Escuela para padres

Varicela o lechina

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Consideraciones generales:

La varicela es una enfermedad común entre los niños, particularmente entre los menores de 12 años. Se manifiesta con la aparición en todo el cuerpo de una erupción que se asemeja a ampollas y que produce picazón, y puede estar acompañada por síntomas seudogripales. Por lo general, los síntomas desaparecen por sí solos. Sin embargo, debido a que la infección es muy contagiosa, se recomienda que un niño con la enfermedad permanezca en su casa y descanse hasta que los síntomas desaparezcan.

Definición:

La varicela es una virosis aguda generalizada, de comienzo repentino, con fiebre moderada, síntomas generales leves y una erupción cutánea maculo papulosa que dura pocas horas y se transforma en vesiculosa durante tres o cuatro días y cuando se secan las vesículas deja costras granulosas. Las vesículas son uniloculares y se colapsan al pincharlas. Las lesiones suelen aparecer en brotes sucesivos y se observan en diversas etapas de maduración al mismo tiempo. Esta es la forma más fácil de identificar una varicela: en un determinado momento unas lesiones están en forma maculopapular, otras en forma de vesículas y otras en forma de costras.

Frecuencia:

La varicela no debería considerarse como “una parte normal del crecimiento”. En Estados Unidos, aproximadamente 4 millones de personas, la mayoría de ellos niños menores de 15 años, contraen varicela cada año. Esta enfermedad puede causar graves problemas e inclusive la muerte. La mayoría de los niños tienen suerte y solamente sufren de comezón, malestar y de la ausencia a la escuela y a otras actividades. Pero cada año, cerca de 7,500 niños y adolescentes (menores de 15 años) tienen que ser hospitalizados por los problemas médicos (complicaciones) de la varicela. Cerca de 40 niños mueren al año a causa de estas complicaciones.
La varicela es una infección de difusión mundial. En climas templados un 90% de la población ha tenido varicela antes de los 15 años de edad y un 95% antes de llegar a la edad adulta.
En las zonas templadas se presenta durante el invierno y a principios de la primavera.

Agente causal:

La varicela es causada por el herpes virus humano 3 (alfa), también conocido como el virus de la varicela-zóster (VVZ), miembro del grupo Herpesvirus.

Contagio:

La varicela es sumamente contagiosa. El modo de transmisión es de persona a persona por contacto directo, por gotitas respiratorias o por diseminación aérea de secreciones de las vías respiratorias de los pacientes o del líquido de las vesículas; indirectamente por objetos recién contaminados con secreciones de las vesículas y las mucosas de las personas infectadas. Las costras de las lesiones de la varicela no son infectantes.

Las personas infectadas pueden transmitir la varicela desde casi dos días antes de saber que tienen la enfermedad y hasta que todas las ronchas hayan formado costra. No es necesario tener contacto físico con una persona infectada para que la enfermedad se disemine. Si su hijo tiene varicela, es importante que no asista a la escuela hasta que las ampollas estén secas, lo que generalmente ocurre en una semana. Si usted no está seguro de si su hijo puede regresar a la escuela, consúltelo con su médico.

La mayoría de los niños cuyos hermanos han tenido varicela también la padecen (si todavía no tuvieron la enfermedad o no recibieron la vacuna correspondiente) y presentan síntomas dos semanas después de que su hermano los ha presentado. Para evitar que el virus se propague, asegúrese que sus hijos se laven las manos frecuentemente, en particular antes de comer y después de ir al baño. Si su hijo tiene varicela, manténgalo lo más alejado posible de los hermanos que no estén vacunados.

Todos los niños que jamás hayan tenido varicela están en riesgo de adquirir la enfermedad y pueden desarrollar complicaciones graves. La varicela es más común en los niños que asisten a la guardería o a la escuela.

Es importante evitar que los niños con varicela estén en contacto con niños susceptibles hasta que dejen de representar un riesgo de contagio para otros (cuando todas las ampollas hayan formado costra ya que éstas no son infectantes).

Cuando se presenta la varicela en casa, un niño o adulto susceptibles tienen 90% de probabilidad de contagiarse de un hermano, hermana o incluso de sus padres.
Las personas que no hayan contraído varicela o recibido la vacuna correspondiente también pueden contraerla de una persona que tenga culebrilla, pero no pueden contraer culebrilla. Esto se debe a que la culebrilla solamente puede desarrollarse a partir de una reactivación del virus varicela zóster en una persona que haya tenido varicela previamente.

La varicela es una de las enfermedades más fácilmente transmisibles, en especial durante las primeras etapas de la erupción. El herpes zóster o culebrilla tiene una menor tasa de transmisión, sin embargo los contactos que no hayan padecido la varicela al entrar en contacto con un herpes zóster enfermarán de varicela. La probabilidad de infectarse, en el medio familiar, de las personas susceptibles es de un 80 a 90%.

Susceptibilidad:

La susceptibilidad a la varicela es universal. La infección confiere inmunidad prolongada. El herpes-zóster (culebrilla) es la manifestación local de una infección recurrente, reactivada por el mismo virus que causa la varicela.

El hombre es el único reservorio del virus.

Periodo de incubación:

El periodo de incubación es de dos a tres semanas, generalmente de 14 a 16 días.

Periodo de trasmisibilidad:

El periodo de transmisibilidad, generalmente comienza uno o dos días antes de la erupción de varicela y dura hasta que todas las lesiones estén en fase de costras: unos cinco días después de que aparece el primer brote de vesículas.

Síntomas:

Los síntomas de la varicela pueden empezar con irritabilidad, dolor generalizado y fiebre; además el niño puede perder el apetito y en general, parecerá que “se va a enfermar de algo”.

Manifestaciones:

La varicela causa una erupción cutánea de color rojo que produce comezón en la piel. Dicha erupción aparece primero en el abdomen, el rostro o la espalda y, luego, se propaga a casi todas las partes del cuerpo, incluidos el cuero cabelludo, la boca, la nariz, las orejas y los genitales.

La erupción comienza con varios bultos rojos pequeños que parecen granos o picaduras de insectos. Luego, se transforman en ampollas frágiles con un líquido transparente, que se torna turbio. Cuando las ampollas se rompen, dejan pequeñas heridas abiertas que, al secarse, generan una costra de color marrón.

Las lesiones tienden a ser más frecuentes en las partes cubiertas del cuerpo que en las descubiertas. Pueden localizarse en el cuero cabelludo, vértice de las axilas, mucosas de la boca y de las vías respiratorias superiores y en las conjuntivas. Pueden ser tan escasas que pasen inadvertidas. Cuando afecta a adolescentes o adultos las manifestaciones generales pueden ser intensas.

Las ampollas de la varicela suelen medir menos de medio centímetro de diámetro, tienen una base roja y aparecen en tandas en el transcurso de dos a cuatro días. La erupción puede ser más extensa o grave en niños con otros trastornos de la piel, como eczema.

Algunos niños presentan fiebre, dolor abdominal, dolor de garganta, dolor de cabeza o una sensación de malestar indefinido uno o dos días antes de que la erupción aparezca. Estos síntomas pueden durar algunos días y la fiebre permanece en el rango de 37.7° C a 38.8° C. En casos poco frecuentes, la temperatura puede elevarse. Los niños más jóvenes suelen tener síntomas más leves y menos ampollas que los niños más grandes o los adultos.

