcentaje de grasa intraabdominal se puede estimar cuando el páncreas está produciendo cantidades excesivas de insulina y el organismo comienza a crear resistencia a esta sustancia, lo que puede desencadenar diabetes.

Una medida abdominal en centímetros mayor de 102 centímetros en los hombres y 88 en mujeres, sugiere con bastante aproximación que tienen una gran elevación de insulina.

Lo más importante para prevenir la obesidad y el síndrome metabólico, es un cambio del estilo de vida, dejar de fumar, comer balanceado, realizar ejercicios, hacerse un examen físico integral, mantenerse en control con un especialista y cumplir al pie de la letra las recomendaciones del médico.

Dr. Avilio Méndez Flores
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Azúcar y hormonas

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Estudios científicos han comprobado que la elevación de la insulina como consecuencia de la ingesta de azúcares, aumenta las hormonas masculinas en la mujer y las bajan en el hombre.

Las mujeres que comen azúcares, sobre todo al atardecer, presentan un aumento de testosterona en la sangre. La insulina actúa directamente en los ovarios estimulando la producción de la hormona masculina. De este efecto, deriva que las mujeres que consuman harinas en las horas nocturnas, a la vez que engordan más, tienen un aumento en el vello de la barbilla y en los senos, a la par que muestran un aumento de la grasa corporal en el abdomen, además de otros trastornos de la conducta femenina.

Por otro lado, se sospechaba que los gordos tienen deficiencias hormonales. La culpa de estas fallas es la insulina que se eleva cuando estos hombres comen “pancitos, tequeños y papitas en la noche”.

Al contrario de lo que les pasa a las mujeres, la insulina alta les produce, además de obesidad, una disminución de la síntesis de testosterona. “Cuando estos hombres alcanzan cierto grado de obesidad, gran parte de la testosterona es atrapada por el tejido graso acumulado en el abdomen y esto contribuye a disminuir más los niveles de hormona masculina en ellos, y los efectos de esa falla hormonal no se hacen esperar”.

No solo los gordos cambian su forma de ser. Las investigaciones demuestran que “somos como comemos” en buena medida.

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El ayuno y la quimioterapia

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Hacer ayunar a ratones durante dos días permite proteger a las células sanas de su organismo contra los efectos tóxicos de la quimioterapia, un hallazgo potencialmente importante para tratar el cáncer, según estudios publicados el lunes en Estados Unidos.

Los ratones que recibieron dosis elevadas de quimioterapia luego de dos días sin alimentos continuaron mostrándose vigorosos mientras que la mitad de los del grupo testigo alimentados normalmente murieron.

Además, los sobrevivientes del grupo alimentado continuaron perdiendo peso y debilitándose, explicó Valter Longo, de la Universidad de California del Sur, el principal autor de esta investigación.
Pruebas realizadas con células humanas en probetas confirmaron esta observación.

Además, los ratones obligados a ayunar no mostraron “ninguna señal de estrés o dolor” tras sesiones de quimioterapia que eran de tres a cinco veces más fuertes que las aplicadas a humanos, según los datos del estudio.

Volver la quimioterapia más selectiva es el objetivo prioritario de la medicina desde hace décadas. Los médicos podrían así controlar mejor el cáncer, incluso curarlo, si la quimioterapia no fuera tan destructiva para el resto del organismo.

El doctor Pinchas Cohen, cancerólogo y profesor de pediatría de la Universidad de California en Los Ángeles (oeste), juzgó esta investigación “muy importante” ya que según él “establece un nuevo concepto en biología del cáncer”.

“Teóricamente, el hallazgo abre nuevas vías de tratamiento en los humanos que permitan dosis más elevadas de quimioterapia y esto merece ser estudiado en ensayos clínicos”, añadió.

“Este enfoque podría ser aplicable tal vez en la mayoría de los enfermos”, estimó por su parte el doctor David Quinn, cancerólogo y director médico del USC Norris Norris Hospital and Clinics (oeste).

Quinn piensa que numerosos cancerólogos estarían dispuestos a probar el concepto de ayuno descubierto por Valter Longo y aconseja a sus pacientes a estar atentos a los estudios clínicos que sean organizados en su zona.

Según Felipe Sierra, director del programa de biología del envejecimiento del Instituto del Envejecimiento, “no se trata solamente de otro tratamiento contra el cáncer sino de una importante diferencia conceptual”.

Mientras durante décadas los investigadores han trabajado en el desarrollo de tratamientos que apunten solamente a las células cancerosas, los trabajos de Valter Longo se concentraron en la protección de las otras células, explicó.

Valter Longo es un investigador en el terreno del envejecimiento que enseña gerontología y biología en la universidad de California (USC).

Observó que la idea de proteger células sanas contra los efectos nocivos del tratamiento de quimioterapia probablemente pareció difícil de realizar ya que el cuerpo posee células muy variadas que responden en forma diferente a los tratamientos.