Por lo general, la varicela es una enfermedad leve, pero puede ser grave en algunos lactantes, adolescentes, adultos y personas con sistemas inmunitarios debilitados. Algunas personas pueden presentar infecciones bacterianas graves relacionadas con la piel, los pulmones, los huesos, las articulaciones y el cerebro (encefalitis). En ocasiones, aun los niños con sistemas inmunitarios normales pueden presentar complicaciones a causa de la varicela; la complicación más frecuente es una infección de la piel cerca de las ampollas.

El niño empezará a sentirse mejor en cuanto las ampollas empiecen a formar costra, pero a fin de reducir el contagio de la enfermedad al mínimo, el niño no deberá tener contacto con personas que no hayan padecido varicela hasta que todas las ampollas hayan formado costra, lo que puede tardar de 5 a 10 días.

Cualquier persona que haya tenido varicela (o recibido la vacuna contra la varicela) en la niñez corre el riesgo de contraer culebrilla más adelante en su vida. De hecho, hasta el 20% la contrae. Después de una infección, el VVZ puede permanecer inactivo en las células nerviosas de la médula espinal y, luego, reactivarse en forma de culebrilla, que puede provocar una sensación de hormigueo, comezón o dolor seguidos de una erupción con bultos rojos y ampollas. A veces, la culebrilla se trata con medicinas antivirales, esteroides y medicamentos para el dolor. En la actualidad, hay una vacuna contra la culebrilla disponible para personas mayores de 60 años o más.

La varicela y el embarazo:

Las embarazadas y las personas con problemas en el sistema inmunitario no deben estar cerca de una persona con varicela. Si una embarazada que no ha padecido varicela previamente contrae la enfermedad (especialmente durante las primeras 20 semanas del embarazo), el feto corre riesgo de tener defectos de nacimiento y la mujer tiene el riesgo de padecer más complicaciones que si hubiera contraído la enfermedad antes de quedar embarazada. Si la mujer presenta varicela justo antes o después de que nazca el bebé, el recién nacido corre el riesgo de tener complicaciones graves de salud. No existe ningún riesgo para el bebé si la mujer contrae culebrilla durante el embarazo.

Si una embarazada ha tenido varicela antes del embarazo, el bebé está protegido contra la infección durante los primeros meses de vida, debido a que la inmunidad de la madre es transmitida al bebé a través de la placenta y la leche materna.

Es posible que las personas que corren el riesgo de tener enfermedades o complicaciones graves, como recién nacidos cuyas madres han tenido varicela en el momento del parto, pacientes con leucemia o deficiencias inmunológicas y niños que reciben drogas inmunosupresoras, reciban inmunoglobulina de varicela zóster después de la exposición a la varicela a fin de disminuir su gravedad.

Riesgo en los adultos:
Aunque la enfermedad ocurre más frecuentemente en niños de entre 5 y 9 años de edad, los adolescentes (de 15 años de edad y mayores) y adultos que no han tenido varicela se consideran “susceptibles” a la enfermedad. Cuando en esta población de mayor edad se presenta varicela, los resultados pueden ser más graves que en los niños.

Evolución:

La evolución de la varicela variará en cada niño; sin embargo, la fase más grave de la enfermedad dura habitualmente de 4 a 7 días. Las ampollas nuevas generalmente dejan de aparecer por el quinto día, una gran parte forma costra alrededor del sexto día y la mayoría de ellas desaparecen dentro de los 20 días posteriores al comienzo de la erupción cutánea. Sin embargo, si existen complicaciones, el periodo de recuperación puede ser aún más largo.

El Virus de la Varicela Zóster (VVZ) se acantona en los ganglios de las raíces dorsales y, en ocasiones, puede reactivarse una infección latente apareciendo una lesión local denominada Herpes Zóster. Las vesículas, de base eritematosa se limitan a las zonas de la piel inervadas por los nervios sensitivos de uno o varis grupos contiguos de ganglios de las raíces dorsales. Las lesiones, que son idénticas a las de la varicela salvo que son unilaterales, pueden surgir en brotes irregulares siguiendo el trayecto de los nervios (dermatoma). Es frecuente que sean dolorosas y se acompañen de parestesias

Tratamiento:

La varicela es causada por un virus, por lo que el médico no recetará antibióticos. Sin embargo, es posible que se requieran antibióticos si las heridas se infectan con bacterias. Esto ocurre con bastante frecuencia entre los niños, ya que generalmente se rascan o tocan la zona de las ampollas.

El médico puede recetar Aciclovir, un medicamento antiviral, a las personas con varicela que corren el riesgo de tener complicaciones. El fármaco, cuya función es disminuir la gravedad de la infección, debe administrarse durante las primeras 24 horas a partir de la aparición de la erupción. El Aciclovir puede tener ciertos efectos secundarios, por ello, sólo se recomienda su administración cuando sea necesaria. Su médico puede indicarle si el medicamento es adecuado para su hijo.

Manejo de las molestias de la varicela:

• Para la comezón use compresas húmedas frías o prepare baños en agua fría o templada cada tres o cuatro horas durante los primeros días. Los baños de avena, disponibles en supermercados y farmacias, pueden ayudar a aliviar la comezón. (Los baños no hacen que la erupción se propague).
• Seque el cuerpo suavemente sin frotar.
• Aplique loción de calamina en las áreas con comezón (pero no la aplique en el rostro, especialmente cerca de los ojos).
• Prepare comidas frías, blandas y fáciles de digerir, ya que la varicela en la zona de la boca puede dificultar comer y beber. Evite ofrecer a su hijo alimentos que sean muy ácido o salado, como el jugo de naranja las papitas o los tostones.
• Pregunte a su médico o al farmacéutico acerca de las cremas para aliviar el dolor que se pueden aplicar en las heridas del área genital.
• Dele a su hijo acetaminofén regularmente para aliviar el dolor si tiene ampollas en la boca.
• Pregúntele al médico sobre otros medicamentos de venta libre que alivien la comezón.
• Nunca use aspirina para bajar la fiebre o disminuir el dolor en niños con varicela, ya que la aspirina ha estado asociada con una enfermedad grave conocida como el síndrome de Reye, la cual puede producir insuficiencia hepática e incluso la muerte.

En la mayor medida posible, evite que su hijo se rasque. Quizás, esto sea difícil para su hijo; por eso, usted puede cubrir las manos de su hijo con guantes o medias para evitar que se rasque mientras duerme. Además, puede cortarle las uñas y mantenerlas limpias para disminuir los efectos por haberse rascado, incluidas las ampollas abiertas y la infección.

La mayoría de las infecciones de varicela no requieren tratamiento médico especial. Pero algunas veces, surgen problemas. Llame al médico en caso de que su hijo tenga lo siguiente:

• Fiebre que dure más de cuatro días o ascienda a más de 38.8° C
• Tos severa o dificultad para respirar
• Áreas de erupción que supuren pus (un líquido espeso e incoloro) o que se tornen rojas, doloridas, hinchadas y calientes
• Dolor de cabeza intenso
• Mareos inusuales o dificultad para despertarse
• Dificultad para poder ver luces brillantes
• Dificultad para caminar
• Confusión
• Aspecto de enfermo o vómitos
• Cuello rígido

Cuando lleve a su hijo al médico, avise con anterioridad que es posible que su hijo tenga varicela. Esto es importante para evitar que otros niños en el consultorio estén expuestos al virus; para algunos de ellos, estar expuestos a la varicela puede causar graves complicaciones.

Complicaciones:

No es raro que un niño llegue a presentar de 250 a 500 ronchas, cualquiera de las cuales puede infectarse y dejar cicatrices permanentes. Algunas de estas infecciones pueden tener consecuencias graves. Dentro de las complicaciones menos comunes en los niños se encuentran la inflamación del cerebro, la pérdida del equilibrio y neumonía. En los adultos, la neumonía es la complicación más común de la varicela y se presenta en casi 20% de los adultos infectados.

La varicela también puede causar la pérdida de días de trabajo debido a que las familias deben pasar más tiempo con los niños y darles la atención necesaria cuando contraen la varicela. Los adultos susceptibles que se enferman también pierden días laborales. Los costos de las consultas médicas y las medicinas pueden ser una carga extra inesperada para las familias.

Las sobre infecciones bacterianas de las vesículas pueden dejar cicatrices u ocasionar fascitis necrosante o septicemia.

Si la infección ocurre durante las 20 primeras semanas de embarazo, podría dar lugar un Síndrome de varicela congénita, aproximadamente en un 0,7% de los casos.

Prevención:

Para evitar que los niños contraigan dicho virus, deben recibir la vacuna contra la varicela, que suele administrarse cuando los niños tienen entre 12 y 15 meses. Se recomienda la administración de una vacuna de refuerzo a niños de entre 4 y 6 años para una mayor protección. Asimismo, la administración de dos dosis de la vacuna con un intervalo de 28 días como mínimo a las personas de 13 años o más que nunca hayan tenido varicela o recibido la vacuna contra esta enfermedad.

La vacuna tiene alrededor de un 70% a 85% de efectividad en la prevención de una infección leve y, más de un 95% de efectividad en la prevención de formas moderadas o graves de la infección. Por lo tanto, aunque algunos niños que recibieron la vacuna contraerán varicela de todas maneras, los síntomas suelen ser mucho más leves que los de los niños que no han sido vacunados y contraen la enfermedad.

Los niños sanos que han padecido varicela no necesitan la vacuna, generalmente cuentan con protección de por vida contra la enfermedad.
La vacuna contra la varicela es de virus vivos atenuados: 1 dosis de 0,5ml por vía subcutánea a los a los 15 meses y un refuerzo a los 11 años de edad.
La vacuna está contraindicada en personas inmunodeprimidas, embarazadas, enfermedad grave y trastornos inmunitarios graves.

La transmisión de la infección puede prevenirse aislando al paciente infectado:
Exclusión de los niños de la escuela, consultorios médicos, salas de urgencias y sitios públicos durante cinco días como mínimo después de que aparece la erupción o hasta que se secan las vesículas.
El aislamiento estricto en los hospitales es indispensable para evitar la infección grave de los pacientes inmunodeficientes.
Desinfección de los objetos contaminados con secreciones nasofaríngeas y de las lesiones.

La inmunoglobulina varicela-zoster (IGVZ), preparada a partir del plasma de donantes de sangre normal con altos títulos de los correspondientes anticuerpos específicos es eficaz para modificar o prevenir la enfermedad siempre y cuando se administre dentro de las 96 horas siguientes a la exposición.

Generalmente, una persona tiene un episodio de varicela en su vida, pero el virus que causa la varicela puede permanecer en el cuerpo en estado latente y manifestarse en un tipo de erupción cutánea diferente conocido como culebrilla o herpes zóster. La vacuna contra la varicela reduce considerablemente las posibilidades de que un niño contraiga esta enfermedad, pero, de todas maneras, puede tener culebrilla más adelante.

El haber estado previamente expuesto a personas con varicela no asegura que usted esté protegido y, por lo tanto, aún puede contraer la enfermedad.

En el huésped normal la profilaxis de varicela tiene poca importancia ya que la enfermedad es benigna, pero se debe proteger de exposiciones al virus a las personas de alto riesgo:

Recién nacidos no inmunes
Inmunodeficientes.

Actualmente se dispone de una vacuna que protege contra el virus de la varicela, que puede utilizarse en personas de 12 meses de edad y mayores antes de ser contagiados. La protección que brinda la vacuna es duradera y provoca que nuestro cuerpo forme defensas específicas contra el virus de la varicela. Esta vacuna generalmente es bien tolerada.

Si tiene alguna pregunta sobre la vacuna contra la varicela, pregúntele a su médico. Las visitas al médico programadas con regularidad son el momento oportuno para comentar sobre la salud de sus hijos. Él es la mejor fuente de información sobre el cuidado de la salud.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Convulsiones inducidas por fiebre

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Frecuencia:

Aproximadamente uno de cada 25 niños tendrá por lo menos un episodio de convulsiones febriles, y más de una tercera parte de estos niños tendrán episodios adicionales antes de que superen la edad en la cual existe la tendencia a tenerlos.
Las convulsiones febriles usualmente ocurren en niños entre las edades de 6 meses 5 años, y son particularmente comunes en niños que están en la edad de aprender a caminar. Los niños rara vez desarrollan su primera convulsión febril antes de los 6 meses o después de los 3 años de edad. Entre más avanzada es la edad del niño cuando tiene su primera convulsión febril, menor es la probabilidad de que el niño sufra otras.

Causas:

Algunos factores que parecen aumentar el riesgo de los niños a padecer de convulsiones febriles recurrentes, incluyen: una primera convulsión febril a edad temprana (menos de 15 meses), fiebres recurrentes y el tener familiares cercanos con historia de convulsiones febriles. Si la convulsión ocurre inmediatamente al comienzo de la fiebre o cuando la temperatura es relativamente baja, el riesgo de que se repita es más alto. Un primer episodio de convulsiones febriles largo no aumenta sustancialmente el riesgo de convulsiones febriles recurrentes largas o cortas.

Manifestaciones:

Durante una convulsión producida por fiebre, los niños a menudo pierden la conciencia y se estremecen, moviendo las extremidades en ambos lados del cuerpo.
Menos comúnmente, el niño se vuelve rígido o tiene contracciones en una sola parte del cuerpo, tal como en un brazo o en una pierna, o en el lado derecho o izquierdo solamente. La mayoría de las convulsiones febriles duran un minuto o dos, aunque algunas pueden ser tan breves como algunos segundos y otras pueden durar por más de 15 minutos.
La mayoría de los niños con convulsiones febriles tienen temperatura axilar mayor de 39ºc. la mayoría de ellas ocurren durante el primer día de la fiebre en el niño. No se considera que los niños propensos a convulsiones febriles tengan epilepsia, ya que éstas se caracterizan por ser convulsiones recurrentes que no son precipitadas por fiebre.