Longo, que pidió la autorización de realizar así un estudio clínico a pequeña escala, espera que más resultados confirmen rápidamente sus primeras constataciones.

“Tendríamos que tener resultados bastante sólidos unas semanas después del inicio del estudio” y “si esto funciona, dentro de un año esto podría ser aplicado en numerosos hospitales”, vaticinó.

Fuente: Anales de la Academia nacional estadounidense de ciencias del 31 de marzo de 2008.

Los parásitos intestinales

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Son pequeños organismos alojados en nuestro intestino perfectamente adaptados para vivir y permanecer en él.Se estima que más del 90% de nuestra población está parasitada, especialmente niños. Y solo un 10% tendrá síntomas.

Para mejor comprensión los parásitos intestinales los podemos dividir en dos grupos: Los que se pueden ver a simple vista y los que sólo se pueden ver al microscopio. Entre los que se pueden ver a simple vista están: la lombriz o áscaris lumbricoides, tricocéfalos (trichuris trichuria), oxiuros (enterobius vermicularis), estrongiloides, tenias (tenia solium o tenia saginata), necator o anquilostomas, etc. Los visibles sólo al microscopio son: amibas, giardias, tricomonas, etc.

Pueden contraerse por vía digestiva a través del agua y alimentos contaminados con huevos o quistes que son sus formas infestantes; otros pueden hacerlo por medio de sus larvas penetrando la piel al caminar descalzo por terrenos húmedos contaminados. Casi todos necesitan cumplir su ciclo evolutivo en el medio externo, excepto el oxiuro que al depositar sus huevos en la región anal pueden adherirse a los dedos al rascarse el paciente por el prurito que produce la presencia del parásito en la zona.

Los síntomas van a depender de 2 factores; o por la agresividad del parásito (Ej. Amiba) o por su número excesivo (Ej. Áscaris).

En general, las manifestaciones pueden ser variadas: diarreas, cólicos vómitos, flatulencia, inapetencia, anemia, desnutrición, alergias o complicaciones agudas como obstrucción intestinal (áscaris lumbricoides), prolapso rectal (tricocéfalos), absceso hepático o cerebral (amiba histolítica). Sin embargo, se pueden portar parásitos sin que se sientan molestias.

Se sospechará por los síntomas y se confirmará por el examen de heces.

Cada tipo de parásito tendrá su medicación específica, aunque existen medicamentos de acción polivante, es decir, capaces de actuar contra varios parásitos a la vez y con poco riesgo de efectos secundarios, pero, aún así, no deben administrarse en forma periódica y sin una indicación precisa. Solo cuando los síntomas lo delaten o un examen de heces sea positivo o porque se observe su expulsión.

La mejor arma para contrarrestar la parasitosis intestinal es el mantenimiento de adecuadas condiciones sanitarias, buenos hábitos higiénicos personales (lavado de manos) y la cuidadosa preparación de los alimentos.

Dr. Avilio Méndez Flores

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El hábito vegetariano

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Al hacer un cambio de hábitos en lo que comemos seguramente no se nos ha ocurrido consultar a un nutricionista, ni hemos pensado en cómo suplir las proteínas y vitaminas que aporta la carne, sólo pensamos en que estar gordos no es sano y cambiamos nuestra alimentación; si por ésta razón nos convertimos en vegetarianos, podemos estar escondiendo detrás de ese repentino apego por los vegetales, un trastorno alimentario llamado ortorexia (una manía de comer sólo alimentos “sanos”), y puede convertirse también en una forma de anorexia.

Algunas personas empiezan a preocuparse por su salud sólo por moda, y entonces se preocupan de una manera obsesiva porque la carne contiene toxinas, hormonas, colesterol, y por los daños que esto provocará. Empiezan generalmente por no comer carne de cerdo, luego la de res y finalmente la de pollo, hasta casi convertirse en vegetarianos o sólo consumir leche y huevos.

Esto puede convertirse en un problema grave, ya que no se trata de vegetarianos por convicción o porque sus creencias religiosas así se lo exigen, y se arriesgan a sufrir una deficiencia proteínica y de vitaminas muy fuerte.

En esos casos es común encontrar deficiencia de vitaminas del complejo B que puede ocasionar problemas de anemia, caída de cabello, debilidad y al hacer ejercicio no se fortalezcan músculos.

Las personas con una baja autoestima y una mala comunicación con la familia, son más propensas a sufrir éste tipo de trastornos.

La idea de que comer carne no es saludable, que el cerdo mata y el pollo es tóxico, fomenta decisiones que no tienen ningún fundamento y que nos llevan a comer sólo cereales, verduras, frutas y estar convencidos de que con legumbres o leguminosas puede substituirse todo lo demás y eso no es verdad.

La alimentación variada, moderada y en los horarios convenientes, es la mejor conducta.

Dr. Avilio Méndez Flores

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