No son dañinas:

A pesar de que pueden producir mucho susto o temor en los padres, la gran mayoría de las convulsiones febriles son inofensivas. Durante una convulsión existe una pequeña posibilidad de que el niño sufra daño si se cae o se ahoga por alimento o saliva en la boca. El dar los primeros auxilios apropiados para convulsiones, puede ayudar a evitar estos peligros.
No hay evidencia de que las convulsiones febriles causen daño cerebral. Estudios extensos han encontrado que los niños con convulsiones febriles tienen logros escolares normales y se desempeñan en exámenes del intelecto igual de bien que los hermanos que no padecen de este mal. Ante los casos raros de convulsiones muy prolongadas (más de una hora), la mayoría de los niños se reponen completamente.

Manejo de la convulsión:

Los padres deben permanecer calmados y observar cuidadosamente al niño mientras le humedecen la piel para bajarle la temperatura. Para prevenir heridas accidentales, se debe colocar al niño en una superficie protegida, tal como el suelo. El niño no debe ser aguantado o restringido durante la convulsión. Para prevenir ahogos, el niño se debe poner de lado o sobre su abdomen. Si es posible, uno de los padres debe sacar cuidadosamente cualquier objeto de la boca del niño durante una convulsión. Objetos colocados en la boca puede atragantarse y ahogar al niño. Si la convulsión dura más de 10 minutos, el niño debe ser llevado inmediatamente al consultorio médico más cercano, para tratamiento.
Una vez finalizada la convulsión, el niño debe ser llevado a su médico para determinar el origen de la fiebre. Esto es especialmente urgente si el niño muestra los síntomas de cuello rígido, letargo extremo o vómitos abundantes.

Diagnóstico:

Antes de diagnosticar las convulsiones febriles en lactantes y niños, los médicos algunas veces llevan a cabo pruebas para asegurarse que las convulsiones no son causadas por algo más que la fiebre misma. Por ejemplo, si un médico sospecha que un niño tiene meningitis (una infección de las membranas que recubren el cerebro), es necesario sacar líquido de la espina lumbar para detectar indicios de infección en el líquido cefalorraquídeo. Si ha habido diarreas severas o vómitos, la deshidratación puede ser responsable de las convulsiones. Además, los médicos llevan a cabo otras pruebas para determinar la causa de la fiebre del niño, tales como examinar la sangre y la orina. Usualmente, un niño con convulsiones febriles no necesita ser hospitalizado. Si la convulsión es prolongada o se acompaña de una infección seria, o si el origen de la infección no puede ser determinado, el médico puede recomendar que el niño sea hospitalizado para ser observado.

Tratamiento:

Los niños especialmente propensos a convulsiones febriles pueden ser tratados tantas veces como tengan fiebre con el medicamento diazepan por vía oral o rectal. La mayoría de los niños con convulsiones por fiebre no necesitan ser tratados con medicamentos, pero en algunos casos el médico puede decidir que esta medicina, administrada solamente cuando el niño tiene fiebre, es la mejor alternativa. Este medicamento puede reducir el riesgo de tener otra convulsión febril. Usualmente éste es bien tolerado, aunque en ocasiones causa adormecimiento, falta de coordinación o hiperactividad. Los niños varían mucho en la susceptibilidad a estos efectos secundarios.

Prevención:

Cuando un niño tiene fiebre, muchos padres usan medicamentos tales como acetaminofén o ibuprofeno para bajar la fiebre y para que el niño esté más cómodo, aunque no existen estudios que prueben que esto reduce el riesgo de una convulsión. Una medida preventiva sería el tratar de reducir el número de enfermedades con fiebre, aunque esto no es una posibilidad práctica. El uso diario y prolongado de anticonvulsivantes orales, tales como fenobarbital o valproato, para prevenir las convulsiones por fiebre, no es recomendado debido a los efectos secundarios potenciales y porque su efectividad en prevenir tales convulsiones es discutible.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Enfermedades metabólicas congénitas

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Hipotiroidismo congénito:

Descripción: Consiste en la baja actividad de la glándula tiroides y por ende de hormona tiroidea vital para el desarrollo del sistema nervioso.

Consecuencias: Retardo mental irreversible.

Fenilcetonuria:

Descripción: Carencia de enzima llamada fenilalanina hidroxilasa necesaria para descomponer uno de los ocho aminoácidos esenciales presente en los alimentos que contienen proteínas. El niño nace aparentemente bien pero al comenzar a alimentarse su metabolismo no puede procesar la fenilalanina y esta se acumula hasta intoxicar el organismo.

Consecuencias: Daño cerebral y retardo mental severo.

Galactosemia:

Descripción: Aparece por el exceso de galactosa, uno de los dos azúcares que contiene la leche y sus derivados y que el organismo no puede procesar.

Consecuencias: Daño al hígado, sistema nervioso central (retardo mental severo) y ojos.

Hemoglobinopatías:

Descripción: Grupo de trastornos hereditarios que alteran el transporte de oxígeno- Se dividen en dos categorías:

1-Drepanocitosis: Alteración morfológica de los glóbulos rojos.

Consecuencias: Crisis dolorosa, infecciones bacterianas y necrosis

2-Talasemia: Poca producción de hemoglobina encargada de transportar el oxígeno a todo el organismo.

Consecuencias: Órganos no reciben el aporte necesario de oxígeno y dejan de funcionar adecuadamente.

Prevención:

Pueden ser diagnosticadas al nacimiento con una muestra de orina y en caso positivo iniciar tratamiento, con lo que disminuyen notablemente la posibilidad de los daños descritos.

Dr. Avilio Méndez Flores

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El niño hospitalizado

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Los niños entienden el ingreso al hospital de maneras muy distintas. Todo depende de la edad que tenga, del carácter y de su desarrollo psicomotor, de cuántos días tendrá que permanecer en el hospital, de la enfermedad que padezca, si siente dolores y molestias, si su físico ha cambiado, y qué tipo de compañía le hacen.

Si un niño tiene que estar bastante tiempo ingresado en un hospital, necesitará de más cuidados y cariño. Estar en un hospital no es lo mismo que estar en casa, en el colegio, o en un parque infantil. Tanto las enfermeras como todo el personal médico buscan hacer lo posible para que los niños se sientan a gusto. Intentan hacer que esa estancia sea lo menos aburrida y que se acerque en lo posible a su vida cotidiana. Pero no deja de ser una tarea muy complicada.

Una de las formas que les ofrece más seguridad es la compañía de los padres. Si no puede estar con su mamá o su papá todo el tiempo, es conveniente que se quede algún familiar de apego. Al igual que los adultos, hay niños que se ponen nostálgicos o se desesperan porque quieren irse rápido para su casa. Si la hospitalización es larga, los papás pueden tomar fotos de la casa, de su cuarto o de su mascota y mostrárselas, para que el niño sepa que todo está como lo dejó. Eso puede ayudarlo a sentirse motivado.

Es ideal que el niño pueda tener consigo sus juguetes favoritos, hojas blancas y creyones. Ellos no suelen manifestar mucho sus preocupaciones, pero drenan mucho a través de los dibujos y los juegos y eso hay que aprovecharlo.
La función de los padres es ofrecerles confianza y contención. No hay que descalificar o minimizar las emociones que el niño exprese, sino reconocérselas y darle ánimo.

Considerando la personalidad y el grado de madurez de ese hijo, también es recomendable que los papás puedan prepararlo psicológicamente si le van hacer cirugías o exploraciones. Hay cosas que pueden plantearse como un juego, y se pueden usar dibujos y un lenguaje que se adapte a su edad para explicarles cómo eso les va a ayudar a sentirse mejor. Así es más probable que el niño colabore.

Si las condiciones médicas lo permiten, el niño no tiene por qué atrasarse demasiado en el colegio. Es conveniente hablar con la maestra para que le indique cuáles son los objetivos que se están trabajando en clase, y tratar de cumplirlos con él; eso además lo ayuda a distraerse. Tampoco está demás que sus amiguitos puedan llamarlo o visitarlo. De lo que se trata es de hacerle la estadía lo más grata y relajada posible.

Es importante que los padres se turnen, porque si la mamá no ha descansado lo suficiente y está muy cargada emocionalmente, tiende a descargar su irritabilidad con el personal de salud delante del niño, y eso luego puede predisponerlo contra los médicos o las enfermeras. El niño debe ser capaz de confiar en todos los que están allí para ayudarlo.

Es importante que, mientras el niño esté hospitalizado, reciba todo el apoyo necesario para que se recupere lo antes posible, y que vuelva a su vida habitual.

Estos son algunos consejos:

• Hablar con el niño sobre su enfermedad, aclarando sus dudas y miedos. Eso le quitará cualquier preocupación con lo que puede ocurrirle en el hospital, y le dejará más tranquilo. Si el niño se siente seguro, se adaptará mejor a cualquier situación.
• Aunque esté en un hospital, permitiéndole distracción a través del juego los niños pueden expresar sus miedos y temores. Proponerle hacer dibujos, a conocer el material médico (jeringas, estetoscopio, etc.), y a la vez charlar con él acerca de su recuperación.
• Ayudar al niño a curarse, participando siempre en los cuidados médicos. Se le puede cambiar algún vendaje, caminar un rato con él por el pasillo del hospital, ayudarle a hacer ejercicios de rehabilitación, y lo que necesite.
• Llevarle algunos libros o revistas. Leer cuentos para él, y luego ejercite la interpretación del texto para que él se distraiga. Los juegos de mesa también son muy buenos para olvidarse de la rutina.
• Si el personal médico lo permite, invita a que algunos amigos del niño vengan a visitarlo al hospital. El niño vivirá momentos entrañables con sus amigos.
• Si la estancia en el hospital es larga, animarlo con un regalo sorpresa, principalmente en los días en que notes que él se encuentra más desanimado.
• Es importante que el niño no se sienta sólo o aislado. La familia es un factor importante en su recuperación. Es conveniente potenciar la comunicación del niño con los demás miembros de la familia, a través de visitas, de cartas, del teléfono, etc.
• Crea una agenda diaria de todas las actividades que tendrá que desarrollar el niño en el hospital. Así seguirá las normas con más facilidad y seguridad. Ejemplo: hora del desayuno, de analíticas, del almuerzo, de juego, de lectura, de dormir, etc.
• Tener mucha paciencia y tolerancia con el niño. No olvidar que él está viviendo una situación diferente, y seguramente eso repercutirá en su carácter, en su forma de comportar. apoyarle y demostrar todo el amor que se siente por él, en los buenos y en los malos momentos.

Evolución histórica de la hospitalización infantil:

Los niños han carecido prácticamente de derechos hasta la Revolución Francesa. En la antigüedad el niño era una simple posesión de alguien o un ser abandonado. Fue a finales siglo XVIII, cuando la Revolución Francesa, en su ímpetu liberador, alcanzó también a los niños, y se promulgaron decretos a favor de los pequeños abandonados, estipulando que su educación tendría que correr a cargo del estado de la nación. Con fin de abaratar los costes, algunos de estos se encerraron en hospicios, donde la mortalidad era superior al noventa por ciento.

Con la Revolución Industrial Inglesa, en la época de máxima explotación laboral de la infancia, con jornadas de dieciséis horas diarias en las minas o telares, se dieron medidas legislativas a favor de la regulación del trabajo de los niños.

Entre tanto, los hospitales pediátricos, eran simples hospicios hasta primeros de siglo, que experimentaron un gran desarrollo. De la mano del progreso científico y la eclosión tecnológica, la medicina parecía haber alcanzado el rango de ciencia dura.

El conocimiento avanzó enormemente, pero al precio de fragmentarse la atención en los órganos y sistemas de la visión global del hombre enfermo. El médico estaba más atento a las causas que a las consecuencias de la enfermedad. Las condiciones de bienestar del paciente eran totalmente secundarias en la hospitalización; consideradas de pérdida de tiempo a la hora de diagnosticar y llevar a cabo la cura pertinente.

El niño carecía, aun así, de auténticos derechos. En aquel momento histórico no es de extrañar que la presencia de los padres en el hospital fuese considerada como un estorbo, y el niño debía de permanecer solo, allí dentro, en tanto que las visitas de los padres eran espaciadas y rechazas, o prohibidas totalmente, como ocurrió en numerosos hospitales y países hasta los años cincuenta.

Sin embargo, se conocían los efectos milagrosos de la compañía de los padres por estudios, en los cuales se demostraba que el 10% de los niños que sobrevivían a los hospicios, habían estado en compañía de sus padres. Se sabía también que el efecto curaba.
Las explicaciones que se daban de la hospitalización con separación forzosa eran:

Los niños que padecían una enfermedad de infección, los padres podían aportar más microbios, o simplemente contagiarse. Manteniéndose así en una especie de cuarentena.

Los padres podían inferir en el tratamiento adecuado de los niños, abalado descaradamente de funcional.

Los padres harían más difícil la adaptación del niño al hospital.

Porque los niños lloran cuando sus padres marchan.

Dando por la consiguiente solución, que el niño no vea sus padres.

Más tarde se le denominaría síndrome de deprivación materna, puesto que era la separación, y no el hospital, la que causaba trastornos secuénciales del comportamiento en los niños, que acaban con marasmo físico y un afectación intelectual que venía a ser irreversible después de un cierto tiempo de separación, aun restituyendo a los padres.

En los años treinta numerosos autores establecieron de forma concluyente que la separación del niño hospitalizado constituía una agresión que producía secuelas de diferente gravedad en función de los casos, sujetos y duración. Tales problemas serían especialmente importantes y objetivables en niños de edades comprendidas entre los 7 meses y los 5 años.

En relación con la hospitalización de los recién nacidos y bebes considerados a grandes rasgos como de menos riesgo porque sus explicaciones son más difíciles de entender, fueron tal vez los primeros en disfrutar de la visita de sus madres o padres, cuando se comprobó hace 25 años en Inglaterra, que las caricias y los arrullos eran lo único que funcionaba en ciertos niños para que aumentaran de peso.

Los bebe sienten un apego intenso y natural hacia la madre, sea o no biológica y, al igual que el niño, la separación de la madre constituye una amputación ecológica.

En el hospital de Calabozo, estado Guárico, Venezuela se comenzó a permitir la presencia permanente de la madre con el niño hospitalizado en el servicio de pediatría el 1º de julio de 1965, y así se ha mantenido con resultados positivos en la evolución del pequeño paciente.

Sin embargo, existen una serie de variables que intervienen en una experiencia de hospitalización y que pueden influir en las reacciones del niño enfermo hospitalizado, la naturaleza de la enfermedad, la duración de la hospitalización, experiencias previas en hospitales y con médicos, la ubicación de la curación, comprensión de lo que les ocurre, el lenguaje que con él se utilice, la edad, sexo y desarrollo cognitivo.

El enfermo se encuentra solo en un ambiente extraño; olores extraños y rodeado de gentes vestidas de formas extrañas. Allí no se sabe nunca lo que va a ocurrir. Desayuna casi de noche, cena de día. Por la noche encienden luces y le colocan termómetros o le pinchan. Todo ha cambiado; el sueño, las comidas. El hospital muestra así un paréntesis en su vida.

Existen muchas evidencias que documentan el serio problema e impacto psicológico que la hospitalización puede causar en los niños. Hay una gran variedad de síntomas y problemas de personalidad que se aprecian que pueden aparecer en el niño hospitalizado. Todos ellos a consecuencia del estrés y de la angustia. Hay también niños que muestran reacciones adversas a la experiencia estresante de la hospitalización y cirugía mientras están en el hospital y han vuelto de nuevo a su casa.

Hoy rara vez se da la llamada depresión anaclítica o regresiva, una fase de protesta, de retraimiento y de ausencia del mundo. Pero es probable que se dé con algunas variaciones individuales, como la edad, advirtiendo los siguientes estadios;

• Al principio el niño llora, sacude la cuna, mira continuamente hacía el lugar por donde puede venir la madre
• Luego se vuelve retraído, triste, inactivo…
• En la última fase muestra indiferencia, un estado vegetativo.

Apenas es observable en las hospitalizaciones actuales, porque la madre se ve sustituida por las enfermeras, así, cuando ve a la madre, el niño la rechaza. Estableciendo una relación más estrecha con alguna enfermera en concreto. No es que este adaptado, lo que tiene es una gran dificultad para adaptarse a la enfermedad, se podría decir, que se le añade más enfermedad.

Hay una amplia variedad de problemas que acechan al niño y son bien conocidos por los pediatras y educadores, trastornos que suceden incluso en casos de corta hospitalización, como se ha demostrado en estudios, por ejemplo, depresión, ansiedad, temor a los médicos y a los hospitales.

Las reacciones más comunes en las experiencias de hospitalización son;

• Obsesión hipocondríaca o verdaderas alucinaciones sobre funciones corporales.
• Depresión, inquietud y ansiedad.
• Terror a los hospitales, personal médico, agujas, procedimientos de diagnostico como los rayos X y la ingestión de fármacos.
• Enuresis o encopresis diurna o nocturna.
• Síntomas histéricos, como pérdida de la voz después de una amigdalectomía.
• Miedo a la muerte.
• Mutismo, regresión autista a grados de incomunicación o retraimiento en el contacto con la gente.
• Problemas de alimentación como rechazo o hiperfagia.
• Movimientos espasmódicos involuntarios de la cara o los parpados, es decir, tics.
• Alteraciones del sueño, como insomnio, pesadillas o fobias a la oscuridad.
• Regresión a niveles de comportamiento más primitivos y pérdida de los niveles adquiridos previamente o del aprendizaje o conducta social.

Algunas de las conductas posibles que el niño puede manifestar tras la hospitalización puede ser el ir siempre detrás de su madre a cualquier lugar de la casa, ponerse nervioso al oír mencionar a los médicos o el hospital, tener pesadillas, etc. En la medida en que estas reacciones se manifiesten o aparecen conjuntamente con otras, indican el grado de impacto adverso que ha tenido la experiencia.

La hospitalización contiene la posibilidad de efectos emocionales beneficiosos en algunos pacientes infantiles, aunque la posibilidad de que la experiencia sea traumática es grave. No todas las hospitalizaciones y enfermedades son necesariamente un trauma.

La hospitalización se pude constituir como una experiencia que permita favorecer de alguna manera el desarrollo infantil, así como enfocarla hacia la posibilidad de intervenir para prevenir, disminuir o eliminar los efectos perjudiciales.

Cuando un niño va a tener la experiencia de una enfermedad o de estar hospitalizado es muy importante la preparación y participación de madre/padre, o en su defecto, otro familiar por las siguientes razones:

El cuidado de un hijo es una experiencia amenazante por lo que no debe estar solo en manos de los profesionales

Cuando el niño es muy pequeño su madre/padre es su principal fuente de confianza y seguridad y más en los momentos de gran vulnerabilidad como se producen en la hospitalización

Se ha comprobado que si la madre/padre tiene influencias positivas en las reacciones de su hijo, puede resultar beneficioso que forme parte del equipo que cuida al niño.

Se trata de que la madre/padre o familiar en colaboración con los profesionales consigan minimizar los efectos perjudiciales y potenciar los efectos beneficiosos de la experiencia de hospitalización.

Consejería para los padres:

No se debe mentir ni engañar al niño sobre los motivos por los que va a ser hospitalizado ya que solo se conseguirá aumentar su temor al ver que no ocurre lo que se le había dicho y disminuirá su confianza en el adulto. Los padres tienen que afrontar y aceptar la enfermedad para lo cual tienen que estar informados sobre la enfermedad y es bueno relacionarse con otros padres en casos similares.

Hay que asegurarse de que el niño, sobre todo si es pequeño, no piense que se le va a abandonar o que está en el hospital por algún castigo. Hay que evitar amenazar al niño cuando tenga un comportamiento inadecuado con frases como “si te portas mal te llevo al médico”. Respecto a la angustia de separación los padres deben estar en todas las experiencias estresantes para el niño como curas y estar el máximo tiempo posible para lo que ahora existe la liberación de horarios de visita (24 horas).

Es bueno comentarle al niño que las actividades cotidianas van a cambiar para lo que los padres han de informarse. Por ejemplo; que va a encontrarse en una habitación diferente y que probablemente compartirá con otros niños, que posiblemente tendrá que estar en la cama, comer alimentos en su propia bandeja o a diferentes horas de las que estaba acostumbrado, etc.

También hay que explicarle que se encontrara con diferentes personas (médicos, enfermeras, educadores, otros profesionales) cuya intención será ayudarle a que pueda volver a realizar sus actividades habituales. También que encontrara a otros niños a los que les ocurrirá algo parecido o diferente pero que también necesitaran ayuda y que seguramente hará amigos.

Al hacer la maleta del niño es importante que incluya su juguete o libro preferido para mantener una continuidad entre el ambiente familiar y el hogar con el nuevo y extraño del hospital.

Por lo general hay una sala para jugar y realizar actividades con otros niños, si el niño va a estar más de una semana se puede traer alguna tarea escolar.

Los hospitales donde los niños deben permanecer periodos prolongados de tiempo suelen tener una escuela o servicio escolar, de tal modo que la maestra se encargara de que avance, dentro de lo posible con adaptaciones curriculares. La comunicación de los padres con el educador permitirá conocer los progresos o dificultades de su hijo en relación con los aprendizajes escolares.

El personal médico informara a los padres sobre el diagnostico, plan de tratamiento y progresos médicos de su hijo. Las enfermeras y otros profesionales informaran sobre los cuidados del niño. Los padres deben comprender que los profesionales se preocupan por el bienestar de su hijo por lo que deben colaborar con ellos, especialmente con el personal de enfermería. La comunicación satisfactoria con ellos ayudara a los padres a adquirir control sobre la situación y a aliviar sus preocupaciones y expresar sus sentimientos.

Se puede estimular al niño estableciéndole comunicaciones con el mundo exterior mediante llamadas telefónicas, cartas de amigos, etc.

Elementos a trabajar con los padres:

En el afrontamiento y aceptación de la enfermedad del niño los padres han de estar muy informados y asea por el personal sanitario o por otras fuentes y es bueno que se relacionen con otros padres en situaciones similares, que visionen videos relacionados con el tema, etc.

Para trabajar la actitud de los padres hacia el niño hay que orientar a los padres para evitar las actitudes negativas delante de los niños para que dejen al niño sólo ante actividades lúdicas.

Los padres han de familiarizarse con el entorno hospitalario y han de familiarizar al niño también.

A la hora de tratar el concepto de muerte los padres han de opinar sobre que ideas creen que tienen sus hijos sobre la muerte, no han de evitar este tema, también es bueno integrarse en programas de apoyo para familiares.

Para tratar el estrés es fundamental la comunicación entre medico-padres, es muy importante recibir un apoyo emocional y fomentar la confianza de los padres en el hospital (en el personal sanitario, enfermeras, etc.)

Intervención con niños:

Todos los programas de preparación psicológica para la hospitalización infantil conllevan los siguientes objetivos:

• Reducir la vulnerabilidad del niño y los padres al estrés y hospitalización.
• Potenciar l habilidad del niño y los padres para afrontar la ansiedad.
• Desarrollar o mantener el sentimiento de competencia que facilita el afrontamiento eficaz en padres e hijos.
• Promover la participación de los padres como apoyo del niño.
• Tener en cuenta la individualidad del niño en relación al nivel de funcionamiento cognitivo.

Elementos a trabajar en la primera infancia (hasta los 2 años):

Angustia de separación:
Es importante que el niño disponga de varias figuras de apego para poder compensar ausencias temporales de algunas de ellas. También puede ayudar a calmarle y a sentirse seguro disponer de objetos con los que esté familiarizado (su juguete o libro preferido).

Sentimiento de autonomía y dependencia:
Facilitar que el niño realice algunas actividades cotidianas por sí mismo. Por ejemplo comer, caminar, manipular objetos, etc.

Sentimiento de confianza básica hacia las personas:
Los cuidadores han de ser siempre los mismos. El niño debe de estar acompañado de figuras de apego. Informarle del tratamiento con un lenguaje adecuado a su edad.

Estimulación psicomotora y sensorial:
Es bueno que manipule objetos, proporcionarle estímulos sensoriales, dejar que el niño exprese sentimientos a través de su cuerpo.

Habilidades sociales y cognitivas:
Intentar que establezca relaciones con los demás niños y cuidadores, realizar juegos relacionados con los conceptos básicos.

Elementos a trabajar en la infancia preescolar (2 a 6 años):

Fomentar la iniciativa del niño sin que perjudique a otros:
Que el niño haga elecciones y tome decisiones, sin que estas afecten a los objetivos de otras personas.

Angustia de separación y conductas regresivas:
Debe disponer de figuras de apego y evitar la sobreprotección de los padres.

Concepto de muerte:
Verbalizar temores, necesidad de contacto y estar acompañado, evitar el sentimiento de culpabilidad en relación a su familia, programas de apoyo.

Técnicas:

Numerosos expertos manifiestan los efectos beneficiosos que se derivan de la utilización de técnicas para favorecer la adquisición de habilidades de afrontamiento, tanto en el paciente pediátrico como en sus familiares. Por ejemplo, previenen las consecuencias negativas procedentes de test y procedimientos médicos, quirúrgicos, farmacológicos y radiológicos, así como del proceso de hospitalización en sí mismo o de tratamientos médicos prolongados. También ayudan a afrontar la inclusión en lugares especialmente amenazantes dentro del entorno hospitalario (procedimientos en salas de urgencia, unidades de cuidados intensivos) y las experiencias dolorosas procedentes de la propia enfermedad, heridas, procedimientos médicos, etc.

Se trata de identificar procesos de pensamiento, que no son los más adecuados para que el paciente pediátrico hospitalizado se adapte de forma satisfactoria ante u n determinado suceso, y planificar experiencias de aprendizaje con el objeto de cambiar los pensamientos, así como los patrones de conducta y emociones que correlacionan con dichos pensamientos.

Intervención en el entorno:

Los espacios deben ser ricos y variados a nivel sensorial con elementos que estimulen el interés visual, auditivo, olfativo, táctil y kinestetico.

Deben incluir letreros y rótulos con normas e indicaciones que permitan a los sujetos orientarse lo que deben de hacer o sobre el camino que deben seguir para llegar a determinados lugares del hospital

Promover interacciones sociales positivas entre los miembros de una familia, así como entre padres y pacientes que no pertenecen a la misma familia.

El entorno físico del centro debe ser lo más semejante posible a otros contextos infantiles.

Dr. Avilio Méndez Flores

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La niñez

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Definición:

Es el período de vida que va desde el nacimiento hasta los 12 años de edad.

Clasificación:

1- Recién nacido: hasta el primer mes.
2- Lactante: hasta los 2 años.
3- Preescolar: hasta los 6 años.
4- Escolar: hasta los 12 años.

Promedio de aumento del peso y la talla:

1- Nace con un peso promedio de 3 kilogramos, y una talla promedio de 50 centímetros.
2- a los 3 meses habrá duplicado ese peso (6 kgrs.)
3- A los 8 meses tendrá 8 kgrs.
4- Al año de edad tiene 10 kgrs. de peso y 75 cms. de talla.
5- A los 2 años 12 kgrs. 82 cms.
6- A los 4 años 16 kgrs. y 100 cms.
7- A los 7 años 22 kgrs. y 122 cms.
8– En adelante el aumento será de 2 kgrs y 2 cms. por año de edad hasta los 12 años aproximadamente.

Otras manifestaciones del desarrollo:

1- Sostiene la cabeza al 1 ½ mes de nacido.
2- Se sienta solo y brota el primer diente a los 6 meses.
3- Dice las primeras palabras a los 8 meses.
4- Gatea a los 9 meses.
5- Controla las evacuaciones y camina al año.
6- Avisa las micciones a los 2 años.
7- A partir de los 2 años se le debe comenzar a enseñar buenos hábitos higiénicos.

Nota: Estos son datos promedio que pueden experimentar algunas variaciones en un niño en particular y que muchas veces responden a una predisposición familiar. Ante la duda consulte a su pediatra.

Recordar que la personalidad del niño comienza a moldearse desde el embarazo, por lo que es importante que éste sea aceptado y controlado y exista armonía en la pareja; por lo que se infiere que múltiples factores están involucrados, principalmente la herencia que le puedan transmitir sus padres. Un embarazo tormentoso puede predisponer en ese niño a trastornos orgánicos, como dermatitis atópica y asma bronquial.
Es importante tener en cuenta que el niño aprende mejor por imitación y no por obligación. Por ejemplo, ver a los padres lavarse las manos rutinariamente.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Escuela para padres VII (desarrollo intelectual)

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-Las etapas del desarrollo mental del niño no deben ser forzadas.

-Los niños no son adultos incompletos sino personas por formar.

-Los aprendizajes prematuros son perjudiciales.

-Uno de los asuntos fundamentales de la pedagogía es que debe adaptarse no solo a la generalidad de los niños, sino también a cada niño en particular.

-Los test o pruebas, con todas sus limitaciones, permiten clasificar a los niños con mucha más exactitud que las notas o calificaciones escolares.

-“Lo mejor” para los niños es siempre aquellos a que sus aptitudes y aficiones los inclinan.

-Algunos contratiempos afectivos, como la llegada de un hermanito, provocan una marcha atrás en el desarrollo psicológico.

-La tartamudez de los primeros años se corrige por sí sola en un 70% de los casos.

-Los tics se adquieren generalmente hacia los cinco o seis años, a veces más tarde.

-En el niño de tres a cuatro años, la mentira tiene una significación muy limitada. La imaginación es más fuerte que la realidad.

-Las mentiras del niño que intenta conseguir más independencia y menos castigos son hechos sin gravedad especial.

-Las mentiras inocentes, que revela un exceso de imaginación, no deben ser objeto de burlas. Sería peligroso.

-El robo infantil rara vez puede considerarse como tal; el niño que roba un objeto solo porque no puede resistir la tentación de poseerlo es un caso poco frecuente que denota ante todo un grave desequilibrio afectivo.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Escuela para padres VI (Educación moral)

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-Los moralistas consideran que “el uso de razón” comienza en el niño hacia los siete años de edad.

-Entre los cuatro y los seis años, los niños imitan a los mayores; hacia los nueve empiezan a conocer las normas o reglas en sí mismas.

-El “hay que hacer” en el niño se ve reemplazado por el “vamos a hacer”.

-Evítense las prohibiciones o imperativos. Es útil presentar al niño modelos que favorezcan su identificación.

-No se debe acusar a los niños de “malos”.

-La flojera no es un vicio; en la mayoría de los casos es una enfermedad.

-La madre no debe acaparar excesivamente a su hijo y mantenerlo así en estado permanente de bebé.

-La inhibición del padre tiene resultados nefastos. El padre es tan importante como la madre para la educación del niño.

-Gran número de síntomas anormales en los niños pueden ser de origen psíquico.

-La primera condición para educar moralmente a los hijos es que éstos encuentren durante los primeros años de su vida un sólido amor familiar.

-La época durante la cual realiza el niño su primera comunión es decisiva para su formación espiritual, moral y religiosa.

-A partir de los diez u once años, se va formando en los muchachos el concepto definitivo de la moral colectiva.

-Los padres deben evitar, a toda costa, las irregularidades, equívocos o situaciones falsas de la vida conyugal ante los hijos.

-Debe absolutamente evitarse el sentimiento de envidia en el seno de la familia.

-Para poder llevar los castigos al mínimo posible, es preciso reducir también los mandatos y prohibiciones al mínimo posible.

-El favoritismo no debe manifestarse jamás y mucho menos la injusticia: los padres observarán una completa y absoluta imparcialidad frente a los problemas y conflictos que surjan entre sus hijos.

-La madre nunca debe usurpar en la familia el lugar del padre.

-Por excelente que sea un maestro, jamás debe sustituir a un padre en la formación integral de un niño.

Dr. Avilio Méndez Flores

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Escuela para padres V (Comportamiento del niño)

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.La vida del niño es, en apariencia, una sucesión de acontecimientos intrascendentes: comer, jugar, explorar el mundo exterior. Su comportamiento no puede considerarse como un simple conjunto de de caprichos y antojos.

-Si el entorno no le es favorable, expresará su descontento y se convertirá en un niño “difícil”: desobediente, revoltoso, agresivo, aficionado a los juegos violentos y a los insultos.

-Las reacciones de oposición se presentan a menudo con motivo de un conflicto familiar que amenaza la seguridad del niño, como, por ejemplo, desavenencias de los padres o divorcio.

-También puede ser el resultado de cambio de profesor o instituto, estudios agobiantes, riñas entre compañeros.

-El nacimiento de un hermano puede ser una causa de inestabilidad que haga surgir su reacción de oposición.

-Cada vez que su hijo se encuentre amenazado por una situación insegura, por algún problema, más o menos real, ante el que íntimamente se declare impotente, se debe acudir en su ayuda.

-El niño retraído es emotivo y se desmoraliza fácilmente.

-La inhibición puede haber sido provocada en el niño por un sentimiento de culpabilidad, por un defecto físico o por una actitud alarmista de los padres que temen se produzca un accidente y le prohíben manifestarse libremente.

-No sirve “empujar” al niño, obligarlo a ser más sociable; es inútil reírse o burlarse de él, ponerle en ridículo o atemorizarle. Debe buscar la causa de su timidez.

-Hay que evitar los temores, castigos, amenazas y promesas de recompensas. Mejor proporcionarle algunos éxitos fáciles que, poco a poco, vayan devolviendo la confianza en sí mismo.

-El miedo y la angustia son dos sentimientos diferentes. El niño tiene miedo al perro, por temor a que le muerda, y al fuego, por temor a quemarse. En cambio, la angustia es la aprensión de algo vago, instintivo e imaginario.

-Los padres son generalmente los responsables de la angustia de sus hijos, al crear en ellos aprensiones y miedos excesivos.

-Si su hijo se orina en la cama, no empeorar se enuresis con amenazas y protestas. Él no tiene la culpa, pero puede delatar casi siempre dificultades afectivas.

-Eliminando las dificultades que originan el conflicto en el niño (riñas familiares, celos, prohibiciones mal comprendidas, etc.), el niño dejará de orinarse en la cama.

-En la etapa lactante es habitual que el niño se lleve todo a la boca. La zona más sensible al tacto son los labios y es la primera forma de reconocer lo que esté a su alcance. La succión de los dedos reaparece de manera transitoria al salir los dientes.

-El morderse las uñas no acarrea ningún peligro para el aparato digestivo, pero es el síntoma de un desequilibrio psíquico o nervioso.

-Los padres pueden ser los responsables del retraso de su hijo para aprender a hablar. Bien porque lo miman demasiado, tratándolo como a un bebé que no puede separase de las faldas de su madre, o bien porque imitan los balbuceos y medias palabras que tanta gracias les hacen, impidiendo que el niño pueda mejorar su vocabulario.

Dr. Avilio Méndez Flores

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